En este camino no se encuentran arrieritos.

Querido 2017

Querido 2017,

Habrá quien te hable como si tú escucharas, ¡qué curioso! ¿No?

Por eso, porque sólo eres un número, una idea abstracta, yo no voy a pedirte nada. Por eso, y porque una mujer sabia me dijo “no te generes expectativas”. Pocas veces me han ayudado tanto con algo, a simple vista, tan desalentador.

No te estreses conmigo, 2017, este vértigo es sólo mío. La prisa me la he inventado yo. En 2016 supe de los beneficios de procrastinar, aunque siga sintiendo que llego tarde a las cosas.

2016… de ese ladrón quería hablarte. ¡Menudo desorden emocional!

2017, no intentes desbordarme, 2016 ya lo sabe: mi cauce es moldeable. No trates de aprisionarme, en 2016 ya me aplastó el techo y resultó ser porque yo me había elevado.

Te puedo dar un consejo: intenta no hacer lo que ya hayan hecho otros. 2016 ha sido un año de mucha pérdida, donde para que mi vida diera un giro vertiginoso, a alguien le tuvo que ir algo mal. Aquel año se me fueron algunas personas y a otras “las fui” yo. Gracias, 2016,  por no llevarte a quien creíamos que nos ibas a quitar. El resto de espacio ya ha sido ocupado.

2016 me puso cerca de Leo, de Desi… sólo quiero orientarte un poco por si dudas sobre mis preferencias. Esa es la gente que me gusta.

Dije que no te iba a pedir nada, pero sí quiero indicarte: las cosas que no elijo me gustan si están entre normal y bien.

Estoy preparada para los retos que ofrezcas, total, en 2016 aprendí a esperar, a arriesgar y a mear en botellas.

Puedes venir como quieras, me siento fuerte pero, si puedo elegir, ven bien.

Queridos reyes magos

Queridos reyes magos:
Creo que soy de las pocas personas que quedan sin ver el musical de “El Rey León” y quieren (me valen otros también). Me gustan las cremas que me gustan, pero no tengo que reponer todavía, volved más adelante, mi cumple es en marzo. Quiero libros de psicología (mejor mientras más sistémica), y tiempo para leerlos. Hay unos cuantos en Amazon. El tiempo no sé dónde se compra. Pero también hay cosas que no me compraría y me gustan.
Los conciertos me suman minutos de vida, así recupero esos que me quita el hecho de estar dedicando horas a ser un robot de escritorio. No me gustan los perfumes. Me gustan los abrazos largos y sin hueco. No me gustan las frases vacías ni la nueva corriente buenista y sus fieles que comparten insustancialidad sin cuestionársela. Igual me iría mejor si supiera ser feliz leyendo carteles obligándome a serlo.
Ya me hice una agenda y tengo varias libretas. Me gusta escribir. Creo que tengo material de oficina de sobra. Me gustan los dos puntos al empezar una carta, nunca he confiado en esa coma.
Quiero creerme lo que me dicen. Tengo rodillos para quitar pelusas, si hay algo parecido que quite el sentimiento de soledad, impotencia y frustración, lo quiero. Quiero a la gente que ha venido nueva a mi vida este año y quiero que se queden el tiempo que sea bueno. También quiero a los que se han ido, sobre todo los quiero idos. Y quiero a quien vuelve porque quiere.
Tengo bufandas, gorros y guantes. Quiero ver la aurora boreal, polar y austral. Quiero viajar, Asturias me sentó bien. Me queda mucho norte por ver. Quiero que el master se me haga ameno. Quiero trabajar, no quiero estudiar con la sensación de estar cumpliendo un trámite tras otro.
Quiero seguir sintiendo con intensidad aunque no siempre sea bueno. Quiero, tengo, necesito… porque esta es mi carta de reyes y pedir la paz mundial es gritar en un acantilado. Quiero también cosas para otros, pero pide tú por ti.
No quiero gastar tiempo ni dinero en que me enseñen a valorarme. No quiero necesitar aceptación. Deseo que no se cuestionen mis decisiones.
Me gustan los significados de la palabra “familia”. Ponme tres.
Quiero su voz sin dispositivos.
No quiero echar de menos ni de más.
Me he liado, yo sólo venía a decir lo de “El Rey León” y los libros.
He sido buena.
Atentamente,
Eva

