En este camino no se encuentran arrieritos.

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¡Qué fácil es cagarla en San Valentín!

sanvalentin.jpgEl día de los enamorados es algo que nos enseñaron a tener en cuenta y del que ahora nos enseñan a ponernos en contra. En medio de esa contradicción, nos encontramos felicitaciones camufladas de yo-no-quería-pero, el mejor amor es mi mascota, mis hijos… pero hay que quererse todos los días, aunque te lo voy a decir hoy, incluyendo una dedicatoria de esas que tanto detesto porque este día es sólo un día más. Todas las dedicatorias son “una más”, menos la mía. La mía no es una más. Es una más hoy, pero yo ya te quería ayer y, probablemente, te quiera mañana.

Es muy importante que pongáis hoy, precisamente hoy, una foto de vuestra pareja diciendo que vosotros os amáis siempre. 211392234713-versos-de-amorEs imprescindible que pongáis un cartel ñoño con algún texto tipo “Aunque no creemos en estas cosas”. Hay que dedicarle a esa persona un “Nosotros no somos de esto”. Estamos hechos de otra pasta, por eso no lo vamos a celebrar hoy, pero lo vamos a dejar claro con una dedicatoria. Pero no es una dedicatoria de que te quiero, aunque diga que te quiero, porque… ¡me estoy liando! ¡Te quiero! Pero no hoy, quiero decir… Hoy también, pero es que hoy se están queriendo todos. Necesitamos un rincón, una red social donde no se estén queriendo los demás para ser exclusivos en un día en el que todo se parece tanto entre sí. No sé qué ponerte… algo que te recuerde que sigo pensando que no me iría con Brad Pitt, aunque ahora esté divorciado (¿qué estarán haciendo ellos en este día?). Porque podría hacerlo, está disponible. Pero, es que yo te amo a ti.

meregusta-te-quiero-aunque-seas-enojona-y-alteradita-0-812554.previa.jpgTe amo aunque a veces la cague, aunque no sea la pareja perfecta y a veces te enfadas porque fumo a escondidas o veo porno o… mucho peor, a veces adelanto yo solo capítulos de esas series que vemos juntos. Te amo, aunque no te merezca, porque soy lo peor. Felicidades por este tiempo a mi lado, porque estar conmigo es lo mej… contigo, estar contigo, mi amor. Enhorabuena por tenernos, mi bebé.

hqdefault¡Ay, yo no sé hacer esto! Porque hay querer todos los días y hoy hay tantas flores y tantos corazones y tanto chocolate y tanto rojo, que me pongo nerviosa y acabo enredándome en el conjuntito sexy que me pongo para Instagram, mordiendo las flores y poniendo los bombones en agua.

Y yo hoy, que lo sepáis, no voy a celebrar nada. Ni mañana, que, con la resaca del cenorrio de San Valentín, va a ser insoportable.

 


hd_frozen__elsa_wallpaper_1920x1080_by_robotthunder500-d71rgseSe acerca la navidad y las distintas cadenas de televisión ofertan cine de calidad. Ayer le tocó a Frozen. Un día tuve la genial idea de verla. No sabía nada de esa película, la vi desde el desconocimiento más absoluto.

Ya lo dije en mi entrada sobre Maléfica, es un cuento de princesas que se sale de la norma. Se percibe una evolución muy positiva en las princesas Disney. Se avecinan las princesas de vanguardia, dándole un giro a todo, un giro muy obvio y necesario, por otra parte.

Hace tiempo que quiero escribir sobre la segunda lectura de Frozen, pero pensé que ya se habría escrito mucho. Por un lado, intuyendo que ya se había escrito sobre lo que yo misma quería escribir, me propuse no leer nada, para que todas las ideas fueran mías. Pero estaba tan segura de que ya estaba todo dicho, que hice una búsqueda rápida en google, sólo para ver cuántas entradas aparecían. Centenas. Y más teniendo en cuenta que hice la búsqueda en inglés. Lo inteligente fue darme cuenta de que yo también tenía algo que decir.

Lo que leí, fue la segunda lectura, pero desdfrozensisters2e una perspectiva más perturbada que perturbadora: líderes eclesiásticos denunciando que la película promueve la homosexualidad. Uno de los más tajantes fue un pastor evangelista estadounidense, que afirma que Frozen trata de adoctrinar a los niños en la cultura gay. Les parece horroroso que se trate de normalizar la homosexualidad, en este caso, por medio de la animación. Si, en mi opinión, es, o no, evidente que la homosexualidad es un tema adyacente al principal, lo comentaré más adelante.

