En este camino no se encuentran arrieritos.

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Ando de vacaciones desde hace un par de días, y por eso he podido seguir esta historia. Mis vacaciones no han sido de hotel y playa (ni, mucho menos, tranquilidad), pero sí lo suficientemente ociosas para permitirme llevar las redes al día.

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Escribo hoy “Manuel Bartual” y aparecen 503,000 resultados y diferentes medios haciéndose eco: 20minutos, La Vanguardia, Público…

Hace unos días no sabía quién era. La madrugada del viernes fue la primera vez que supe algo de él: su nombre, y su número de seguidores: unos 80,000. De pronto, alguien era primer Trending Topic y no era ni un político, ni un eslogan, ni un futbolista. Era “Manuel”, así, tal cual. Me metí en su cuenta, estaba pasando algo muy gordo. Antes de saber qué pasaba, refresqué varias veces su perfil y vi cómo en apenas 5 pulsaciones, sus seguidores subían por centenas en sólo unos segundos. Unas 4 horas más tarde, había doblado los primeros 80,000 seguidores y ya eran casi 200,000. Hablaban otros usuarios de que los 80,000 iniciales también los había conseguido en esa misma semana. No sé cuántos tenía la semana anterior, prometo que nunca había oído su nombre (y no estoy orgullosa de ello, pero no puedo abarcarlo todo). De lo que sí me di cuenta era de que reconocía sus trazos.

Me impresionó tanto el tema de los números, que primero me fijé en esa información y luego busqué el motivo: Manuel se había montado un historión y lo estaba compartiendo en Twitter. Todo estaba redactado de forma tan cotidiana que vi gente actuando como el año pasado con aquel escalofriante caso de Marina Joyce. En su relato, lo mismo te decía que había visto algo, que ponía simplemente “joder, joder, joder”, o te contaba que se había olvidado un bollo en la habitación del hotel y que tenía hambre. Todo parecía estar sucediendo y mucha gente creyó que así era. Otros, sin hacer alusión a la veracidad – o la falta de esta – de la historia, se confesaban enganchados a la trama e indicaban el país desde el que la seguían, de tal modo que acabé tarareando “La Gozadera” sin querer (Bolivia viene llegando, Brasil ya está en camino, el mundo se está sumando a la fiesta de los latinooos).

Había quienes, a altas horas de la madrugada, esperaban pacientemente a que Manuel escribiera otro mensaje, había quienes escribían e interactuaban entre ellos y con el autor y luego, claro, también a quienes les molestaba haber llegado con la fiesta ya empezada (pues ponte cómodo, hay sitio para todos). Manuel aportaba material multimedia a la historia, contaba que había visto a un tío mirando fijamente a su ventana y, acto seguido, lo mostraba en un vídeo difuso, dándole a todo un toque muy realista. De pronto, el mirón desaparecía y él subía una foto de la calle vacía. Muchos de los que creyeron que aquello estaba ocurriendo, le decían cómo salir del apuro y qué harían ellos en su lugar. Claro que, después de haber sabido cómo evitar un atentado, solucionar la movida de Manuel en un hotel, estaba chupao. En un momento dado, temí que pasara como con Marina y la gente le enviara a la policía a su casa. No se sabe nunca cómo van a reaccionar las masas. Imagino que ni el mismo Manuel sospechó la repercusión que tendría la historia que ideó. Y claro, empiezan a aparecer cuentas fantasma, cuentas fake, suplantadores, montajes, memes… Todos sacamos tajada en mayor o menor medida. Yo, por ejemplo, debo tener unos 30 followers más que hace dos días. Pero nunca pensé “¡Guau, chica! Lo estás petando…”, ya que os recuerdo que lo primero que vi fue que Manuel tenía 200,000 seguidores en una semana – ¿qué es lo mío en comparación? – . Sin embargo, sí que vi que hablar del tema le daba vidilla a mis notificaciones, lo que significa que mucha gente se sentía curiosa e interesada por las opiniones de otros.

Había también quienes temían lo peor: que no fuera verdad. ¿De verdad queríais que alguien se estuviera viendo en una situación tan angustiosa? Había quienes ya anticipaban que el final les iba a decepcionar. Y yo sabía que, a esos, sin duda les iba a defraudar porque así lo habían elegido y ni siquiera se estaban permitiendo disfrutar del camino. A mí, lo único que me desencanta de un final es que exista, pero lo asumo, lo gozo y empiezo otro entretenimiento. Yo, desde mi cuenta, invitaba a quien me leyera a seguir la historia, a disfrutarla, a engancharse a algo por puro placer. Nunca vi maldad en esta creación.

Manuel ha terminado hoy su historia. Ha explicado cómo lo hizo, se ha disculpado con los que se puedan haber sentido engañados, con los que se preocuparon en exceso, y nos ha dado una lección sobre la credulidad en las redes: no hay que creérselo todo.