Sobre “Columna | Mujeres; por David Trueba”

Quiero quitarme la costumbre de agarrar el móvil en cuanto me despierto, pero ya que el sonido de la alarma viene y se apaga desde ahí, conecto con el mundo y leo los titulares y los Trending Topics del día.

Hoy, entre otros, era TT David Trueba. Poco se adivinaba al hacer click, ya que la mayoría de la gente que había compartido su artículo lo enlazaba directamente sin más mención que la que viene por defecto: “Columna | Mujeres; por David Trueba”.

De entrada, todo me atraía: columna, mujeres y David Trueba. Así que hice un click más y fui a la entrada en cuestión (la enlazo aquí para vuestra comodidad).

Aplaudo, que conste desde ya, a las mismas mujeres de las que él habla, a las que él alaba, ya que yo también lo hago. Pero tengo que darle un par de vueltas más a su frase “a España la salvan las mujeres mayores”. Y ahí, en el mismo párrafo, a la vez que elogia un modelo de mujer, denigra a otras. Se está convirtiendo en costumbre destacar las cualidades de unas, no porque sean buenas en sí mismas, sino en odiosa comparación con otras. Esto mismo, aunque tratando un tema más superficial,  ya lo dije en mi post Imperfecta sobre las “mujeres reales”: “Y no caigo en la trampa de sentirme halagada cuando tiran por tierra la belleza de una modelo porque deja de ser “una mujer real” en el peligroso lenguaje de una campaña publicitaria. No sólo siento que no lo hacen a mi favor, sino que lo hacen en contra de alguien más”. Aquí he sentido lo mismo cuando le dice a la futura reina en quién tiene que fijarse y en quién no. Porque, una vez más, sólo hay una forma válida de hacerlo bien como mujer. Nosotras, siempre cuestionadas, siempre juzgadas, siempre en el punto de mira.

Más adelante habla de una anécdota de Elena Santonja junto a otras mujeres porque “fueron gente libre”. La libertad hecha parodia cuando consiste en que la echaron del trabajo por decir lo que pensaba. ¿Qué pensaba? Que una mujer (“cursi y pazguata”) colocada por enchufe era fea y no le merecía la pena ni maquillarse. Bravo, fomentando, una vez más, la pelea de gatas…

Me doy cuenta, claro está, de la intención de David al escribir dicha columna, pero me aterra que “el subtema” esté tan socialmente aceptado que muy poquita gente ha visto lo que yo. A veces nos ciega el titular y la firma o la buena intención de quien publica o de quien comparte.

Y me vengo al blog porque ha habido quien me ha pedido explicar por qué no me había gustado la columna. Por esto, porque de entrada caí en la trampa del bien proyectado titular “Columna | Mujeres; por David Trueba”. Pero me gusta analizar la realidad de forma crítica, me gusta mirar más allá y, por suerte o por desgracia, desconfío de que hayan hecho una mínima reflexión los que lo comparten y comentan simplemente con un “genial” o “magnífico”. Sospecho, sobre todo, del contagio de las cuentas verificadas que lo comparten aplaudiendo sin más o comentando con un “de obligada lectura”. Inviten a leer, sí, pero inviten también a reflexionar.

Honestamente, creo que en este artículo hay más estereotipo que contenido. Y David me parece el propietario de una cabeza privilegiada que no ha proyectado aquí.

 

Resumen de El Viaje

Hace una semana y un día cumplía un sueño: un viaje que creía utópico.