En cuanto vi la película, se me activó la opción de percibir la crítica por todos los medios. Gente que sigo en twitter hacía comentarios de todo tipo. El que más me inquietó fue el de un padre diciendo que le inquietaba lo que leía entre líneas, que no estaba seguro de querer volver a ponérsela a su hija de dos años. ¡Son dibujos, señor! Y la niña no tiene edad de entender siquiera el amor heterosexual. Y, para colmo de males, aparece otro clérigo fundamentando que favorecía el amor homosexual ENTRE HERMANAS, porque su mente enferma no le dejó ver el amor más puro entre familiares.

Lo hablé con una amiga y me dijo que ella en ningún momento había observado ninguno de esos matices. Yo sí, yo veo que Elsa muestra poco interés hacia sus pretendientes, todos masculinos. Pero, en ese aspecto, su adolescencia no es muy diferente a la que fue la mía. En realidad, yo creo que Elsa representa cualquier minoría incomprendida: sea homosexuales, adictos al wasabi, a comer gomaespuma o fans de Javian.

(Aquí vienen los spoilers, no digas que no avisé)

OlafcreationHDDe pequeña, la princesa Elsa sabía que algo pasaba con ella, que tenía poderes sobre la nieve y el hielo y los utiliza para jugar con su hermana hasta que un día, sin querer, en medio de sus juegos, Elsa daña a Anna con sus poderes. Es entonces cuando sus padres le piden que se oculte, que no deje que nadie vea lo que le pasa. Se ve obligada a esconderse de todos incluida su hermana, como si fuera un bicho raro. En plena adolescencia, los padres de Elsa tienen que hacer un viaje del que no regresarán.

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Tal es el miedo a dejarse ver, que ni siquiera acude al funeral de sus padres. A los 21, va a ser coronada reina de Arandelle. Este evento refleja los polos más opuestos. Por una parte, Elsa, cada vez más solitaria, aterrada, sin haber tenido contacto con nadie durante años por miedo a que se desaten sus poderes, a que alguien lo descubra, a poder hacer daño… y, por otro, Anna, natural, torpe, honesta, que recibe la celebración como si fuera su fiesta del quince, emocionada, correteando alborotada porque va a conocer gente, porque van a abrir las puertas.Es aquí cuando se desencadena el desastre: Anna se enamora a primera vista y Elsa se opone a esa relación. (No puedes casarte con alguien a quien acabas de conocer). Ambas discuten y se hacen daño, lo que hace que Elsa no pueda controlar los poderes y se ve obligada a huir.

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En su huída canta el tan popular Let it go (Suéltalo en español). Está triste, reflexionando sobre todo lo que ha pasado pero, a la vez, se siente libre, ahora puede ser ella misma. Juega con sus poderes, al principio sorprendida y después divertida. Ya puede hacerlo, ya nadie la juzgará, nadie saldrá herido. Puede disfrutar de ser como es. Elsa ha aceptado al fin su propia naturaleza. El precio a pagar es la soledad.

¿Es Let it go sinónimo de sal del armario? Smaxresdefaultí, claramente, pero, ¿de qué armario? Si interpretamos que lo que le pasa a Elsa es que ha sido obligada a ocultar su supuesta homosexualidad durante años, evidentemente, Let it go es una invitación a salir de esa situación. Pero eso sería simplificarlo todo demasiado. Como ya he comentado más arriba, el hecho de que salga de ahí puede simbolizar lo que a cada uno le venga bien: que ha cambiado de un trabajo en el que tenía unos jefes opresores, que ha salido de una relación tóxica, que se ha mudado a un piso más grande…

Dejando de lado el tema de la homosexualidad, sí que es cierto que Frozen es aclamada como película feminista, ya que ninguna de sus princesas es Anna's_faterescatada por un macho ibérico, sino por ellas mismas. Las princesas son fuertes e independientes. Kristoff, personaje masculino, lo tiene asumido sin ningún tipo de problema y convive con ellas sin sentirse intimidado. Es más, ni siquiera se cuestiona que Elsa puede ser reina, a pesar de estar acostumbrados a que esta condición sólo se podía dar casándose con el rey. Elsa es la heredera y es bienvenida como tal. Quizás romper con los esquemas tradicionales es lo que hace que algunos se pierdan y quieran buscarle los tres pies al gato. En cualquier caso, si lo que defiende es la naturalización de la homosexualidad, bienvenidas sean las películas que, desde pequeños, nos enseñan a ser tolerantes con aquellos que no sienten (o sí) como nosotros.

