En este camino no se encuentran arrieritos.

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Ando de vacaciones desde hace un par de días, y por eso he podido seguir esta historia. Mis vacaciones no han sido de hotel y playa (ni, mucho menos, tranquilidad), pero sí lo suficientemente ociosas para permitirme llevar las redes al día.

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Escribo hoy “Manuel Bartual” y aparecen 503,000 resultados y diferentes medios haciéndose eco: 20minutos, La Vanguardia, Público…

Hace unos días no sabía quién era. La madrugada del viernes fue la primera vez que supe algo de él: su nombre, y su número de seguidores: unos 80,000. De pronto, alguien era primer Trending Topic y no era ni un político, ni un eslogan, ni un futbolista. Era “Manuel”, así, tal cual. Me metí en su cuenta, estaba pasando algo muy gordo. Antes de saber qué pasaba, refresqué varias veces su perfil y vi cómo en apenas 5 pulsaciones, sus seguidores subían por centenas en sólo unos segundos. Unas 4 horas más tarde, había doblado los primeros 80,000 seguidores y ya eran casi 200,000. Hablaban otros usuarios de que los 80,000 iniciales también los había conseguido en esa misma semana. No sé cuántos tenía la semana anterior, prometo que nunca había oído su nombre (y no estoy orgullosa de ello, pero no puedo abarcarlo todo). De lo que sí me di cuenta era de que reconocía sus trazos.

Me impresionó tanto el tema de los números, que primero me fijé en esa información y luego busqué el motivo: Manuel se había montado un historión y lo estaba compartiendo en Twitter. Todo estaba redactado de forma tan cotidiana que vi gente actuando como el año pasado con aquel escalofriante caso de Marina Joyce. En su relato, lo mismo te decía que había visto algo, que ponía simplemente “joder, joder, joder”, o te contaba que se había olvidado un bollo en la habitación del hotel y que tenía hambre. Todo parecía estar sucediendo y mucha gente creyó que así era. Otros, sin hacer alusión a la veracidad – o la falta de esta – de la historia, se confesaban enganchados a la trama e indicaban el país desde el que la seguían, de tal modo que acabé tarareando “La Gozadera” sin querer (Bolivia viene llegando, Brasil ya está en camino, el mundo se está sumando a la fiesta de los latinooos).

Había quienes, a altas horas de la madrugada, esperaban pacientemente a que Manuel escribiera otro mensaje, había quienes escribían e interactuaban entre ellos y con el autor y luego, claro, también a quienes les molestaba haber llegado con la fiesta ya empezada (pues ponte cómodo, hay sitio para todos). Manuel aportaba material multimedia a la historia, contaba que había visto a un tío mirando fijamente a su ventana y, acto seguido, lo mostraba en un vídeo difuso, dándole a todo un toque muy realista. De pronto, el mirón desaparecía y él subía una foto de la calle vacía. Muchos de los que creyeron que aquello estaba ocurriendo, le decían cómo salir del apuro y qué harían ellos en su lugar. Claro que, después de haber sabido cómo evitar un atentado, solucionar la movida de Manuel en un hotel, estaba chupao. En un momento dado, temí que pasara como con Marina y la gente le enviara a la policía a su casa. No se sabe nunca cómo van a reaccionar las masas. Imagino que ni el mismo Manuel sospechó la repercusión que tendría la historia que ideó. Y claro, empiezan a aparecer cuentas fantasma, cuentas fake, suplantadores, montajes, memes… Todos sacamos tajada en mayor o menor medida. Yo, por ejemplo, debo tener unos 30 followers más que hace dos días. Pero nunca pensé “¡Guau, chica! Lo estás petando…”, ya que os recuerdo que lo primero que vi fue que Manuel tenía 200,000 seguidores en una semana – ¿qué es lo mío en comparación? – . Sin embargo, sí que vi que hablar del tema le daba vidilla a mis notificaciones, lo que significa que mucha gente se sentía curiosa e interesada por las opiniones de otros.