Y como este no es un blog de viajes y aún me faltan fotos de paisajes de cámaras ajenas, seguramente me centre en el sentimiento más que en el lugar, pero puedo ayudaros si queréis saber cómo lo hice para no gastar mucho más de 300€ incluyendo alojamiento, comida y transporte. Una parte importante para hacerlo económico es tener a alguien allí que te lo haga fácil y te lleve a los sitios o te los indique con claridad. Nosotras tuvimos la suerte de contar con @old_BlueHat, que junto a @mgom5, fue la mejor anfitriona que pudimos tener. Gracias por vuestra generosidad. Así como @ragaaza, a quien avisé sin tiempo e improvisó una visita cronometradísima por rincones que nos quedaban por ver y a los que no habríamos llegado solas.

A todas las personas con las que estuve las conocí a través de Twitter. Las redes son maravillosas si sabes usarlas. Las nombro con su nombre de usuario por no dar datos que no dan ellos.

A @PajaritaStory y a mí se nos rompieron planes, proyectos y alguna víscera casi a la vez. No hay mal que por bien no venga, pues aquello nos unió hasta el punto de adaptarme a sus vacaciones y realizar juntas El Viaje. Estaba para nosotras, no hay más explicación. Fue, sin duda, la mejor compañera de coche y habitación que he tenido en toda mi vida. Porque sí, porque mi “¡Quemedaiguá!” era auténtico, porque ojalá mi mayor problema sea ver ropa ajena amontonada en una silla. Supimos improvisar a la perfección los turnos en el coche y en el baño. Que también daba igual si queríamos quedarnos un ratito más remoloneando en la cama y salirnos de los horarios habituales de todo. No habíamos llegado hasta allí para hacer un “lo de siempre”, no. Y bien que lo demostramos.

Después de casi 12 horas de viaje, alargado debido a las múltiples paradas – algunas más extensas y amorosas que otras – llegamos por fin al paraíso, donde nos esperaban @old_BlueHat,  @mgom5 y Horus. Allí nos habían preparado una cena casera a la que no le faltaba ni un detalle. Esa noche no tuvimos tiempo de visitar nada, pero nos abrazamos mucho, comimos melocotones con atún y nos hicimos corazones en el pelo. No conseguí que Horus no hiciera ruido con la boca. Y tuve claro que necesito a más gente como @mgom5 que me ría hasta mis momentos más absurdos. Algunos sólo tenían gracia cuando le hacían gracia a él.
img_3871Al día siguiente visitamos Cangas de Onís, Covadonga y los lagos. El pronóstico del tiempo amenazaba lluvia, pero no hay mejor estrategia que no dejarse intimidar. No llovió. Tras la visita por los rincones más característicos de Cangas de Onís, comimos empanadas variadas en un merendero de esos de los que no te quieres ir nunca.En Covadonga quedé impactada por el paisaje mágico de la Santa Cueva. img_3874Y se me olvidó preguntar, antes de hacerlo, si al beber de la fuente del matrimonio, me caso sólo con alguien que también haya bebido de los 7 caños, o si da igual. La niebla no nos dejó ver el lago Enol en la subida, así que seguimos hasta el lago Ercina, de cuyas vistas pudimos disfrutar y de donde tenemos las que considero las mejores fotos del viaje. A la bajada, pudimos ver el lago Enol, ya que se había despejado la zona. img_3916Durante el trayecto, tanto de ida como de vuelta, tuvimos la valentía de confesar nuestros pecados musicales, en los que coincidimos, ya sea por una cuestión generacional o, simplemente, de mal gusto…  El caso es que fue así como acabamos cantando a voz en grito canciones de finales de los 90 y principios de milenio que jamás reconoceremos haber cantado. Y no sólo eso, también tuvimos que asumir que @PajaritaStory diría “¡Una vacaaa!” cada vez que nos cruzáramos con una. Os recuerdo que estábamos en Asturias.