Insisto, sea o no ese el objetivo de una película de animación, no hay maldad en enseñar a respetar a quien siente diferente. La maldad está en la mirada de cada cual y en el hecho de considerarla no apta para nuestros hijos. ¿Para qué educarlos en la diversidad? ¿Para qué mostrarle una realidad de manera que puedan comprenderla?

Hay gente que mira a las nubes y sólo ve nubes. Otros, ven dragones echando fuego por la boca. Es por eso que se habla de feminismo y se confunde con homosexualidad. Se habla de princesas, y nos imaginamos criaturas puras, que no cometen errores. Gracias, Disney, por romper poco a poco con estas representaciones ilusorias.

 


Todos tenemos recuerdos de regalos que no tuvimos. A veces pedíamos cosas caras o poco adecuadas. Yo tuve varios caprichos pasajeros; siempre he querido cualquier cosa que pringara y con las que pudiera hacer figuritas: plastilina, cerámica, escayola… y la fábrica de gominolas. Pero pronto me daba cuenta del poco recorrido que tendría el juguete en cuestión y acababa conformándome. Se me consintió tener la Rosaura, la muñeca gigante a la que le podías cambiar la longitud del pelo, la que andaba sin pilas – si le cogías las dos manos y la sabías llevar – y con la que podías intercambiar la ropa. Cuando la sacaron, yo tenía 8 años y era yo misma una muñeca gigante que ya intercambiaba camisetas con mi madre. No me supuso ningún trauma, aun así pude vestirla con mi ropa de cuando era pequeña, aunque yo no pudiera hacer ni el intento de ponerme el chándal choni que traía de fábrica y que nunca más le puse. La máquina de coser fue otro de mis caprichos adquiridos. Me llegó a la edad de 10 años y, si antes no la tuve porque era muy pequeña, cuando me la regalaron, el dedal no me cabía en ninguno de los dedos. Pero pasé muy buenas tardes fingiendo que cosía, atascándola y desatascándola.

pageTengo formidables recuerdos de juguetes que no pedí: la casita de Chabel, que a veces vuelvo a montar sólo para verla y que decora mi habitación desde que tenía 3 años, y la muñeca “Pocas Pecas”. La casita la recuerdo en el escaparate de una antigua tienda de juguetes. Sin contrastar la información y tirando de mi memoria infantil e incierta, me atrevo a decir que estaba situada en el primer escaparate, yendo desde casa, de los tres que había en la tienda. Como siempre fui cuidadosa, la casita sigue en pie con todas sus piezas. La única pequeña imperfección, me dolió como si en vez de un soporte de los que sujetan en el suelo de pasta, me hubieran arrancado el brazo, no fue culpa mía.
El pensamiento callado al ver la caja de la muñeca “Pocas Pecas” fue de “esta no era”. Pero sonreí, la acogí de buena gana y dejé que me sorprendiera. Tres veces más pequeña que la que anunciaban en televisión, en vez de la muñeca de trapo, me regalaron una erguida, de goma y plástico, que traía un puesto ambulante de fruta y verdura con el género en colores llamativos distribuidos por el mostrador. El olor de esa muñeca es uno de mis olores favoritos de mi infancia. Una crema hidratante de la marca Delyplus (la de aceite de argán) se acerca a ese olor, pero no he vuelto a encontrar algo igual. Creé todo un universo a su alrededor. Si sus apellidos iban a ser “Pocas Pecas”, Paqui me parecía un nombre muy adecuado. Esa cacofonía provocó grandes carcajadas en mis tardes de juegos. Como se me quedaba corta la historia, la completé con “el novio de Paqui Pocas Pecas es punky”.
Y de los que nunca tuve, recuerdo dos. A veces somos capaces de recordar algo que no ocurrió como hubiéramos querido, pero no recordamos todas las cosas que sí cumplieron nuestras expectativas. Afortunadamente, yo recuerdo con amor lo que sí ocurrió y con ternura lo que no. Todo tiene un porqué. Incluso conozco a alguien que siempre pedía una caja de lápices de colores y nunca la tuvo. Cada año le regala a su hija una caja de los mejores lápices con la más amplia gama de colores, simplemente porque él no los tuvo. Y ella no los quiere. Sin que me supusiera ningún trauma, recuerdo cómo nunca tuve una muñeca flexible que hacía música si ponías tus pies en los suyos y tus manos en las suyas. Así, los miembros de la muñeca, se alargaban hasta conseguir la longitud de los tuyos para hacer sonidos con tus pisadas y palmadas al activar el mecanismo que tenía en sus pies y manos. También recuerdo la letra pequeña anunciando “más de 5000 pesetas”. Una amiga del cole que siempre tenía lo que pedía, me la prestó alguna vez cuando iba a su casa y sacié así mis ganas de tenerla en la mía.
El Gusiluz es otro clásico en la lista de “Lo que no me trajeron los Reyes”. Supongo que no tengo que explicar lo que es un gusiluz. Me gustaba la idea de tener cerca una luz tenue en la oscuridad de la noche. Aunque la oscuridad de mis noches en la casa donde mi crié, no era del todo opaca. Ni siéndolo me hubiera dado miedo, pero yo quería ese muñeco, aunque lo anunciaran con niños mucho más pequeños que yo. Claro que, pensándolo bien, no estoy segura de que fuera un juguete adecuado para una niña con el sueño tan ligero como el que tengo yo desde que nací.

