En este camino no se encuentran arrieritos.

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3 de marzo de 2017.

Hacía más de dos meses que había escrito en mi agenda: “concierto Sofía Ellar”. El lugar del concierto me quedaba a casi 400 kms. Vamos, más o menos los mismos que hice para ver AC/DC. Y no es sólo que los conciertos, de quien sean, me suman minutos de vida, es que ahora puedo decir que vi el último de AC/DC con Brian Johnson y el primero de Sofía Ellar con disco en el mercado.

dO2ngnyTCqKhzq42Tenía pendiente escribir sobre Sofía cuando apenas había información sobre ella en la web. Pero ahora que ya la hay, quiero hablar de lo que significa para mí. Descubrí a esta chica en Instagram. La búsqueda en esa aplicación puede ser maravillosa si le sabes sacar partido. Y yo se lo saqué aquel día cuando pinché en un vídeo en el que se veía en miniatura una chica joven de rasgos que se intuían agradables. Lo que no sabía era que estaba a punto de pasar algo irreversible: la escuché. Y ya no pude no estar pendiente de sus actualizaciones desde entonces. Es ahí, en Instagram, donde Sofía se ha hecho grande. Para mí, que alguien triunfe en esa red social, es todo un acontecimiento, acostumbrada a ver que quienes consiguen muchos seguidores ahí es porque ya les vienen rebotados de otro sitio. La evolución de Sofía ha sido a la inversa (a menos que me falte algún dato). Parte de su éxito se debe al mimo con el que gestiona sus redes, ya que procura llevar al día las interacciones con sus seguidores. Y no debe ser fácil de llevar teniendo más de 80,000 seguidores. Por eso ya no sólo sentimos admiración hacia alguien que nos transmite con su música y sus letras, sino que estamos agradecidos por el trato que nos dispensa.

imagesDesde el principio pensé que ella no era la típica chica que sube versiones y se queda sentada esperando a un cazatalentos – de hecho, todas las canciones publicadas desde que sé de su existencia son suyas -. Podía haberme equivocado, pero no. Sofía, junto con un grupo de amigos currantes, ha ido más allá. Y somos muchos los que lo hemos vivido junto a ella paso a paso, viendo cada día sus sesiones agotadoras de grabación y ensayos desde que empezó el año. Del mismo modo, hemos sido los primeros en saber cuándo podríamos escuchar algo suyo en Spotify o cuándo podíamos hacer la compra anticipada de su primer disco, Seis Peniques, en iTunes. Lo confieso, yo fui de esas ansiosas que no pudo esperar.

maxresdefault-2Así que allí estábamos A. y yo, de camino a un lugar que él conocía y yo no para ver a una artista que yo conocía y él no. Ni siquiera se parece al tipo de música que solemos escuchar. Que a mí me iba a gustar, ya lo sabía.
El culmen fue oírle a él decir “¡qué bien canta esta chica!” y que pusiera su disco al llegar a casa de vuelta del concierto.
3 de marzo de 2017, nueve y media de un día lluvioso. La sala Joy Eslava se inunda de aplausos y Sofía entona: Ojos de mar, dime que sientes… 

Y es así como supe la onomatopeya de la eclosión de una estrella.

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Anoche me acosté con una noticia extraoficial y osada que afirmaba que hoy iba a ocurrir una tragedia enorme en un lugar que ya ha sido escenario de algo terrible en varias ocasiones. Por un lado, iba a morir una chica. Por otro, iban a morir miles de personas.

Madrugada del día 27 de julio de 2016. Como no me duermo, ojeo Twitter. Son las 3 de la mañana y alguien retuitea un tweet con mucha repercusión en el que una chica analiza uno a uno los gestos sospechosos de la youtuber británica Marina Joyce. Hasta la fecha, no había oído hablar de ella y no me habría interesado lo más mínimo si no fuera por el análisis exhaustivo de la tuitera española (paso de darle repercusión) y los comentarios que seguían a sus tweets.

¿Quién es Marina Joyce?  No me la voy a dar de experta, ya que no hace ni 24 horas aún que oí hablar de ella por primera vez. Es una vloguera de moda y belleza que, como muchas, enseña sus vestidos, explica su rutina de maquillaje y responde a las preguntas de sus seguidores.