Al día siguiente, tras un sueño sorprendentemente reparador, visitamos Llanes, los bufones y Lastres. @old_BlueHat, de nuevo, poniéndolo todo fácil y cómodo, hizoimg_3918 del lunes otro sábado (y cruzamos en rojo los semáforos…). En la visita a los encantos de Llanes, descubrimos un sitio idealísimo para comer del que nos costó arrancar: El Cuera, donde nos pusieron el mejor pastel de cabracho que habíamos probado y puedo asegurar que en el poco tiempo que llevábamos allí, ya habíamos degustado tres platos de lo mismo. Las vistas desde la terraza del restaurante eran una maravilla. De ahí, fuimos a los bufonesimg_3993. Mientras OldBlue nos contaba lo que eran y que pronto empezaríamos a oírlos, mi oído privilegiado llevaba un rato enviándole a mi cerebro la señal de: “¿qué es ese ruido del demonio?” Allí estaban, levemente activos, pero dejándonos ver lo que saben hacer, que es, sin duda, bastante más que ruido. Y si vas a verlos y tienes la mala suerte de que no te montan el show, el simple hecho de saber lo que hay ahí, lo que se oye y de ver el paisaje rocoso con todas las piedras esculpidas en una misma dirección, ya impresiona. Y los acantilados… ¡si es que daba igual hacia dónde miraras! La última visita del día fue a Lastres, una villa marinera con la peculiaridad y el color de los pueblos asturianos. Confío en tener algún día las fotos de todas las cámaras y completar esta entrada. Aunque siempre podéis mirar en google o ver la serie Doctor Mateo. 

Martes, @PajaritaStory y yo adormiladas y perezosas decidimos que la mañana la íbamos a dedicar a ver Oviedo, que nos daba vergüenza reconocer que, teniendo el hotel allí, no supiéramos decir nada de la ciudad, la cual sólo habíamos visto en coche. Así que dimos un paseo y nos hicimos la foto reglamentaria con Mafalda y Woody Allen. Ese día OldBlue trabajaba, que alguna de nosotras tendría que ser mujer de provecho, así que pasamos la mañana buscando sitio para aparcar por el centro hasta que, tras el paseo entre estatuas de bronce, nos dio la hora de partir hacia Gijón, donde nos esperaba @ragaaza, que nos hizo una visita por la ciudad, atravesando el prao como las cabras, explicándonos la historia de cada rincón y llenándonos la panza hasta reventar de comida y risas. Aún tiene que recordarme todos los sitios que vimos. Recuerdo cada sitio de Gijón, el Cerro de Santa Catalina, Cimadevilla, la casa de Jovellanos, La Tabacalera, la olla de fabada que decían que era un “cuenquín” y de la que nos servimos unos 5 platos y sobró para otros cinco… Repetimos el ritual de la sidra, pero quedando menos de paletas gracias a la explicación de @old_BlueHat el primer día, y probé el que sería mi segundo cachopo, esta vez con cecina y queso de cabra. Me vine sin saber para cuántas personas está pensado un cachopo. Ese día tuvimos la suerte de recibir la visita fugaz de @_Ayalga_ a la que ya creíamos que no veríamos y era comprensible por ser entre semana y por los kilómetros que nos separaban. Se hizo un trayecto de 3 horas ida y vuelta sólo para estar media hora con nosotras. Gracias por el esfuerzo, de verdad.  @ragaaza, sabiendo que íbamos justas de tiempo, a las 18:00 prometió que nos haría una ruta de media hora por tres sitios, lo que ella definió como la visita del chino, diciendo: “bajal, foto, y malchal, malchal, que se va el autobús”. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al visitar exactamente tres sitios relativamente separados el uno del otro y cada uno con su historia bien explicada, llegamos al aparcamiento donde @_Ayalga_ tenía su coche y vemos que son exactamente las 18:30. Si los lugares de Asturias son mágicos; las personas, ya ni te digo.

A la vuelta nos reuniríamos todos para tomar algo rápido y marchar cada uno para su casa previa despedida y última cena con los anfitriones mayores. Con las lágrimas de emoción de una despedida en condiciones cuando te lo has pasado tan bien. Porque, como bien resumió OldBlue, no había habido ningún incoveniente, ya que, cuando algo no iba como lo habíamos planeado, las cosas no iban mal, sino diferentes y la lluvia no era impedimento si llevábamos gorro, pañuelo o capucha.