Había también quienes temían lo peor: que no fuera verdad. ¿De verdad queríais que alguien se estuviera viendo en una situación tan angustiosa? Había quienes ya anticipaban que el final les iba a decepcionar. Y yo sabía que, a esos, sin duda les iba a defraudar porque así lo habían elegido y ni siquiera se estaban permitiendo disfrutar del camino. A mí, lo único que me desencanta de un final es que exista, pero lo asumo, lo gozo y empiezo otro entretenimiento. Yo, desde mi cuenta, invitaba a quien me leyera a seguir la historia, a disfrutarla, a engancharse a algo por puro placer. Nunca vi maldad en esta creación.

Manuel ha terminado hoy su historia. Ha explicado cómo lo hizo, se ha disculpado con los que se puedan haber sentido engañados, con los que se preocuparon en exceso, y nos ha dado una lección sobre la credulidad en las redes: no hay que creérselo todo.

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Como respuesta al final de la narración, se ha creado el hashtag #GraciasManuel, que sustituye en posición al nombre del protagonista, que ha sido primer TT durante, al menos, dos días seguidos. Y sí, estamos agradecidos porque Manuel y su relato llegaron cuando más lo necesitábamos para recordarnos que, una gran mayoría de los que estamos en Twitter, estamos ahí para divertirnos.

 

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Vivimos en un mundo tan agresivo que nos sentimos culpables por vernos guapos, por pensar en nosotros, por gustarnos y por querernos. Aunque muchas veces oímos el “tienes que quererte tú”, hay muchas fórmulas aprendidas que invitan a hacer lo contrario. No tendríamos que aprender a querernos si no nos hubieran enseñado a menospreciarnos.

¿Quién no ha sido vapuleado al decir algo positivo de sí mismo con el famoso “no tienes abuela” o el “baja, Modesto…”? ¿Cuántas veces nos hemos excusado empezando nuestro autobombo con un “está feo que yo lo diga”?

Intentamos reforzar nuestra autoestima pidiendo a nuestras parejas que nos reafirmen su amor. Un día, jugando con mi pareja a la novia pesada, pregunté el típico: “Cariño, ¿tú me quieres?”. Me contestó como todos sabemos que se contestan estas cosas y sonreí. Acto seguido le pregunté: “¿y yo a ti?”. “Mucho y muy bien”, contestó.

Si bonito es que te digan que te quieren, no os imagináis lo que se siente al saber que tus seres queridos tienen la certeza de que tú les quieres a ellos. Por eso, hace unos días,  puse lo siguiente en Twitter:

Fav si te quiero

Las reacciones fueron inmediatas. La primera fue @Niladynimedia y cada fav era una alegría. Algunos me dijeron “tú sabrás”; se apuntó al carro incluso gente a la que no conocía ni me conocía a mí (¡bienvenidos a la rueda del amor!), y otros dijeron tímidamente: “supongo que sí”. Entre la plena convicción y los porsiacasos llegamos casi a ser 50 personas sintiéndonos queridas. Os animo desde aquí a aumentar la cifra.

¿Veis que el corazón está en rojo? ¿Sabéis que significa eso? Sí… yo también hice fav.


Dia de la mujerAyer fue el Día Internacional de la Mujer, conocido también como de la Mujer Trabajadora, porque tiene su origen en el movimiento obrero en el momento en el que grupos feministas dieron el zapatazo. Esto está demasiado y casi injustamente resumido. Pero, ¿sabéis? Vengo a quejarme, no a dar una clase de historia. Porque ahora es todo tan fácil como hacer una búsqueda en google y ver por qué es una gilipollez haber convertido el día de la mujer en el día de: “¿Y los hombres, qué?”