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Como respuesta al final de la narración, se ha creado el hashtag #GraciasManuel, que sustituye en posición al nombre del protagonista, que ha sido primer TT durante, al menos, dos días seguidos. Y sí, estamos agradecidos porque Manuel y su relato llegaron cuando más lo necesitábamos para recordarnos que, una gran mayoría de los que estamos en Twitter, estamos ahí para divertirnos.

 

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Vivimos en un mundo tan agresivo que nos sentimos culpables por vernos guapos, por pensar en nosotros, por gustarnos y por querernos. Aunque muchas veces oímos el “tienes que quererte tú”, hay muchas fórmulas aprendidas que invitan a hacer lo contrario. No tendríamos que aprender a querernos si no nos hubieran enseñado a menospreciarnos.

¿Quién no ha sido vapuleado al decir algo positivo de sí mismo con el famoso “no tienes abuela” o el “baja, Modesto…”? ¿Cuántas veces nos hemos excusado empezando nuestro autobombo con un “está feo que yo lo diga”?

Intentamos reforzar nuestra autoestima pidiendo a nuestras parejas que nos reafirmen su amor. Un día, jugando con mi pareja a la novia pesada, pregunté el típico: “Cariño, ¿tú me quieres?”. Me contestó como todos sabemos que se contestan estas cosas y sonreí. Acto seguido le pregunté: “¿y yo a ti?”. “Mucho y muy bien”, contestó.

Si bonito es que te digan que te quieren, no os imagináis lo que se siente al saber que tus seres queridos tienen la certeza de que tú les quieres a ellos. Por eso, hace unos días,  puse lo siguiente en Twitter:

Fav si te quiero

Las reacciones fueron inmediatas. La primera fue @Niladynimedia y cada fav era una alegría. Algunos me dijeron “tú sabrás”; se apuntó al carro incluso gente a la que no conocía ni me conocía a mí (¡bienvenidos a la rueda del amor!), y otros dijeron tímidamente: “supongo que sí”. Entre la plena convicción y los porsiacasos llegamos casi a ser 50 personas sintiéndonos queridas. Os animo desde aquí a aumentar la cifra.

¿Veis que el corazón está en rojo? ¿Sabéis que significa eso? Sí… yo también hice fav.


nominados-goya-2017.jpgAyer vi la gala de los Goya. Creo que no podía empezar con una frase más impactante que esa. Quien me conozca, lo sabe.

Pues sí, ayer vi la gala de los Goya por aquello de hallar el equilibrio entre momentos en los que hacemos mis cosas y otros en los que nos dedicamos a sus mierdas (❤). Por eso, ayer vi la gala de los Goya.

Creo que he dejado ya lo suficientemente claro que ayer… vale, vale.

Ver la gala de los Goya en pleno boom de redes, es todo un experimento social. Para empezar, por el hecho de ver una constante campaña en contra del presentador una semana antes de la celebración. Es curioso, muy curioso, cómo usuarios de las redes veían necesario cada día manifestarse en contra de Dani Rovira ondeando la bandera de la soberbia del derrotista. Con esto, no me declaro ni a favor ni en contra de lo que hizo (una vez visto) Dani en la gala. No he venido a eso. No soy tan osada como para juzgarlo y señalar en una persona el trabajo de un equipo. Ni tampoco tengo la arrogancia ni la experiencia suficiente como para hacer crítica de cine. El principio de este párrafo deja claro mi objetivo.

danitacones-u202428855627jac-510x286abcDe la gala, sólo me atrevo a puntualizar el hecho de que un hombre utilice unos tacones para representar el papel de la mujer en el cine y en la sociedad. No me siento identificada con unos tacones, por el mismo motivo que vi inneceario que los monigotes de los semáforos llevaran falda. Pero el gesto, la reivindicación, sí son necesarios. El zapato de tacón, como alegoría, es reconocido universalmente.
Si nos ponemos a ladrar por eso, deberíamos hacerlo sugiriendo algo mejor. DL_u334070_101-1-635x480.jpgPero ya os digo que a mí, como mujer, no me representa ningún símbolo: ni una teta, ni el color rosa, ni el Santo Grial, ni el símbolo de Venus que tan bien hemos asumido como representación de lo femenino. No estoy tampoco orgullosa ni agradecida por que se ponga alguien delante de un micrófono a decir que hacemos falta, porque ocurre que me entristece que, a estas alturas, haya que seguir insistiendo en ello. Mucho más me llega el chal de Cuca Escribano. Más directo, más acorde, y con menos parafernalia.