Entre otras muchas cosas, nos quedaron por ver Cudillero, la costa de occidente, el fu, fu, fu, funicular y los Picos de Europa, que supimos que estaban porque confiábamos en quienes nos lo decían, pero la niebla no nos dejó verlos ni un sólo día. Por eso y por los lazos que allí hicimos, tenemos que volver.

Gracias a todas y cada una de las personas que lo hicieron posible, empezando por nuestras sufridas madres y el pánico de saber que sus hijas están en carretera, a quienes nos animaron cuando se lo contamos, a quienes nos recibieron con los brazos abiertos y a la amabilidad de los desconocidos, destacando la de la recepcionista del hotel, a quienes se enteraron por las fotos publicadas en redes y nos enviaban sus mejores deseos… En definitiva, a los que lo hicieron real y a los que pusieron su granito de arena en hacerlo aún más grande.

PD: Actualizaré la entrada con más fotos en cuanto las tenga y la volveré a compartir. Soy muy coñazo cuando algo me hace feliz.

Imperfecta

Se ha puesto de moda definir a una “mujer real” como alguien con unas características físicas contrarias a lo estipulado. ¿Acaso las primeras no eran reales? ¿Acaso no lo soy yo, que ni tengo delgadez de pasarela ni las curvas de aquellas que aparecen en los artículos que abogan por otro tipo de realidad (tan real – o tan artificial, por photoshopeada – como la anterior)?
Tanto el negocio de la moda con las campañas de marketing apoyando las curvas 9324387-an-image-of-a-girl-with-a-muffin-top-waist-who-doesnt-fit-in-her-jeans-stock-vector(que no los kilos de más, sino los kilos de más puestos donde mejor puestos están), cuestionan el ideal del cuerpo femenino. Y no, nunca encajo. Pero soy real, lo juro. Amo, vivo, respiro, lloro y río. Siento dolor y placer. Me agobio, me canso… Y, sobre todo, me canso de la estupidez. Y no caigo en la trampa de sentirme halagada cuando tiran por tierra la belleza de una modelo porque deja de ser “una mujer real” en el peligroso lenguaje de una campaña publicitaria. No sólo siento que no lo hacen a mi favor, sino que lo hacen en contra de alguien más. No deja de ser, una vez más, una guerra de tallas que no benefician ni a unas ni a otras.

Os voy a enseñar algo. ¿Sabéis que es esto?

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Soy yo y mi barriguita de hace unos días. Yo, más de 160 centímetros y menos de 60 kilos. Pero ahí está, esa barriga definida como antiestética, porque así nos lo han enseñado. Lo reconozco, no está tonificada porque, ¿sabéis qué significa esta protuberancia?

Esto es anatomía, es genética, es grasa, piel, músculo… La mayoría de las veces representa un momento concreto de mi ciclo menstrual. A menudo, gases, estreñimiento, estrés, falta de ejercicio… Yo soy esta barriguita y soy todas esas cosas que acabo de nombrar. Soy una mujer – obviemos lo de real – que ya celebró los 30, que ha pasado años enteros combinando la silla del escritorio con la del trabajo, que ha vivido día y noche trabajando y estudiando sin apenas descanso y sin tiempo para hacer ejercicio, ni currarse un sanísimo y sabroso menú del que presumir en Instagram. No son excusas, son motivos reales que justifican mi cuerpo imperfecto.

¿Pero sabéis qué significa también? Significa no ponerme un vestido en concreto por si se nota, supone un complejo que hace 15 años me llevaba incluso a no salir o a vestirme diferente para disimular, a comer menos, a esconderme, a ser infeliz.