¿Cómo empezó el lío? No sé muy bien quién lo empezó, pero es evidente que ha habido un efecto dominó hasta en las más absurdas de las creencias. Sus subscriptores empezaron a notar un cambio de actitud bastante obvio en sus publicaciones. Algunos dejaban comentarios del tipo: “¿Estás bien?” En sus últimos vídeos (todos terriblemente editados) ha aparecido con la mirada perdida, pestañeando con mucha frecuencia, cambiando el gesto de la alegría a una aparente tristeza, cambiando de un tema a otro o repitiendo las mismas frases una y otra vez. Por si no fuera poco, aparece con grandes moratones, también indiscutibles, en brazos y piernas.

¿Qué ocurre en las redes? La noticia salta a Twitter e Instagram, donde Marina también tiene cuenta y sus seguidores empiezan a especular y a comentar entre ellos que posiblemente actúe en contra de su voluntad. Es así como comienzan las peticiones a modo de reply diciéndole: “si necesitas ayuda haz tal o cual cosa”. La expectación aumenta cuando algunos de las peticiones coinciden con sus gestos habituales como “haz un corazón con las manos” o “pon un gatito en tu bío”. Y así surgen los montajes con el comentario y el gesto en cuestión interpretando que necesita ayuda. Y, lo que es más, los análisis de cada uno de sus vídeos, tweets, imágenes, palabras y miradas.

¿Qué vi yo? Vi la evolución de Marina, de una chica joven alegre a una chica enajenada. Vi los moratones y la escopeta y vi muy claro que la joven youtuber está pasando por muy mal momento.

No supe, porque me falta información, si son malos tratos ni por parte de quién, si es un asunto de droga, si es un secuestro o si es esquizofrenia. No lo puedo saber. Ni yo, ni los nuevos expertos que creen que lo son porque supieron abrir una cuenta en una red social. Vi cómo los demás desvariaban interpretando el reflejo que se proyectaba en su pupila. Vi cómo compartían fotos de su pareja (que no tiene cuenta en Twitter) acusándole de maltratador. Vi que anoche Marina tenía 60.000 seguidores y ahora mismo va camino de los 300.000. Escuché el terrible susurro de “help me” y vi el dedo ajeno en pantalla. Y, ojalá no me equivoque, pero me parece buena la explicación de la madre que dice que era ella que llegaba a casa diciendo bajito “Hello. Me.”.

¿Qué vieron los demás que no vi yo?

Los demás vieron que la escopeta no estaba ahí, luego está y luego desaparece. Marina cambia en tres ocasiones la posición de la cámara. La escopeta no deja de estar, sólo que el plano deja de abarcar la parte del mueble donde está apoyada. Vieron una máscara de hombre que, si bien en la imagen es un poco difusa, en el vídeo se ve claramente que es la cabeza de un oso de peluche. Vieron en el reflejo de sus ojos que alguien le levantaba el brazo, cuando se observa en sus ojos siempre la misma figura de la cámara que le enfoca desde delante de una ventana.El efecto óptico de una figura que levanta el brazo lo provoca el color de su pupila al mirar hacia donde yo supuse que habría un monitor en el que ella podía ver lo que estaba grabando. Donde yo supongo que está el monitor y donde se mira continuamente, es donde otros supusieron que había una persona amenazándole o dándole órdenes.

Los demás vieron que cada vez que Marina decía “estoy bien” era una clara señal de socorro, que no podía ser ella quien llevara la cuenta en ese momento porque decía que estaba bien, pero no lo estaba. Y lo intentaban solucionar con un “dime que eres tú, Marina” y Marina contestaba: “soy yo”. Y quien hizo la petición decía: “no puede ser ella, ha dicho ‘soy yo’ y Marina lo habría dicho de tal o cual forma”. Vieron que cuando Marina decía que no llamaran a la policía, que no fueran ridículos, ella estaba pidiendo que llamaran a la policía.

¿Cómo evolucionó la historia?