Pero vuelvo al tema principal: la audiencia que presume de no serlo. Junto con la campaña anti Dani (que ya ves tú lo que afectó a nada), añadimos el hashtag que fue trending topic desde la mañana del día de la gala: #BoicotalosGoya. A elevarlo entre los temas que eran tendencia ese día, ayudaron tanto partidarios como detractores del cine español. Sin embargo, gracias a ese hashtag, hubo gente que supo que existía tal cosa y que era ese mismo día. Bravo, gentes de Twitter, una vez más dejáis claro que las encuestas y la opinión twittera no es más que una versión paralela a la realidad. A mí el término “boicot” me ha parecido siempre gigante, me daba escalofríos. Pero por causas así se ha banalizado de tal forma que se vuelve risible cuando observas que en las puertas de la gala no hay nada reivindicativo más allá de las fronteras de twitter. Tan sólo periodistas que preguntan qué les parece el boicot a supuestos afectados que dicen: “¿qué boicot?”

Que si las subvenciones, mal; que si el IVA, mal. Que sí, que todo está mal, pero no tan mal como que ni el presidente del gobierno ni los reyes hagan acto de presencia en la fiesta del cine español. Hace unos días, varios políticos felicitaban a Rafa Nadal (por jugar) y a Javier Fernández (por ganar). Sin embargo, no encuentro felicitación a los premiados o nominados por parte de los mismos que felicitaron a los deportistas. Si bien contaron una vez más con el apoyo de Manuela Carmena, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, y Albert Rivera, no deja de ser vergonzoso no sólo que Mariano Rajoy no acuda a la gala, sino que reconozca en una entrevista su indiferencia para con el cine español (“No lash he podido ver. Para mi deshgracia, no voy al cine. Leo novelash”).

Así, con este panorama, la gente se siente con total confianza para derrotarlo, para valorar un producto que ni siquiera consume, para protestar por la calidad de unas películas que no ven y por el talento de unos actores basando su opinión en su ideología política. O para que nos parezca innecesariamente largo el discurso de la merecedora ganadora del Goya de Honor. Como colofón, el último tweet que leí durante la gala: uno en el que alguien protestaba por el precio de las palomitas. Así se entiende el cine aquí, pero no veremos jamás #Boicotalaspalomitas (¿os imaginais?).

Para poner el punto final a esta publicación, me sirvo de una frase de Bayona (tweet eliminado) que espero remueva conciencias:

“No hay cultura buena o mala, la hay constructiva o destructiva. Y vosotros sois una expresión de ella.”


Hace una semana y un día cumplía un sueño: un viaje que creía utópico.

Y como este no es un blog de viajes y aún me faltan fotos de paisajes de cámaras ajenas, seguramente me centre en el sentimiento más que en el lugar, pero puedo ayudaros si queréis saber cómo lo hice para no gastar mucho más de 300€ incluyendo alojamiento, comida y transporte. Una parte importante para hacerlo económico es tener a alguien allí que te lo haga fácil y te lleve a los sitios o te los indique con claridad. Nosotras tuvimos la suerte de contar con @old_BlueHat, que junto a @mgom5, fue la mejor anfitriona que pudimos tener. Gracias por vuestra generosidad. Así como @ragaaza, a quien avisé sin tiempo e improvisó una visita cronometradísima por rincones que nos quedaban por ver y a los que no habríamos llegado solas.

A todas las personas con las que estuve las conocí a través de Twitter. Las redes son maravillosas si sabes usarlas. Las nombro con su nombre de usuario por no dar datos que no dan ellos.

A @PajaritaStory y a mí se nos rompieron planes, proyectos y alguna víscera casi a la vez. No hay mal que por bien no venga, pues aquello nos unió hasta el punto de adaptarme a sus vacaciones y realizar juntas El Viaje. Estaba para nosotras, no hay más explicación. Fue, sin duda, la mejor compañera de coche y habitación que he tenido en toda mi vida. Porque sí, porque mi “¡Quemedaiguá!” era auténtico, porque ojalá mi mayor problema sea ver ropa ajena amontonada en una silla. Supimos improvisar a la perfección los turnos en el coche y en el baño. Que también daba igual si queríamos quedarnos un ratito más remoloneando en la cama y salirnos de los horarios habituales de todo. No habíamos llegado hasta allí para hacer un “lo de siempre”, no. Y bien que lo demostramos.