Y esto lo ha conseguido año tras año la cultura en la que nos ha tocado nacer y lo mucho que nos ha contaminado. Aunque es cierto que hay cabezas más vulnerables que otras, yo caí en la trampa de no verme nunca bien porque alguna parte de mí misma, de eso que soy y no se puede cambiar, no encajaba en unos cánones de belleza en los que parecía que también tenía que incluirme por haber nacido aquí y así.

Y por eso tampoco es 100% culpa de la mujer que hace unos días destacó que a ella no le marca barriga algo que a mí sí (incluso habiendo ella parido y yo no, que bien claro me lo dejó). Ni de la que cumplió los 45 teniendo un cuerpazo retando a otras mujeres a llegar a su edad con sus mismas condiciones físicas. Me gustaría, sí, pero tengo barriguita a los 30 porque mis aspiraciones en la vida no son llegar a según qué edad con un físico determinado, sino con una plaza como docente, entre otros retos personales. Que si la naturaleza ha sido generosa contigo, ambas cosas son compatibles, pero también estamos los que tenemos que trabajarnos tener el vientre plano o el pelo liso y, a menudo, hay que hacer sacrificios para obtener otras metas menos perecederas.

No necesito que me digáis que estoy bien o, peor aún, bien para mi edad. No quiero que me digáis que mi barriguita no es para tanto porque he protestado. Me basta con que no le digáis a otra persona, o a mí misma, que no está bien, porque siempre hay una historia debajo de esos kilos que nos han enseñado a juzgar como de más o de menos, a no ser que entre en juego la salud, que ese ya es otro tema. No me estoy quejando de mi cuerpo, mi protesta va más allá. Si llegas hasta aquí creyendo que me lamento por no tener un cuerpo de catálogo o que busco autoafirmarme o conseguir aprobación, por favor, vuelve a empezar la lectura.

Actriz en garitos pequeños

No sé por qué siempre digo “hago teatro” en lugar de “soy actriz”, cuando ninguna de las dos cosas son correctas al 100%. No sólo hago teatro, también cuentacuentos, cortometrajes, sketches y anuncios. Y actriz es sólo una parte de las muchas cosas que soy y de las que disfruto oficialmente desde el año 2000.

De las primeras cosas que hago cada vez que cambio de ciudad (y no han sido pocas las ocasiones) es buscar el grupo de teatro local y meterme de lleno. Así es como he pasado por un total de 5 agrupaciones culturales en 3 ciudades distintas.

Lo que venía a contar no es mi recorrido por la interpretación, sino aspectos relacionados con mi observación del mundo (pa variar) y mi experiencia como “actriz en garitos pequeños”.

Como ya he indicado más arriba, he actuado en ciudades diferentes. No sólo por las diversas agrupaciones de las que he formado parte, sino porque afortunadamente no nos quedábamos únicamente en la localidad cuna de los grupos en sí. Han sido varias las ocasiones en las que hemos disfrutado de la convivencia, del trayecto y de la actuación en cualquier otro sitio relativamente cercano.

Pero, ¡ay! Cuando actúas en tu pueblo, durante varios días, no sabría decir cuántos, tú no eres tú. Si ya, automáticamente, en los ensayos te acostumbras a responder por tu nombre y por el de tu personaje, durante algunas semanas, en el pueblo la gente por la calle también te hablará como si formaran parte de la obra.  Así pues, he respondido a los nombres de Julia, RitaBlanca, Alicia, Melodía… y, como parte del equipo, también se me ha identificado este año con el nombre de micro 2. Es un gusto ver a tus vecinos mirarte con asombro por la calle, como si tú no fueras tú porque no es a ti a quien ven, sino a tu personaje, al que ayer estaba en el escenario, al que les hizo reír o llorar, al que les conmovió o les hizo pensar. Y en ese momento no eres Eva ni te brota responder como tal porque no es a ti a quien buscan, lo percibes y, al menos a mí, me agrada.