Creía que se superaría, que ya contamos con la información suficiente como para saber que existe un día del hombre (sí, desde 1999). Y, ese día, 19 de noviembre, donde se celebra, si es que realmente se hace, se celebra la masculinidad (encontraréis contradicciones en diversas fuentes, insisto, estoy sintetizando). Vamos por caminos diferentes, ¿lo veis? Entre sus objetivos, se supone que trata de promover la igualdad de género y eso es digno de celebrar, claro que sí. Apuesto a que, de ser más conocido, las mujeres no meterían las narices en “vuestro” día, como lo hacéis vosotros en el “nuestro”. ¿Y sabéis qué es lo más triste de todo? Que el Día de la Mujer no ningunea al hombre. No queremos privilegios a costa de quitároslos. Queremos igualarnos, porque hasta donde sé, ambos creemos que es justo, pero muchos hombres tienen miedo. ¿Por qué hacer dos días diferentes para luchar por la igualdad de género? ¿Sólo para que no se llame “de la mujer”? Me recuerda mucho al niño que llora en el cumpleaños de su hermano porque no es el suyo.

El 8 de marzo se ha convertido en un día de “nada que celebrar”, porque hay mujeres muriendo a manos de sus parejas mientras hay hombres cuya mayor preocupación es que se cambie el término “violencia machista”. Es un día triste cuando miramos a un lado y a otro y vemos que seguimos cobrando menos por el mismo trabajo, jugándonos un puesto de trabajo porque todas somos “potencialmente” madres, incluso cuando la maternidad no entra en nuestros planes.

Y también es el día de leer en un lado y en otro que “las feminazis no le hacen ningún favor al feminismo”. ¿Sabéis quiénes no les hacen ningún favor a un feminismo? Aquellos que utilizan el término “feminazi“. De nuevo, se trata de hacer una simple búsqueda en la red. Ya ni siquiera tienes que ir a una biblioteca y pasar hojas y hojas hasta dar con la clave en libros obsoletos. No, joder, ahora pones las palabras precisas en un sitio y te lleva a otro sin moverte de donde estés. Estoy de acuerdo en que existe una actitud radical que, por serlo, acaba convirtiéndose en caricatura. Sin embargo, aunque no apoyo ningún radicalismo (en eso sí que soy radical…), entiendo por qué actúan como actúan. ¿Sabéis qué reciben esas personas como respuesta? Amenazas. ¿Porque ellas son radicales? No. Pero os dejo la respuesta abierta.

Hoy he visto en varios lugares (Twitter, Facebook, Whatsapp…) este tipo de reacciones de las que hablo y he contestado a alguna. Yo me he sentido atacada a veces e, insultada, otras. Pero cuando se lo haces saber, con argumentos, son ellos los que se ofenden porque tú no les entiendes. Cuesta mucho rebatir un argumento y muy poco responder con ofensivas. Por eso yo quedaré como polémica, porque escribo en un blog argumentando o rebato ciertas afirmaciones de forma diplomática. Los que atacan es que no tuvieron más remedio… ¡pobres!

Buscad en google, el término “feminismo” antes de decir “ni machismo ni feminismo; igualdad”, o su versión más risible: “Ni machismo ni feminismo; seres humanos”. Que no os asuste que “feminismo” comparta la raíz con el término “femenino”. Feminista no es querer superioridad, es “igualdad”, es, para que me entendáis, en vuestro lenguaje pseudo reivindicativo, “seres humanos”.

Espero vivir lo suficiente como para que os deis cuenta de que navegamos en la misma patera, sólo que a veces, por creernos contracorriente, os empeñáis en remar contra las rocas por miedo a un naufragio. Como Jack en Titanic, cabéis en la tabla.


¡Qué fácil es cagarla en San Valentín!

sanvalentin.jpgEl día de los enamorados es algo que nos enseñaron a tener en cuenta y del que ahora nos enseñan a ponernos en contra. En medio de esa contradicción, nos encontramos felicitaciones camufladas de yo-no-quería-pero, el mejor amor es mi mascota, mis hijos… pero hay que quererse todos los días, aunque te lo voy a decir hoy, incluyendo una dedicatoria de esas que tanto detesto porque este día es sólo un día más. Todas las dedicatorias son “una más”, menos la mía. La mía no es una más. Es una más hoy, pero yo ya te quería ayer y, probablemente, te quiera mañana.