Después de casi 12 horas de viaje, alargado debido a las múltiples paradas – algunas más extensas y amorosas que otras – llegamos por fin al paraíso, donde nos esperaban @old_BlueHat,  @mgom5 y Horus. Allí nos habían preparado una cena casera a la que no le faltaba ni un detalle. Esa noche no tuvimos tiempo de visitar nada, pero nos abrazamos mucho, comimos melocotones con atún y nos hicimos corazones en el pelo. No conseguí que Horus no hiciera ruido con la boca. Y tuve claro que necesito a más gente como @mgom5 que me ría hasta mis momentos más absurdos. Algunos sólo tenían gracia cuando le hacían gracia a él.
img_3871Al día siguiente visitamos Cangas de Onís, Covadonga y los lagos. El pronóstico del tiempo amenazaba lluvia, pero no hay mejor estrategia que no dejarse intimidar. No llovió. Tras la visita por los rincones más característicos de Cangas de Onís, comimos empanadas variadas en un merendero de esos de los que no te quieres ir nunca.En Covadonga quedé impactada por el paisaje mágico de la Santa Cueva. img_3874Y se me olvidó preguntar, antes de hacerlo, si al beber de la fuente del matrimonio, me caso sólo con alguien que también haya bebido de los 7 caños, o si da igual. La niebla no nos dejó ver el lago Enol en la subida, así que seguimos hasta el lago Ercina, de cuyas vistas pudimos disfrutar y de donde tenemos las que considero las mejores fotos del viaje. A la bajada, pudimos ver el lago Enol, ya que se había despejado la zona. img_3916Durante el trayecto, tanto de ida como de vuelta, tuvimos la valentía de confesar nuestros pecados musicales, en los que coincidimos, ya sea por una cuestión generacional o, simplemente, de mal gusto…  El caso es que fue así como acabamos cantando a voz en grito canciones de finales de los 90 y principios de milenio que jamás reconoceremos haber cantado. Y no sólo eso, también tuvimos que asumir que @PajaritaStory diría “¡Una vacaaa!” cada vez que nos cruzáramos con una. Os recuerdo que estábamos en Asturias.

Al día siguiente, tras un sueño sorprendentemente reparador, visitamos Llanes, los bufones y Lastres. @old_BlueHat, de nuevo, poniéndolo todo fácil y cómodo, hizoimg_3918 del lunes otro sábado (y cruzamos en rojo los semáforos…). En la visita a los encantos de Llanes, descubrimos un sitio idealísimo para comer del que nos costó arrancar: El Cuera, donde nos pusieron el mejor pastel de cabracho que habíamos probado y puedo asegurar que en el poco tiempo que llevábamos allí, ya habíamos degustado tres platos de lo mismo. Las vistas desde la terraza del restaurante eran una maravilla. De ahí, fuimos a los bufonesimg_3993. Mientras OldBlue nos contaba lo que eran y que pronto empezaríamos a oírlos, mi oído privilegiado llevaba un rato enviándole a mi cerebro la señal de: “¿qué es ese ruido del demonio?” Allí estaban, levemente activos, pero dejándonos ver lo que saben hacer, que es, sin duda, bastante más que ruido. Y si vas a verlos y tienes la mala suerte de que no te montan el show, el simple hecho de saber lo que hay ahí, lo que se oye y de ver el paisaje rocoso con todas las piedras esculpidas en una misma dirección, ya impresiona. Y los acantilados… ¡si es que daba igual hacia dónde miraras! La última visita del día fue a Lastres, una villa marinera con la peculiaridad y el color de los pueblos asturianos. Confío en tener algún día las fotos de todas las cámaras y completar esta entrada. Aunque siempre podéis mirar en google o ver la serie Doctor Mateo. 

Martes, @PajaritaStory y yo adormiladas y perezosas decidimos que la mañana la íbamos a dedicar a ver Oviedo, que nos daba vergüenza reconocer que, teniendo el hotel allí, no supiéramos decir nada de la ciudad, la cual sólo habíamos visto en coche. Así que dimos un paseo y nos hicimos la foto reglamentaria con Mafalda y Woody Allen. Ese día OldBlue trabajaba, que alguna de nosotras tendría que ser mujer de provecho, así que pasamos la mañana buscando sitio para aparcar por el centro hasta que, tras el paseo entre estatuas de bronce, nos dio la hora de partir hacia Gijón, donde nos esperaba @ragaaza, que nos hizo una visita por la ciudad, atravesando el prao como las cabras, explicándonos la historia de cada rincón y llenándonos la panza hasta reventar de comida y risas. Aún tiene que recordarme todos los sitios que vimos. Recuerdo cada sitio de Gijón, el Cerro de Santa Catalina, Cimadevilla, la casa de Jovellanos, La Tabacalera, la olla de fabada que decían que era un “cuenquín” y de la que nos servimos unos 5 platos y sobró para otros cinco… Repetimos el ritual de la sidra, pero quedando menos de paletas gracias a la explicación de @old_BlueHat el primer día, y probé el que sería mi segundo cachopo, esta vez con cecina y queso de cabra. Me vine sin saber para cuántas personas está pensado un cachopo. Ese día tuvimos la suerte de recibir la visita fugaz de @_Ayalga_ a la que ya creíamos que no veríamos y era comprensible por ser entre semana y por los kilómetros que nos separaban. Se hizo un trayecto de 3 horas ida y vuelta sólo para estar media hora con nosotras. Gracias por el esfuerzo, de verdad.  @ragaaza, sabiendo que íbamos justas de tiempo, a las 18:00 prometió que nos haría una ruta de media hora por tres sitios, lo que ella definió como la visita del chino, diciendo: “bajal, foto, y malchal, malchal, que se va el autobús”. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al visitar exactamente tres sitios relativamente separados el uno del otro y cada uno con su historia bien explicada, llegamos al aparcamiento donde @_Ayalga_ tenía su coche y vemos que son exactamente las 18:30. Si los lugares de Asturias son mágicos; las personas, ya ni te digo.