Tanto es así que, hace unos días, una persona que conozco de toda la vida, sin tener un trato personal, pero sabiendo el uno del otro de nuestra existencia, me paró por la calle para felicitarme, darme dos besos y decir que estaba encantado de conocerme. No me acababa de conocer, era obvio, pero el mensaje iba más allá. Estaba conociendo a quien tanto le había hecho reír y ese personaje soy y no soy yo. Tenía razón, era su primer contacto con ese ente.

Me gusta que me paren por la calle, siempre dicen algo que te hacen sentir bien. Los más tímidos, te miran y sonríen y tú ya adivinas que ocuparon algún lugar en el patio de butacas. Los niños, algunos se acercan y otros te llaman por tu nombre ficticio y luego disimulan. Hay quien te grita tu frase más típica. Este año, lo que más me han dicho es “¿Te puedo tocar?” al haber representado a un personaje extremadamente escrupuloso. Pero hay quien fue más allá y le dio otro sentido a la frase añadiendo “para ver si eres de verdad”.

Es un gusto sentirse atendida de este modo, ser tú y a la vez esa criatura que tanto has estudiado, cuyos movimientos tanto has medido para que, aun teniendo tanto de ti, se parezcan lo menos posible a los tuyos. Se cierra el telón y no das el trabajo por concluido porque el público te espera en cualquier calle para recordarte quién has sido en las tablas. No me dedico profesionalmente a la interpretación (no por falta de ganas), pero tanto en esta afición como en mi profesión, me quedo con la satisfacción de sentir que hago algo por alguien más que por mí misma y que a la vez recibo reacciones, impulsos que me animan a seguir por ambos caminos, esos que vi claros desde muy pequeña cuando vestida de princesa, de hada o de bruja, soñaba con dar clases en un idioma que aún desconocía.

No me equivoqué.

*Aplausos*

Desglosando “Picky”, de Joey Montana

¡Nos la han vuelto a colar!

Por un lado, a una generación que baila reggaetón y no se preocupa por las letras machistas, vulgares y retrógadas que suelen acompañar a este género musical, sino que que está más enfocada a mover el cuerpo al ritmo de los tamborazos y a hacer bien el perreo que a analizar el mensaje implícito aunque acompañen sus bailes con la mímica que, al menos a mí, me deja claro que algo de lo que está pasando sí que lo saben. Q-0rEPor otro, a los que ya bailamos Abanibí, Aserejé y Sarandonga sin cuestionarnos si aquello significaba algo en realidad. ¿Nos vamos a poner a buscar lo que es Picky? Yo sí, no sólo porque sé inglés, sino porque el resto de la letra, ya en castellano, me hizo darle el significado exacto y no pensar que sólo estaban haciendo un estribillo pegadizo como ya nos pasó con Cidinho & Doca (La Tropa Élite) con su Parapapapapapapa (siento deciros que lo que bailamos con esta canción no era otra cosa que sonidos bélicos).

De alguna manera, y por hacerlo encajar con el estribillo original, lo que está diciendo con lo de “es tan picky, picky, picky, picky, picky” es que “ella es una tiquismiquis”. ¿Qué pasa con ella? Veamos.

Le digo hola y ella me dice goodbye
Le digo nena como tú ya no hay
Dice que tiene novio pero yo no le creo
Y es que se complica cada vez que la veo eh oh

Ella ya te lo ha dicho, Joey, creas o no que tiene novio, el hecho de que no lo tenga no te hace a ti candidato ni para bailar ni para acercarte a hablar si ella ya ha tomado una decisión.

Suena la musica
Y lo que yo quiero
Es bailar contigo nena pero yo no puedo
No puedo
Me dice “yo no quiero”

Y aun diciéndole claro que ella no quiere, él sigue insistiendo porque todavía hay garrulos que piensan que cuando una mujer dice “no”, significa que le insistas y, entonces, ella tiene un problema, porque tú interpretas que se muere por tus huesos pero le gusta hacerse de rogar. Así pues, vamos a hacer entender lo que resume la actitud enfermiza de esta canción en tan sólo un estribillo:

Pero se complica yo no entiendo porque es tan

Picky picky picky picky picky
Demasiado picky picky picky picky picky
Si yo le salgo por la izquierda
Se va pa’ la derecha
No sé lo que le pasa
Conmigo ella no quiere bailar 

Ahí, admitámoslo, “conmigo ella no quiere bailar” reconoce que él lo sabe, aunque no hace más sana su actitud, ya que sigue pensando que ella es una quisquillosa. No tiene que pasarle nada en particular ni nada personal: ella no quiere bailar contigo. Déjala en paz.

