En este camino no se encuentran arrieritos.

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Preparaba el tema “Thunder” para mis alumnos de 2º ESO, con quienes estaba viendo el vocabulario del clima, cuando vi que Imagine Dragons daba un concierto en Madrid y sería en sábado. Al poco de contárselo a A., recibí una captura donde se veía que teníamos entrada para el 7 de abril.

El sábado pasado, en el WiZink Center teníamos nuestra cita. Tras un breve vídeo acompañado de un juego de luces, sonaba I Don’t Know Why, seguido de Believer, que Wayne Sermon arrancó en acústico para aumentar el ritmo dejando paso a Daniel Platzman con la percusión y haciendo enloquecer al público en cada PAIN. Tuvimos que cantar; Ben McKee estaba de cumpleaños y Dan Raynolds nos lo pidió. Nos quedó un Happy Birthday pa’ enmarcar.

Entre canción y canción, el vocalista hacía breves y acertadas introducciones, a veces incluso chapurreando algo de español. En una de las más remarcables, Dan sacaba la bandera arcoíris, apoyando la causa LGBT, para dejársela puesta sobre los hombros mientras cantaba It’s Time del álbum Night Visions, empezando, al estilo que con Believer, de menos a más, para acabar con cañonazos de confeti y dando saltos por el escenario. Le siguió Gold (Smoke + Mirrors) y una versión de Three Little Birds, de Bob Marley, que hizo que la mayor parte del público sintiera el impulso de acompañar el ritmo con la linterna de sus teléfonos móviles creando un efecto estrellado de lo más zen.

Whatever It Takes nos vuelve a poner las pilas con el remate final de la guitarra de Wayne Sermon, que volvió a deleitarnos en Mouth of the River, el siguiente tema que sonaría.

Recuerdo Yesterday especialmente por el bailecito ridículo y espontáneo que se marcaron McKee y Platzman (y por la broma recurrente de A.). Tras Start Over, llega uno de los platos fuertes de la noche: el momento en el que Dan pide que se hable de la depresión, que se naturalice y que si hay alguien en el público que la sufre, que sepan que no están solos, que hay gente que les quiere y que vale la pena vivir. Y, acto seguido, canta Demons. Lógicamente, a Demons sólo puede seguirle Rise Up y, para terminar de subirnos el ánimo, con On the Top of the World (Night Visions) nos llenan el pabellón de globos gigantes que han caído del techo con los que el público juguetea pasándolos de un lado a otro. Para mí, que desde mi posición sólo alcanzo a verlos, el ambiente que se crea es pura magia.

IMG_4559No tenía un sitio privilegiado (aunque estar allí ya era todo un lujo) hasta que ellos quisieron. Cuando yo creía que ya estarían para terminar, el cambio de luces se produjo sólo para dar pie a que la banda se desplazara a un escenario que había instalado al otro lado (¡mi lado!). Aquí, bien cerquita, tocaron tres canciones: un desgarrador Next to me en acústico, Bleeding Out acompañado de violín y cello (un cello con las notas marcadas, que lo he podido ver a posteriori en mis vídeos), y I Bet My Life (Smoke + Mirrors).

Después de ese regalo, volvieron al escenario principal para interpretar Thunder, con la colaboración de K. Flay. Creía que la siguiente canción, Warriors (Smoke + Mirrors) iba a ser el tema potente de despedida, pero no. Walking the Wire era para mí unas de la más esperadas de la noche que pensé que no iba a llegar, pero aquí, justo detrás de Warriors, tenía su hueco. Sin embargo, a partir de ese momento, dejaron muy claro que al concierto sólo le quedaban dos canciones más, que serían un acústico de The Fall (Smoke + Mirrors) y su mayor éxito, Radioactive (Night Visions), con el que saltaron a la fama.

A continuación os dejo un vídeo que he hecho con fragmentos del concierto para que lo viváis un poco más allá de las letras.

 

 

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3 de marzo de 2017.

Hacía más de dos meses que había escrito en mi agenda: “concierto Sofía Ellar”. El lugar del concierto me quedaba a casi 400 kms. Vamos, más o menos los mismos que hice para ver AC/DC. Y no es sólo que los conciertos, de quien sean, me suman minutos de vida, es que ahora puedo decir que vi el último de AC/DC con Brian Johnson y el primero de Sofía Ellar con disco en el mercado.

dO2ngnyTCqKhzq42Tenía pendiente escribir sobre Sofía cuando apenas había información sobre ella en la web. Pero ahora que ya la hay, quiero hablar de lo que significa para mí. Descubrí a esta chica en Instagram. La búsqueda en esa aplicación puede ser maravillosa si le sabes sacar partido. Y yo se lo saqué aquel día cuando pinché en un vídeo en el que se veía en miniatura una chica joven de rasgos que se intuían agradables. Lo que no sabía era que estaba a punto de pasar algo irreversible: la escuché. Y ya no pude no estar pendiente de sus actualizaciones desde entonces. Es ahí, en Instagram, donde Sofía se ha hecho grande. Para mí, que alguien triunfe en esa red social, es todo un acontecimiento, acostumbrada a ver que quienes consiguen muchos seguidores ahí es porque ya les vienen rebotados de otro sitio. La evolución de Sofía ha sido a la inversa (a menos que me falte algún dato). Parte de su éxito se debe al mimo con el que gestiona sus redes, ya que procura llevar al día las interacciones con sus seguidores. Y no debe ser fácil de llevar teniendo más de 80,000 seguidores. Por eso ya no sólo sentimos admiración hacia alguien que nos transmite con su música y sus letras, sino que estamos agradecidos por el trato que nos dispensa.

imagesDesde el principio pensé que ella no era la típica chica que sube versiones y se queda sentada esperando a un cazatalentos – de hecho, todas las canciones publicadas desde que sé de su existencia son suyas -. Podía haberme equivocado, pero no. Sofía, junto con un grupo de amigos currantes, ha ido más allá. Y somos muchos los que lo hemos vivido junto a ella paso a paso, viendo cada día sus sesiones agotadoras de grabación y ensayos desde que empezó el año. Del mismo modo, hemos sido los primeros en saber cuándo podríamos escuchar algo suyo en Spotify o cuándo podíamos hacer la compra anticipada de su primer disco, Seis Peniques, en iTunes. Lo confieso, yo fui de esas ansiosas que no pudo esperar.

maxresdefault-2Así que allí estábamos A. y yo, de camino a un lugar que él conocía y yo no para ver a una artista que yo conocía y él no. Ni siquiera se parece al tipo de música que solemos escuchar. Que a mí me iba a gustar, ya lo sabía.
El culmen fue oírle a él decir “¡qué bien canta esta chica!” y que pusiera su disco al llegar a casa de vuelta del concierto.
3 de marzo de 2017, nueve y media de un día lluvioso. La sala Joy Eslava se inunda de aplausos y Sofía entona: Ojos de mar, dime que sientes… 

Y es así como supe la onomatopeya de la eclosión de una estrella.



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