A la vuelta nos reuniríamos todos para tomar algo rápido y marchar cada uno para su casa previa despedida y última cena con los anfitriones mayores. Con las lágrimas de emoción de una despedida en condiciones cuando te lo has pasado tan bien. Porque, como bien resumió OldBlue, no había habido ningún incoveniente, ya que, cuando algo no iba como lo habíamos planeado, las cosas no iban mal, sino diferentes y la lluvia no era impedimento si llevábamos gorro, pañuelo o capucha.

Entre otras muchas cosas, nos quedaron por ver Cudillero, la costa de occidente, el fu, fu, fu, funicular y los Picos de Europa, que supimos que estaban porque confiábamos en quienes nos lo decían, pero la niebla no nos dejó verlos ni un sólo día. Por eso y por los lazos que allí hicimos, tenemos que volver.

Gracias a todas y cada una de las personas que lo hicieron posible, empezando por nuestras sufridas madres y el pánico de saber que sus hijas están en carretera, a quienes nos animaron cuando se lo contamos, a quienes nos recibieron con los brazos abiertos y a la amabilidad de los desconocidos, destacando la de la recepcionista del hotel, a quienes se enteraron por las fotos publicadas en redes y nos enviaban sus mejores deseos… En definitiva, a los que lo hicieron real y a los que pusieron su granito de arena en hacerlo aún más grande.

PD: Actualizaré la entrada con más fotos en cuanto las tenga y la volveré a compartir. Soy muy coñazo cuando algo me hace feliz.


Hace tiempo que quería hablar de un asunto que tenía la depilación como tema secundario. Sin embargo, los hashtags de Twitter cambian mi agenda y el objetivo de mi publicación. Esta vez “#MiVelloMisNormas”.

97114e9e0a1018d0f979001692b28f96Este lema, que fue Trending Topic, procuraba hacer entender que la depilación debe ser una opción, y no una imposición social. En él, muchas chicas mostraban sus axilas o piernas depiladas o sin depilar. Pero claro, a menudo Twitter se convierte en un patio de colegio y lo que era una propuesta seria, se convirtió en caricatura.

A veces, cuando defendemos una postura en redes, caemos en nuestra propia trampa. Y es que no podemos pedir que se respete nuestra opción criticando la contraria. De ese modo, no estás pidiendo igualdad y tu reivindicación será objeto de burlas y de “pues tú más”. Y eso fue lo que ocurrió.

Co7XAfrWcAAb2pA.jpg-largePor un lado los que están deseando de soltar un “ya están aquí las feminazis” o provocar el enfado de personas que están hablando completamente en serio. El “nadie te obliga” me chirriaba como ninguna otra frase. Tal enunciado me hacía pensar que, vale, no hay una ley que me obligue a depilarme por ser mujer, pero sí es cierto que no está socialmente aceptado que algunas tengan (tengamos) vello en según qué zonas y/o cantidades. He visto a niños de 10 años reírse de una niña muy morena porque tenía bigote. He visto a adultos decirle a una mujer que no está bien depilada, que parece un tío o peor, un animal (mono, oso…) y un montón de cosas más. Y volvemos al “pero nadie te obliga”, perfecto, pero tampoco te van a dejar sentirte cómodo si no te ajustas a un talla, a un estilo, a una moda…

8a973331ca88b8e10627641ff67b254aY leo hoy “un canon de belleza no es una imposición”. Nos demos cuenta o no, un canon es un precepto cultural y un precepto es una norma. Se puede cumplir o no y hay quien no tiene más narices que aceptar que no encaja en ellos por anatomía o cualquier otro motivo.
Tenemos refranes como “El hombre y el oso, cuanto más vello, más hermoso” asumiendo que el vello corporal en el hombre es o era símbolo de masculinidad. O aquel que dice “Si hay pelito, no hay delito” haciendo alusión al sexo, ya sea por la zona en concreto de una mujer o por la práctica en sí. Pero los tiempos cambian también para esto. Recuerdo en una conversación con personas de edadesimages4 comprendidas entre los 20 años y los 50 en la que una de las más mayores dijo “a mí me gusta tener vello en el coño y ser una mujer como dios manda, no una Nancy“. Nos quedamos un poco sorprendidas y, al menos yo, pude comentar con otra chica del grupo de más o menos mi edad que qué pena que alguien pueda pensar que la cantidad de vello púbico determina lo mucho o poco mujer que eres, del mismo modo que se impuso mediante un refrán lo del hombre y el oso. Muchas personas de mi generación optan por depilarse todo y podemos encontrar un sinfín de métodos, así como artículos que apoyan tanto una opción, como la otra, así como que consideren peor hacerlo que no hacerlo, y viceversa.