IMG_5664No sé en qué momento se lo conté. No recuerdo habérselo contado como algo realmente importante. Pero el 25 de junio de 2014, un día que estaba siendo digno de ser omitido en mi biografía, una persona muy importante en mi vida, hizo posible que yo tuviera uno de esos en mis brazos. Besé por igual al muñeco y a él. Lloré abrazada a los dos. Ni yo misma sabía lo mucho que aquello podría significar para mí. Jamás habían tenido conmigo un detalle de esa dimensión. Al dato de haberme escuchado más allá de una mera anécdota, hay que sumarle el hecho de que el Gusiluz, como tal, hace años que no se fabrica… y yo tengo uno auténtico. Dos meses de búsqueda y uno más de espera hasta que pudo entregármelo, guardando el tesoro como perro a su hueso. Él, un rey mago tan real como anacrónico. Un hombre que es capaz de colgar en mi balcón sus discos favoritos para espantar los pájaros de mi cabeza.


Yo, que soy una llorona de carretera, sobre todo si voy en transporte público, encuentro la lágrima más fácil cuando en la radio repiten una y otra vez canciones como la de Luz Casal que comento a continuación. Casi a cada verso se me ocurre una réplica, eso sí, cuando ya piso tierra firme, que sobre ruedas todo son lágrimas y pensamientos del tipo: ¡Qué vida más perra!

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Clasifico esta canción tanto en amor como en desamor, pero como en las canciones suele ser un amor oscuro, voy a hablar con Luz:

Más que un viaje al fondo del mar
o a un desierto rosado dibujado en la inmensidad
Busco una luz al final
de este túnel tan largo, tan amargo como real

     Bien, Luz, para resolver un problema, es imprescindible localizar al mismo. Hay un túnel, ¡enhorabuena! De los túneles se sale. De hecho, si no hubiera luz al final, probablemente fuera un pozo.


Que no, que no puede ser, que no debo perder el tren

     En estrofas así siento que me pierdo. Me parece como si estuvieran compuestas de oraciones escogidas al azar. Debe haber un saco grande en el que una mano inocente saca frases que parecen de canción. Y así se compone. Pero en este caso es sólo una de muchas y quien la puso ahí lo hizo por algo. Continuamos.


Por qué no vuelves amor a colgarte de mi brazo
a decirme muy despacio mi nombre a pleno pulmón
Por qué no intentamos hoy acomodar nuestros pasos
y aprovechar este marzo que luce en cada rincón
Por qué no vuelves amor
Por qué no vuelves por fin a mi

     Luz, hay un amor que es mejor que no vuelva. A mi modo de ver las cosas, ese amor puede ser simplemente el amor que se ha ido. El hecho de que se vaya lo dice todo. No podemos forzar las cosas, no podemos forjar amores que sólo existen para una persona. El amor es cosa de dos. Por eso no vuelve. No quiere. Vendrá un amor, que no hará que signifique que el amor ha vuelto. Será otro diferente, con la cara más limpia.


Tengo en mi mano la solución
para esos errores cometidos sin ton ni son
Pues la farmacia de mi corazón
tiene varios remedios para hacernos sentir mejor
Que si, de nuevo elegí, lo que hace un tiempo conocí

     Que no, Luz, que segundas partes nunca fueron buenas. Las soluciones a antiguos errores se pueden aplicar siempre para no volverlos a cometer. Experiencia de la que se beneficiarán nuevos allegados. Pero cuando el daño ya está hecho, hay poco que reparar. Siempre se notarán las grietas de la porcelana que rompimos e intentamos recomponer. Además, existe el riesgo de caer en el reproche, como víctima o como verdugo.