  1. Marina está mal. Marina se droga.
  2. Marina tiene moratones. Son autolesiones. Marina tiene problemas psicológicos.
  3. No son autolesiones, su novio le pega, tiene cara de maltratador (¿cómo es la cara de un maltratador?).
  4. Marina mira fuera de cámara constantemente. Alguien la vigila.
  5. Su novio la tiene secuestrada. #SaveMarinaJoyce
  6. Marina va a morir porque su secuestrador puede ver la repercusión que está teniendo la historia. Tenemos que hacer algo. Haz Rt.
  7. Marina anima a la gente a ir a una fiesta a las 6:30 de la mañana (no dice el día) y la gente llama a la policía porque eso significa atentado terrorista porque puede que haya sido secuestrada por yihadistas y la hayan obligado a convocar a la gente allí.
  8. Marina aclara que la fiesta es el día 3 de agosto (había ya evento en Facebook y es una rave matinal que se hace todos los años). La gente sigue diciendo que no vaya nadie, que allí murió gente hace años.
  9. Marina hace un vídeo para tranquilizar a sus seguidores, pero tose y se emociona. En la tos todo el mundo entiende “help me”.
  10. Marina tiene 10.000 seguidores más en lo que tardo en escribir esto.

Datos y conclusiones:

Familiares de la joven han reconocido que ha habido problemas relacionados con las drogas y que está en manos de profesionales. Sea como sea, es muy probable que esa parte de su vida no quiera compartirla del mismo modo que esta mañana hizo un vídeo en directo diciendo que sí que hay una historia detrás de los moratones, pero que no la quiere compartir porque, ¡ojo!, el hecho de que hagas pública una parte de tu vida no significa que el resto de la misma también lo sea. Con respecto a su familia y su novio, debe ser muy desagradable enfrentarse a acusaciones tan graves que te convierten de pronto en secuestrador y/o maltratador de tu propia hija o de tu pareja.

Por mucho que ella o sus amigos publiquen en redes suplicando que se dejen de tonterías, la gente que ha pasado la noche especulando por preocupación real o por subirse al carro de la corriente de moda, se aferra únicamente a teorías que apoyen las suyas, retuiteando y contestando a quienes les da la razón o les aporte otro reflejo de una silueta en un marco de fotos en una captura de un vídeo borroso.

Y, por último, da miedo pensar tanto que las hipótesis de maltrato o secuestro se confirmen como que se confirme el hecho de que haya sido una interpretación de Marina para tener más repercusión. Por no hablar del hecho de que nada de esto sea verdad y empecemos a ser conscientes del alcance que tienen las redes sociales. ¡Ojalá supiéramos usarlas a conciencia!


Hace un par de noches me encontré con un artículo compartido en Facebook que decía: Una modelo de 18 años edita sus publicaciones en Instagram para mostrar la verdad tras las fotos.

TEASER-Essena-ONeill

Sentí curiosidad por saber cuál era esa verdad. De photoshop, desajustes alimenticios y maquillaje ya hemos tenido mucho. Pensé que me ofrecería algo diferente y así fue.

Essena O´neill, es una joven modelo de 19 años (cumplidos, según ella misma dice, el día después del vídeo que desencadenó este nuevo boom) que ha vivido de las redes sociales desde muy temprana edad. De acuerdo con el vídeo, ha ganado mucho dinero por cosas como ponerse un vestido simplemente para que saliera en una de sus fotos de Instagram, ya que su número de seguidores en todas las redes en las que tenía cuenta era tan elevado que, numerosas firmas de más o menos prestigio, contactaron con ella para hacerle contratos cada vez mejor pagados.

Essena sonríe, se muestra, se maquilla, publica diariamente… y un día se cansa y decide borrar 2000 fotos y dejar sólo 12, pero editando el texto y explicando cosas como: “En esta foto tenía acné”, “esta la repetí no sé cuántas veces”. La (¿ex?) modelo explica que se empezó a sentirse triste cuando se dio cuenta de que sólo vivía para mostrarse, que sonreía para una foto, pero cada vez sonreía menos en la vida real. Y cuenta que hace el vídeo para su niña interior su “yo de 12 años”, que fue cuando empezó a dejarse impresionar por lo que hacían otras chicas y empezó a abrirse camino poco a poco hasta conseguir lo que siempre había soñado.

Protesta porque siente que ha desperdiciado su adolescencia dependiendo de las redes sociales, viviendo de su físico y de la aceptación social (virtual). Algo con lo que soñaba desde pequeña y acabó consiguiendo. ¿Cómo de sola estaba entonces para perseguir su sueño a toda costa? ¿Dónde estaba su familia para asesorarla cuando le hicieron aquella foto en (mini) bikini a los 16 años?