Es muy importante que pongáis hoy, precisamente hoy, una foto de vuestra pareja diciendo que vosotros os amáis siempre. 211392234713-versos-de-amorEs imprescindible que pongáis un cartel ñoño con algún texto tipo “Aunque no creemos en estas cosas”. Hay que dedicarle a esa persona un “Nosotros no somos de esto”. Estamos hechos de otra pasta, por eso no lo vamos a celebrar hoy, pero lo vamos a dejar claro con una dedicatoria. Pero no es una dedicatoria de que te quiero, aunque diga que te quiero, porque… ¡me estoy liando! ¡Te quiero! Pero no hoy, quiero decir… Hoy también, pero es que hoy se están queriendo todos. Necesitamos un rincón, una red social donde no se estén queriendo los demás para ser exclusivos en un día en el que todo se parece tanto entre sí. No sé qué ponerte… algo que te recuerde que sigo pensando que no me iría con Brad Pitt, aunque ahora esté divorciado (¿qué estarán haciendo ellos en este día?). Porque podría hacerlo, está disponible. Pero, es que yo te amo a ti.

meregusta-te-quiero-aunque-seas-enojona-y-alteradita-0-812554.previa.jpgTe amo aunque a veces la cague, aunque no sea la pareja perfecta y a veces te enfadas porque fumo a escondidas o veo porno o… mucho peor, a veces adelanto yo solo capítulos de esas series que vemos juntos. Te amo, aunque no te merezca, porque soy lo peor. Felicidades por este tiempo a mi lado, porque estar conmigo es lo mej… contigo, estar contigo, mi amor. Enhorabuena por tenernos, mi bebé.

hqdefault¡Ay, yo no sé hacer esto! Porque hay querer todos los días y hoy hay tantas flores y tantos corazones y tanto chocolate y tanto rojo, que me pongo nerviosa y acabo enredándome en el conjuntito sexy que me pongo para Instagram, mordiendo las flores y poniendo los bombones en agua.

Y yo hoy, que lo sepáis, no voy a celebrar nada. Ni mañana, que, con la resaca del cenorrio de San Valentín, va a ser insoportable.

 


nominados-goya-2017.jpgAyer vi la gala de los Goya. Creo que no podía empezar con una frase más impactante que esa. Quien me conozca, lo sabe.

Pues sí, ayer vi la gala de los Goya por aquello de hallar el equilibrio entre momentos en los que hacemos mis cosas y otros en los que nos dedicamos a sus mierdas (❤). Por eso, ayer vi la gala de los Goya.

Creo que he dejado ya lo suficientemente claro que ayer… vale, vale.

Ver la gala de los Goya en pleno boom de redes, es todo un experimento social. Para empezar, por el hecho de ver una constante campaña en contra del presentador una semana antes de la celebración. Es curioso, muy curioso, cómo usuarios de las redes veían necesario cada día manifestarse en contra de Dani Rovira ondeando la bandera de la soberbia del derrotista. Con esto, no me declaro ni a favor ni en contra de lo que hizo (una vez visto) Dani en la gala. No he venido a eso. No soy tan osada como para juzgarlo y señalar en una persona el trabajo de un equipo. Ni tampoco tengo la arrogancia ni la experiencia suficiente como para hacer crítica de cine. El principio de este párrafo deja claro mi objetivo.