Por otro lado, me encontré también gente que mostraba su opción depilada o sin depilar para fomentar el hecho de que el hashtag acogía a ambas, pero siempre había alguien diciendo “qué asco” si había pelo o “qué antinatural” si no lo había. Y también hay que incluir a aquellos que hablaban de higiene acusando de faltarles un agua a quienes elegían una alternativa diferente a la suya.

depilacion_1La depilación, sea o no motivo de moda, es algo personal. Y, nos sorprenda o no, esta práctica se remonta a tiempos lejanos en los que depilarse era símbolo de pertenecer a una clase social alta y eran los hombres quienes más se preocupaban por hacerlo. Se estile lo que se estile, la decisión de seguir el camino marcado o no, es de uno mismo. De no seguirlo, hay que estar muy preparado para que te señalen por ser diferente.

La mejor opción, en definitiva, es la que tú, hombre o mujer, elijas. La elección con la que aciertes será siempre la que sea mejor para ti. Nadie puede obligarte a hacer una cosa o dejar de hacer otra en un tema tan personal.

Si lo haces por salud, es asunto tuyo.

Si lo haces por estética, es asunto tuyo.

Si lo haces por principios, es asunto tuyo.  tumblr_n3k4t37jS01qcyba0o1_250


Anoche me acosté con una noticia extraoficial y osada que afirmaba que hoy iba a ocurrir una tragedia enorme en un lugar que ya ha sido escenario de algo terrible en varias ocasiones. Por un lado, iba a morir una chica. Por otro, iban a morir miles de personas.

Madrugada del día 27 de julio de 2016. Como no me duermo, ojeo Twitter. Son las 3 de la mañana y alguien retuitea un tweet con mucha repercusión en el que una chica analiza uno a uno los gestos sospechosos de la youtuber británica Marina Joyce. Hasta la fecha, no había oído hablar de ella y no me habría interesado lo más mínimo si no fuera por el análisis exhaustivo de la tuitera española (paso de darle repercusión) y los comentarios que seguían a sus tweets.

¿Quién es Marina Joyce?  No me la voy a dar de experta, ya que no hace ni 24 horas aún que oí hablar de ella por primera vez. Es una vloguera de moda y belleza que, como muchas, enseña sus vestidos, explica su rutina de maquillaje y responde a las preguntas de sus seguidores.

¿Cómo empezó el lío? No sé muy bien quién lo empezó, pero es evidente que ha habido un efecto dominó hasta en las más absurdas de las creencias. Sus subscriptores empezaron a notar un cambio de actitud bastante obvio en sus publicaciones. Algunos dejaban comentarios del tipo: “¿Estás bien?” En sus últimos vídeos (todos terriblemente editados) ha aparecido con la mirada perdida, pestañeando con mucha frecuencia, cambiando el gesto de la alegría a una aparente tristeza, cambiando de un tema a otro o repitiendo las mismas frases una y otra vez. Por si no fuera poco, aparece con grandes moratones, también indiscutibles, en brazos y piernas.

¿Qué ocurre en las redes? La noticia salta a Twitter e Instagram, donde Marina también tiene cuenta y sus seguidores empiezan a especular y a comentar entre ellos que posiblemente actúe en contra de su voluntad. Es así como comienzan las peticiones a modo de reply diciéndole: “si necesitas ayuda haz tal o cual cosa”. La expectación aumenta cuando algunos de las peticiones coinciden con sus gestos habituales como “haz un corazón con las manos” o “pon un gatito en tu bío”. Y así surgen los montajes con el comentario y el gesto en cuestión interpretando que necesita ayuda. Y, lo que es más, los análisis de cada uno de sus vídeos, tweets, imágenes, palabras y miradas.

¿Qué vi yo? Vi la evolución de Marina, de una chica joven alegre a una chica enajenada. Vi los moratones y la escopeta y vi muy claro que la joven youtuber está pasando por muy mal momento.

No supe, porque me falta información, si son malos tratos ni por parte de quién, si es un asunto de droga, si es un secuestro o si es esquizofrenia. No lo puedo saber. Ni yo, ni los nuevos expertos que creen que lo son porque supieron abrir una cuenta en una red social. Vi cómo los demás desvariaban interpretando el reflejo que se proyectaba en su pupila. Vi cómo compartían fotos de su pareja (que no tiene cuenta en Twitter) acusándole de maltratador. Vi que anoche Marina tenía 60.000 seguidores y ahora mismo va camino de los 300.000. Escuché el terrible susurro de “help me” y vi el dedo ajeno en pantalla. Y, ojalá no me equivoque, pero me parece buena la explicación de la madre que dice que era ella que llegaba a casa diciendo bajito “Hello. Me.”.