Ella me gusta pero nunca me hace caso
Ella me mira como si fuera un payaso
Y aunque lo intente al final no tiene caso
Dime qué paso, cuál es tu rechazo

Te lo dijo ya: tiene novio. Sea o no cierto, lo claro es que no quiere contigo y no puede mirarte de otra forma que no sea “como si fuera un payaso” si tú mismo no te estás haciendo respetar saliéndole por la izquierda y por la derecha cuando ya te dijo que NO. La mala interpretación del refranero popular ha hecho mucho daño en frases como “el que la sigue, la consigue” si la aplicamos a una mujer. Aplícalo a una victoria, a una carrera profesional o a una meta personal, pero no a una persona porque, más bien, “el que la sigue, la agobia”.

Why
Me ignoras y te das la vuelta sin siquiera hablarme
Tell me why
Pero dime cómo hacer
Para convencerla a usted
Si yo quería hablarle
Saludarle
Conocerla bien
Yo quería decirle
Que me encanta

img_jferrusv_20160208-125947_imagenes_lv_otras_fuentes_picky_picky_joey_montana_imagen-kXrH-U3019974345320dD-992x558@LaVanguardia-WebEl problema, Joey, es que ella sí sabe ya que te gusta, pero tú no asumes que tú a ella no. Y claro, todo esto se acompaña con un baile pegadizo con cantante y bailarinas que juegan a ser deseables y deseados con poses, posturitas y caidita de pestañas. ¿¡Cómo me va a rechazar alguien!? ¿En qué cabeza cabe que Mari Picky no quiera bailar conmigo? ¡Si soy la puta hostia! ¿Cómo no va a querer que nos conozcamos? A las tías no hay quien las entienda. ¿Es ese el mensaje, Joey? Porque de nuevo y repitiéndolo dos veces cada vez, aquí vuelve el estribillo:

Pero se complica yo no entiendo porque es tan

Picky picky picky picky picky
Demasiado picky picky picky picky picky
Si yo le salgo por la izquierda
Se va pa’ la derecha
No sé lo que le pasa
Conmigo ella no quiere bailar

Me la juego, sé que me la juego con estos comentarios, y asumo mi papel de picky picky picky picky picky si, donde los demás ven una canción pegadiza, yo veo un canto a una agresión, al acoso socialmente aceptado porque somos capaces de hacerle hasta una coreografía y bailarla alegremente. Pero no pasa nada – ironic mode on – , hay mucha gente que sigue pensando que Every breath you take, de The Police es una bonita canción de amor. ¿No es aterrador? ¿Y no lo es, también, que yo escriba esto pensando más en los comentarios que pueda tener en contra que en los que pueda tener a favor? Asumo cualquier controversia, no lo habría publicado si no. El objetivo de mis Desglosando no es más que el de que intentemos ser conscientes de si al taconear en un baile no estamos pisoteando nuestros propios valores morales. No es que yo sea picky, es que las canciones con esta temática son annoying. 


Jordi Bachero

En este camino no se encuentran arrieritos.

jftorres

En este camino no se encuentran arrieritos.

Harto de tanta porfía…

En este camino no se encuentran arrieritos.

La estantería de Núria - Reseñas de libros

¿De qué hablo aquí? Novelas. Cómic. Álbum ilustrado. Ensayo. Y, en general, cualquier texto que pase por mis manos.

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Cine y palabras

Zarathustra Callao

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TODOPODEROSO

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Mi senda

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La mirada volátil

"Lo único que nos tapará la boca serán los besos"