danitacones-u202428855627jac-510x286abcDe la gala, sólo me atrevo a puntualizar el hecho de que un hombre utilice unos tacones para representar el papel de la mujer en el cine y en la sociedad. No me siento identificada con unos tacones, por el mismo motivo que vi inneceario que los monigotes de los semáforos llevaran falda. Pero el gesto, la reivindicación, sí son necesarios. El zapato de tacón, como alegoría, es reconocido universalmente.
Si nos ponemos a ladrar por eso, deberíamos hacerlo sugiriendo algo mejor. DL_u334070_101-1-635x480.jpgPero ya os digo que a mí, como mujer, no me representa ningún símbolo: ni una teta, ni el color rosa, ni el Santo Grial, ni el símbolo de Venus que tan bien hemos asumido como representación de lo femenino. No estoy tampoco orgullosa ni agradecida por que se ponga alguien delante de un micrófono a decir que hacemos falta, porque ocurre que me entristece que, a estas alturas, haya que seguir insistiendo en ello. Mucho más me llega el chal de Cuca Escribano. Más directo, más acorde, y con menos parafernalia.

Pero vuelvo al tema principal: la audiencia que presume de no serlo. Junto con la campaña anti Dani (que ya ves tú lo que afectó a nada), añadimos el hashtag que fue trending topic desde la mañana del día de la gala: #BoicotalosGoya. A elevarlo entre los temas que eran tendencia ese día, ayudaron tanto partidarios como detractores del cine español. Sin embargo, gracias a ese hashtag, hubo gente que supo que existía tal cosa y que era ese mismo día. Bravo, gentes de Twitter, una vez más dejáis claro que las encuestas y la opinión twittera no es más que una versión paralela a la realidad. A mí el término “boicot” me ha parecido siempre gigante, me daba escalofríos. Pero por causas así se ha banalizado de tal forma que se vuelve risible cuando observas que en las puertas de la gala no hay nada reivindicativo más allá de las fronteras de twitter. Tan sólo periodistas que preguntan qué les parece el boicot a supuestos afectados que dicen: “¿qué boicot?”

Que si las subvenciones, mal; que si el IVA, mal. Que sí, que todo está mal, pero no tan mal como que ni el presidente del gobierno ni los reyes hagan acto de presencia en la fiesta del cine español. Hace unos días, varios políticos felicitaban a Rafa Nadal (por jugar) y a Javier Fernández (por ganar). Sin embargo, no encuentro felicitación a los premiados o nominados por parte de los mismos que felicitaron a los deportistas. Si bien contaron una vez más con el apoyo de Manuela Carmena, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, y Albert Rivera, no deja de ser vergonzoso no sólo que Mariano Rajoy no acuda a la gala, sino que reconozca en una entrevista su indiferencia para con el cine español (“No lash he podido ver. Para mi deshgracia, no voy al cine. Leo novelash”).

Así, con este panorama, la gente se siente con total confianza para derrotarlo, para valorar un producto que ni siquiera consume, para protestar por la calidad de unas películas que no ven y por el talento de unos actores basando su opinión en su ideología política. O para que nos parezca innecesariamente largo el discurso de la merecedora ganadora del Goya de Honor. Como colofón, el último tweet que leí durante la gala: uno en el que alguien protestaba por el precio de las palomitas. Así se entiende el cine aquí, pero no veremos jamás #Boicotalaspalomitas (¿os imaginais?).

Para poner el punto final a esta publicación, me sirvo de una frase de Bayona (tweet eliminado) que espero remueva conciencias:

“No hay cultura buena o mala, la hay constructiva o destructiva. Y vosotros sois una expresión de ella.”


Quiero quitarme la costumbre de agarrar el móvil en cuanto me despierto, pero ya que el sonido de la alarma viene y se apaga desde ahí, conecto con el mundo y leo los titulares y los Trending Topics del día.

Hoy, entre otros, era TT David Trueba. Poco se adivinaba al hacer click, ya que la mayoría de la gente que había compartido su artículo lo enlazaba directamente sin más mención que la que viene por defecto: “Columna | Mujeres; por David Trueba”.

De entrada, todo me atraía: columna, mujeres y David Trueba. Así que hice un click más y fui a la entrada en cuestión (la enlazo aquí para vuestra comodidad).