¿Qué vieron los demás que no vi yo?

Los demás vieron que la escopeta no estaba ahí, luego está y luego desaparece. Marina cambia en tres ocasiones la posición de la cámara. La escopeta no deja de estar, sólo que el plano deja de abarcar la parte del mueble donde está apoyada. Vieron una máscara de hombre que, si bien en la imagen es un poco difusa, en el vídeo se ve claramente que es la cabeza de un oso de peluche. Vieron en el reflejo de sus ojos que alguien le levantaba el brazo, cuando se observa en sus ojos siempre la misma figura de la cámara que le enfoca desde delante de una ventana.El efecto óptico de una figura que levanta el brazo lo provoca el color de su pupila al mirar hacia donde yo supuse que habría un monitor en el que ella podía ver lo que estaba grabando. Donde yo supongo que está el monitor y donde se mira continuamente, es donde otros supusieron que había una persona amenazándole o dándole órdenes.

Los demás vieron que cada vez que Marina decía “estoy bien” era una clara señal de socorro, que no podía ser ella quien llevara la cuenta en ese momento porque decía que estaba bien, pero no lo estaba. Y lo intentaban solucionar con un “dime que eres tú, Marina” y Marina contestaba: “soy yo”. Y quien hizo la petición decía: “no puede ser ella, ha dicho ‘soy yo’ y Marina lo habría dicho de tal o cual forma”. Vieron que cuando Marina decía que no llamaran a la policía, que no fueran ridículos, ella estaba pidiendo que llamaran a la policía.

¿Cómo evolucionó la historia?

  1. Marina está mal. Marina se droga.
  2. Marina tiene moratones. Son autolesiones. Marina tiene problemas psicológicos.
  3. No son autolesiones, su novio le pega, tiene cara de maltratador (¿cómo es la cara de un maltratador?).
  4. Marina mira fuera de cámara constantemente. Alguien la vigila.
  5. Su novio la tiene secuestrada. #SaveMarinaJoyce
  6. Marina va a morir porque su secuestrador puede ver la repercusión que está teniendo la historia. Tenemos que hacer algo. Haz Rt.
  7. Marina anima a la gente a ir a una fiesta a las 6:30 de la mañana (no dice el día) y la gente llama a la policía porque eso significa atentado terrorista porque puede que haya sido secuestrada por yihadistas y la hayan obligado a convocar a la gente allí.
  8. Marina aclara que la fiesta es el día 3 de agosto (había ya evento en Facebook y es una rave matinal que se hace todos los años). La gente sigue diciendo que no vaya nadie, que allí murió gente hace años.
  9. Marina hace un vídeo para tranquilizar a sus seguidores, pero tose y se emociona. En la tos todo el mundo entiende “help me”.
  10. Marina tiene 10.000 seguidores más en lo que tardo en escribir esto.

Datos y conclusiones:

Familiares de la joven han reconocido que ha habido problemas relacionados con las drogas y que está en manos de profesionales. Sea como sea, es muy probable que esa parte de su vida no quiera compartirla del mismo modo que esta mañana hizo un vídeo en directo diciendo que sí que hay una historia detrás de los moratones, pero que no la quiere compartir porque, ¡ojo!, el hecho de que hagas pública una parte de tu vida no significa que el resto de la misma también lo sea. Con respecto a su familia y su novio, debe ser muy desagradable enfrentarse a acusaciones tan graves que te convierten de pronto en secuestrador y/o maltratador de tu propia hija o de tu pareja.

Por mucho que ella o sus amigos publiquen en redes suplicando que se dejen de tonterías, la gente que ha pasado la noche especulando por preocupación real o por subirse al carro de la corriente de moda, se aferra únicamente a teorías que apoyen las suyas, retuiteando y contestando a quienes les da la razón o les aporte otro reflejo de una silueta en un marco de fotos en una captura de un vídeo borroso.

Y, por último, da miedo pensar tanto que las hipótesis de maltrato o secuestro se confirmen como que se confirme el hecho de que haya sido una interpretación de Marina para tener más repercusión. Por no hablar del hecho de que nada de esto sea verdad y empecemos a ser conscientes del alcance que tienen las redes sociales. ¡Ojalá supiéramos usarlas a conciencia!


La impertinencia ajena me regala una entrada para mi blog.

Hoy no pensaba dejarme ver por las redes, pero ha ocurrido algo que quería comentar: “Ni Periscope ni hostias”.