Por qué no vuelves amor a rozarme con tus labios
a quemar nuestro pasado como un engaño al reloj
Por qué dijimos adiós cuando todo era más fácil
Cuando no había nadie que frenase nuestra unión
Por qué dijimos adiós
Por qué no vuelves amor

     Porque quizás no es el momento ni eres la persona que creía o simplemente no estaba para ti ese amor. Además, si fue un amor maltratado, el amor no vuelve. Vuelven los perros cuando tienen hambre, pero a un amor así le falta sustento y no es una circunstancia reciente. Si fue un amor maltratador, mejor que no vuelva. Deberías haberte ido tú antes.


Aquellos paisajes evocados por ti, por mí
A las buenas noches que te di

Las seguirás dando, las buenas noches las puedes crear tú.


Por qué no vuelves amor
Por qué es tan fuerte mi amor
Por qué no vuelves amor a colgarte de mi brazo
a decirme muy despacio mi nombre a pleno pulmón
Por qué dijimos adiós cuando todo era más fácil
Cuando no había nadie que frenase nuestra unión
Por qué dijimos adiós
Por qué no vuelves por fin a mi

Ya te lo he dicho, Luz.


Ya os lo adelanté en twitter: en este post le haré la autopsia a una canción. Tengo la idea de desglosar trozos de canciones de vez en cuando y comentarlas. Crearé la categoría “canciones”, porque creo que no es justo llamarlo “música”. ¿Por qué digo que les hago la “autopsia”? Porque para mí son canciones muertas: ni tienen vida, ni hablan de ella.

La primera que he elegido la canta Malú. Sospecho que haré un buen repaso de varias canciones de la misma cantante (que no de la misma autora).

A Malú podríamos clasificarla en la generación que bien define mi (mucho más que) querido Arturo como “nuevas copleras”. Un tema de conversación recurrente del que hablamos hasta la saciedad. El peligrosísimo canto a la pena, con melodías pegadizas que a veces hasta son bailables y acabamos bailando cosas terribles porque no nos han enseñado a pensar sobre qué estamos zapateando.

La canción que he escogido se titula “Ahora tú”. Malú vive atormentada en la gran mayoría de sus canciones. Da la mismísima imagen de (de nuevo Artu) “la virgen mártir”. Yo misma, junto con mis amigas de la adolescencia, cantaba a voz en grito la canción “Duele” cuando tenía 15 años. Hay quien dice que con “Cambiarás” aprendí a cantar (si es que alguna vez supe). Por entonces, aunque me centraba más en cantarlas sin pensar demasiado, ya le daba vueltas a las letras de las canciones e intentaba ver más allá de lo que decían o, a veces, simplemente con lo que decían ya era suficiente como para echarse las manos a la cabeza.

En esta ocasión, la frase que me ha escandalizado es, curiosamente, la más melódica de toda la canción. Entra suavecita, han sabido cómo hacer que se cante con una sonrisa, cuando lo que estás diciendo es:

Dicen que se sabe si un amor es verdadero,
cuando duele tanto como dientes en el alma.

¿Estamos diciendo que el amor es amor únicamente si nos hace sufrir? ¿Tengo que entender que, de todas mis relaciones, quien más me quiso fue aquel que, cuando algo no le cuadraba, me agarraba fuerte los brazos y me hablaba pegando su frente a la mía? ¿Fue mi relación más tormentosa realmente la más verdadera? No, no y no.

Pero claro, todo viene del muy conocido “quien bien te quiere te hará llorar”. Me niego a admitir que eso sea así. Estoy de acuerdo en que estamos más expuestos a que nuestra pareja, con quien más tiempo pasamos y quien más nos conoce, para bien y para mal, es quien más daño nos puede hacer inconscientemente. Lo cual no significa que para amar de verdad hay que buscar ese dolor en la otra persona, ni que la persona que más lágrimas nos provoque es la que más nos quiere.

ImagenAsí que tampoco sería cierta la famosa frase de la película “Love Story”: Amar significa no tener que decir nunca lo siento (Love means never having to say you’re sorry). ¿Habrá otra persona en el mundo con quien más nos debamos disculpar, que aquella a la que amamos?