Aplaudo, que conste desde ya, a las mismas mujeres de las que él habla, a las que él alaba, ya que yo también lo hago. Pero tengo que darle un par de vueltas más a su frase “a España la salvan las mujeres mayores”. Y ahí, en el mismo párrafo, a la vez que elogia un modelo de mujer, denigra a otras. Se está convirtiendo en costumbre destacar las cualidades de unas, no porque sean buenas en sí mismas, sino en odiosa comparación con otras. Esto mismo, aunque tratando un tema más superficial,  ya lo dije en mi post Imperfecta sobre las “mujeres reales”: “Y no caigo en la trampa de sentirme halagada cuando tiran por tierra la belleza de una modelo porque deja de ser “una mujer real” en el peligroso lenguaje de una campaña publicitaria. No sólo siento que no lo hacen a mi favor, sino que lo hacen en contra de alguien más”. Aquí he sentido lo mismo cuando le dice a la futura reina en quién tiene que fijarse y en quién no. Porque, una vez más, sólo hay una forma válida de hacerlo bien como mujer. Nosotras, siempre cuestionadas, siempre juzgadas, siempre en el punto de mira.

Más adelante habla de una anécdota de Elena Santonja junto a otras mujeres porque “fueron gente libre”. La libertad hecha parodia cuando consiste en que la echaron del trabajo por decir lo que pensaba. ¿Qué pensaba? Que una mujer (“cursi y pazguata”) colocada por enchufe era fea y no le merecía la pena ni maquillarse. Bravo, fomentando, una vez más, la pelea de gatas…

Me doy cuenta, claro está, de la intención de David al escribir dicha columna, pero me aterra que “el subtema” esté tan socialmente aceptado que muy poquita gente ha visto lo que yo. A veces nos ciega el titular y la firma o la buena intención de quien publica o de quien comparte.

Y me vengo al blog porque ha habido quien me ha pedido explicar por qué no me había gustado la columna. Por esto, porque de entrada caí en la trampa del bien proyectado titular “Columna | Mujeres; por David Trueba”. Pero me gusta analizar la realidad de forma crítica, me gusta mirar más allá y, por suerte o por desgracia, desconfío de que hayan hecho una mínima reflexión los que lo comparten y comentan simplemente con un “genial” o “magnífico”. Sospecho, sobre todo, del contagio de las cuentas verificadas que lo comparten aplaudiendo sin más o comentando con un “de obligada lectura”. Inviten a leer, sí, pero inviten también a reflexionar.

Honestamente, creo que en este artículo hay más estereotipo que contenido. Y David me parece el propietario de una cabeza privilegiada que no ha proyectado aquí.

 


Hace una semana y un día cumplía un sueño: un viaje que creía utópico.

Y como este no es un blog de viajes y aún me faltan fotos de paisajes de cámaras ajenas, seguramente me centre en el sentimiento más que en el lugar, pero puedo ayudaros si queréis saber cómo lo hice para no gastar mucho más de 300€ incluyendo alojamiento, comida y transporte. Una parte importante para hacerlo económico es tener a alguien allí que te lo haga fácil y te lleve a los sitios o te los indique con claridad. Nosotras tuvimos la suerte de contar con @old_BlueHat, que junto a @mgom5, fue la mejor anfitriona que pudimos tener. Gracias por vuestra generosidad. Así como @ragaaza, a quien avisé sin tiempo e improvisó una visita cronometradísima por rincones que nos quedaban por ver y a los que no habríamos llegado solas.

A todas las personas con las que estuve las conocí a través de Twitter. Las redes son maravillosas si sabes usarlas. Las nombro con su nombre de usuario por no dar datos que no dan ellos.