Periscope es una aplicación que retransmite en vídeo lo que está ocurriendo en directo. Actualmente se utiliza para retransmitir desde una rueda de prensa hasta un cumpleaños o una persona comiéndose una naranja. La aplicación está vinculada a Twitter y ya ni siquiera es necesario tenerla descargada para poder ver los vídeos de los demás.

Pues bien, esto es lo que estaban haciendo dos adolescentes, retransmitir un vídeo, probablemente con todo el pavazo propio de la edad, tumbadas boca abajo en la cama y enfocando únicamente sus caras. En un momento determinado del vídeo en el que una de las chicas dice “hola”, entra la madre como una energúmena diciendo “¡¡¡NI PERISCOPE NI HOSTIAS!!!”. Como no sabe lo que es Periscope, le arrebata el móvil y sigue retransmitiendo su enfado y sus malas formas diciendo “¡Un tío con la polla al aire!” y continuando con la retahíla de madre que no sabe muy bien de qué va la cosa. No sólo es la chica la que dice que ella no estaba haciendo eso, que “es gente que se pone”, sino que los mismos usuarios, que pueden dejar comentarios durante la retransmisión le están diciendo “cálmese, señora”, “su hija no estaba haciendo eso”. Pero la ignorancia es osada y la aplicación seguía abierta difundiendo el espectáculo de una madre fuera de sí.

Tal ha sido la repercusión que “Ni Periscope ni hostias” ha sido Trending Topic a lo largo de la mañana con comentarios que iban desde la alabanzas a una supuesta madre coraje hasta los “yo le habría dado un bofetón”.
Este es el contexto que tengo cuando decido comentar en Twitter lo siguiente:

“‘Ni Periscope ni hostias'” no me parece digno de tanta alabanza. Una madre que grita y no escucha no creo que sea la que todos necesitan.”

Maldita la hora en la que un ser sensible como yo decide entrar en un debate de garrulos en el que se me insulta y se me desacredita porque yo, con ese pensamiento, no merezco tener hijos. Ese comentario ha dado pie a gente que sólo comenta el hilo con un “eres gilipollas” o diciéndome “no tienes ni idea de educar, subnormal”. Y, de nuevo, el “yo le habría dado la hostia sin más”. Soy yo la que no tiene ni idea de educar, no aquellos que insultan y defienden la cultura del tortazo del poderoso por el simple hecho de que lo es.

Luego están los que dicen que si una niña está viendo pollas, lo normal es que se le castigue. Para empezar, esta gente entiende de tecnología lo mismo que esa madre (conste que defiendo que no hay que saber de todo, pero sí poner un mínimo de interés): la chica no puede estar viendo pollas porque Periscope retransmite, pero no puedes hacer otra cosa mientras usas la aplicación. Sin embargo, es más fácil decir que hay que poner límites a niñas que ven pollas y que yo soy subnormal y he bebido o veo telecinco.

Que se está difundiendo un vídeo de unas menores en un contexto “privado”, ese es otro debate. Que hay que poner límites, también. Sin embargo, mi mensaje criticaba a una madre que grita sin escuchar y que no argumenta porque no entiende ni hace por entender lo que está pasando. En la mayoría de las ocasiones, la mente sucia la tiene el adulto, el niño no ha pensado más allá. Pero ese tampoco era el debate que yo planteaba. Y os cuento una anécdota:

Un padre estaba agobiado porque le salían anuncios eróticos bastante poco sutiles en su navegador. Al hijo adolescente le cayó una bronca monumental por ver porno, porque eso era terrible y no debía hacerlo. El problema desapareció cuando el hijo le enseñó al padre cómo borrar el historial, ya que era él el culpable de que salieran esos anuncios, pero lo cómodo, para él y para la madre, era pensar que era el hijo que estaba haciendo un mal uso de las redes. Curioso, ¿eh?

Muchos de los comentarios que me han llegado, me dicen que están de acuerdo en que hay que poner ciertas restricciones. Yo también. No estoy de acuerdo con las formas de esta mujer, ese era mi planteamiento por el que se me ha juzgado e insultado mientras me daban lecciones morales y me deseaban la infertilidad. En mi TL no alimento las insolencias, es por eso que estoy respondiendo con la opción “bloquear” ante la arrogancia y las malas formas (que, os recuerdo, todo venía por criticarlas).

No sólo pienso que hay que poner límites a los hijos, sino que incluso soy partidaria del sopapo cuando representa más que la descarga emocional del progenitor. Pero no puedo apoyar a una madre que grita y no escucha; que ni entiende, ni hace por entender. Eso, para mí, no es educar. La distancia generacional se acorta prestando atención a las inquietudes de los jóvenes.

Las redes son perniciosas si se le da un mal uso, pero mucho más peligroso es transmitir la cultura del griterío ante cualquier conflicto.



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