Continúo con la canción. La letra está compuesta por una primera estrofa de cuatro versos, y un puente de otros cuatro, cuyo principio se corresponde con la frase que acabo de comentar. Después viene el estribillo, para luego repetir el puente con la frase arriba mencionada y hacer una secuencia de puente-estribillo-puente-estribillo y acabar con la frasaza.

El tema de la canción está claro cuál es. Define un amor tormentoso, que ella nunca antes había conocido, pero que al conocer a esta persona ha descubierto que es el de verdad. El estribillo remata con otra frase digna de escándalo:

Ahora tú,
llegaste a mí, oh, no,
sin previo aviso, sin un permiso, como si nada.

A mí eso me suena a delito y, en mis vagos conocimientos sobre leyes, se me ocurren dos. A lo mejor es que ya me he ido muy al drama al que, por otra parte, invita la letra de la canción. También puede ser que lo que esté expresando es que es un amor que ella no se esperaba, pero para mí, dice mucho más que eso dado el preludio con el que anticipa todo.

Y esto lo cantan niñas, como yo lo hice en su día y puede que alguna lo cante convencida de que si lo dice Malú, si está permitido, si lo ponen en la radio hasta el hartazgo, es porque lo que se dice es cierto. Y lo pondrán en las redes sociales adornado con corazones y sonrisas. Lo compartirán, lo dedicarán el día de los enamorados y hasta puede que lo bailen agarradas al chico que les jode la vida porque las ama de verdad.


Desde las alturas se veía seductor.

Alzaba el brazo para probar, palpando, cuál era la mejor de todas. Yo aún era de las más pálidas. Pasaron varias semanas hasta que vi de cerca el hueco de su mano. Sus dedos se posaron sobre mí, yo ya no sentía mi peso. Era, de alguna manera, un alivio. Nadie me había tocado antes. Cada vez se me hacía más difícil sostenerme y más de una vez pensé que me dejaría caer, cansada, como ya lo habían hecho otras. La tierra apagaba sus voces y yo no alcanzaba a escuchar si era, o no, mejor destino. Arrullada en una de sus manos, noté cómo hacía presión con sus dedos sobre mí. Un giro, un tirón. Y yo ya no era yo.

Feliz de haber sido elegida, desprendida de mi sustento, me dejé mecer sintiendo el calor de su piel con mi piel. Dormitaba, sonreía… sí, también sonreía, las manzanas no sólo nos sonrojamos.

Sumida en el placer de sentirme valorada, fui dejándome amarrar, como si fuera una elección que yo misma hubiera hecho.

Él me miraba, me acariciaba, exhalaba su aliento cálido sobre mí y me frotaba, a veces con su camiseta; a veces, con su pantalón.

No pasó mucho tiempo hasta el primer bocado. Le gustó a él más que a mí. Me gustaba darle placer, pero necesitaba defenderme, teñir mi carne jugosa de algún color para protegerla. Fui mengüando, fui perdiendo fuerzas, mientras él me sostenía con ímpetu, entre la boca y las manos. Ya había pasado todo cuando miró mi corazón desnudo por última vez. Sorbió algo más del jugo y me lanzó con fuerza hacia ninguna parte.

No me dio las gracias.

Un perro me olisqueó. Unos niños jugaron a darme patadas durante más tiempo del que podía soportar. Fui dejando un rastro de lágrimas en todo el recorrido, pero a nadie le importaba. Sólo al perro, que las lamió hasta no dejar huella.

Cada vez más consumida, me fui dejando llevar por el viento, por algún animalillo, por alguna patada de quién fuera… hasta ningún lugar.

Sólo quería que me tragara la tierra. Y un día ocurrió. Casi cuando ya no tenía cuerpo que proyectara sombra alguna, yacía en mi no-lugar esperando no sabía qué. Y empezó a llover. Mi sequedad a la intemperie se convirtió en oscuridad húmeda, protegida al fin. Volví a sentir que me acariciaban, esta vez, de verdad. Me acariciaban y acariciaba yo. Noté que empezaba a cambiar, que me empezaba a sentir fuerte, más enérgica y viva que antes.

Pasaron meses y vi la luz. Broté lo justo sin saber que ya era inevitable, que el movimiento era únicamente hacia adelante. La lluvia volvió a mimarme varias veces más. Tantas, que ya voy desperezándome, estirando brazos y dedos y adornándome con otros matices. Creciendo, sintiéndome bella, querida, cuidada, libre.

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