La modelo se queja de engaño, de manipulación. Se disculpa con sus seguidores y con ella misma por el tiempo que lleva haciendo algo que de pronto va contra sus principios. Ha descubierto que las fotos de catálogo no muestran la realidad. Nunca es tarde para abrir los ojos. Y sentí y me creí que ha pasado momentos muy duros, que tenga o haya tenido depresión, y eso es un tema muy serio del que no soy capaz ni de hablar ni me creo quién para ponerlo en duda. En este punto, la chica sí tiene mis respetos.

Que el mundo de la moda es pura manipulación, no es ninguna novedad. Los rasgos físicos de las modelos del momento los tienen una minoría, no es ninguna representación de hombres ni mujeres de a pie. Son MODELOS y viven de cumplir una serie de cánones que el resto no cumplimos y que nos han enseñado a admirar. El maquillaje es otra caraterística de este trabajo, ni siquiera pienso que trate de mentir (sería nuestra culpa si nos dejáramos engañar por esa belleza químico-artística), sino exagerar, llamar la atención, cuando, por ejemplo, le pintan a una modelo los labios de amarillo. Y ya incluso sabemos cuando alguien está retocado, cuando no se le notan la venas, los poros, las ojeras. No hay lunares, no hay granitos, no hay pelusilla… Y no dejaremos de quejarnos y algunas de las quejas las apoyo firmemente, pero una cosa está clara: si todo eso vende, es porque alguien compra.

Pero Essena va más allá y habla de la superficialidad de las redes sociales, de cómo los datos y las estadísticas te empiezan a volver loca cuando consigues un número de seguidores o de me gusta que antes te parecía suficiente y de pronto sientes que tienes que ir a por una nueva cifra. Y mientras más seguidores, más millonarios son los contratos. Mientras más cifras, más cifras. Entiendo que a ella le haya pillado por sorpresa dada su juventud y que si se ha sentido sola, puede que realmente lo haya estado cuando nadie ha sabido ponerle unos límite en una edad en la que somos tan vulnerables.

En su vídeo nos invita a no creernos nada, a salir a la calle, a hablar con desconocidos en un parque, a hacer algún voluntariado, a leer libros, a salir a tomar café… Y mi pregunta es: ¿en serio, Essena, y nombrando a Essena me dirijo a cualquiera que esté en alguna red social, no eres capaz de hacer ninguna de esas cosas porque tengas un nombre de usuario, una contraseña y un número de followers?

Si de verdad las redes nos suponen un problema, debemos pedir ayuda. ¿Cómo lo sabemos? En el momento en el que te planteas qué aficiones has dejado atrás: cine, libros, deporte… ahí pueden estar las claves. Me impresionó que esta chica destacara que lo mejor que había hecho en su mes sin redes, ha sido ver un documental y leer tres libros. Os recuerdo, para enfatizar, que tiene 19 años recién cumplidos.

Tengo Facebook desde 2008, Twitter desde 2011, Instagram desde 2013… y ni a mi vida ni a mi intelecto les ha faltado un buen libro, una buena charla, una mañana al sol… Si hablamos de adicción, estamos hablando de un tema muy serio que habría que tratar en otros términos. Por eso no me creo al 100% la historia de Essena, porque me lo cuenta por Youtube, con el objetivo de que se publique en Facebook y no estoy segura de que no vaya a ganar dinero por las visitas de los que hemos picado con esta historia. Que no es que a mí me importe, que ya quisiera yo ganar millonadas tan fácilmente, pero necesito coherencia con lo que me cuenta.

Pienso mal y creo que ha hecho el dinero suficiente como para no tener que exhibirse. Que realmente puede que le haya afectado psicológicamente, pero a la vez leo entre líneas una pataleta de nueva chica rica. Conozco gente ambiciosa que lo es tanto que llega a deprimirse cuando consigue sus metas porque, una vez que las obtiene, quiere llegar aún más allá. Y ni los números ni el éxito son nunca los deseados. Es como si todo se quedara pequeño cuando te va bien.

Y pienso además en quién le habrá dicho que el vídeo es más creíble si lo hace en casa vestida con una camiseta gris lisa, sin maquillaje y con un moño alto mal hecho. Y si no es esta la misma técnica manipuladora que aquella de ponerse un vestido concreto y posar de una manera específica. Hay que tener cuidado con la doble trampa de las redes sociales.

Yo creo en las adicciones, en la depresión, en la frustración… pero en esta historia, lo siento, no creo.



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