A @PajaritaStory y a mí se nos rompieron planes, proyectos y alguna víscera casi a la vez. No hay mal que por bien no venga, pues aquello nos unió hasta el punto de adaptarme a sus vacaciones y realizar juntas El Viaje. Estaba para nosotras, no hay más explicación. Fue, sin duda, la mejor compañera de coche y habitación que he tenido en toda mi vida. Porque sí, porque mi “¡Quemedaiguá!” era auténtico, porque ojalá mi mayor problema sea ver ropa ajena amontonada en una silla. Supimos improvisar a la perfección los turnos en el coche y en el baño. Que también daba igual si queríamos quedarnos un ratito más remoloneando en la cama y salirnos de los horarios habituales de todo. No habíamos llegado hasta allí para hacer un “lo de siempre”, no. Y bien que lo demostramos.

Después de casi 12 horas de viaje, alargado debido a las múltiples paradas – algunas más extensas y amorosas que otras – llegamos por fin al paraíso, donde nos esperaban @old_BlueHat,  @mgom5 y Horus. Allí nos habían preparado una cena casera a la que no le faltaba ni un detalle. Esa noche no tuvimos tiempo de visitar nada, pero nos abrazamos mucho, comimos melocotones con atún y nos hicimos corazones en el pelo. No conseguí que Horus no hiciera ruido con la boca. Y tuve claro que necesito a más gente como @mgom5 que me ría hasta mis momentos más absurdos. Algunos sólo tenían gracia cuando le hacían gracia a él.
img_3871Al día siguiente visitamos Cangas de Onís, Covadonga y los lagos. El pronóstico del tiempo amenazaba lluvia, pero no hay mejor estrategia que no dejarse intimidar. No llovió. Tras la visita por los rincones más característicos de Cangas de Onís, comimos empanadas variadas en un merendero de esos de los que no te quieres ir nunca.En Covadonga quedé impactada por el paisaje mágico de la Santa Cueva. img_3874Y se me olvidó preguntar, antes de hacerlo, si al beber de la fuente del matrimonio, me caso sólo con alguien que también haya bebido de los 7 caños, o si da igual. La niebla no nos dejó ver el lago Enol en la subida, así que seguimos hasta el lago Ercina, de cuyas vistas pudimos disfrutar y de donde tenemos las que considero las mejores fotos del viaje. A la bajada, pudimos ver el lago Enol, ya que se había despejado la zona. img_3916Durante el trayecto, tanto de ida como de vuelta, tuvimos la valentía de confesar nuestros pecados musicales, en los que coincidimos, ya sea por una cuestión generacional o, simplemente, de mal gusto…  El caso es que fue así como acabamos cantando a voz en grito canciones de finales de los 90 y principios de milenio que jamás reconoceremos haber cantado. Y no sólo eso, también tuvimos que asumir que @PajaritaStory diría “¡Una vacaaa!” cada vez que nos cruzáramos con una. Os recuerdo que estábamos en Asturias.

Al día siguiente, tras un sueño sorprendentemente reparador, visitamos Llanes, los bufones y Lastres. @old_BlueHat, de nuevo, poniéndolo todo fácil y cómodo, hizoimg_3918 del lunes otro sábado (y cruzamos en rojo los semáforos…). En la visita a los encantos de Llanes, descubrimos un sitio idealísimo para comer del que nos costó arrancar: El Cuera, donde nos pusieron el mejor pastel de cabracho que habíamos probado y puedo asegurar que en el poco tiempo que llevábamos allí, ya habíamos degustado tres platos de lo mismo. Las vistas desde la terraza del restaurante eran una maravilla. De ahí, fuimos a los bufonesimg_3993. Mientras OldBlue nos contaba lo que eran y que pronto empezaríamos a oírlos, mi oído privilegiado llevaba un rato enviándole a mi cerebro la señal de: “¿qué es ese ruido del demonio?” Allí estaban, levemente activos, pero dejándonos ver lo que saben hacer, que es, sin duda, bastante más que ruido. Y si vas a verlos y tienes la mala suerte de que no te montan el show, el simple hecho de saber lo que hay ahí, lo que se oye y de ver el paisaje rocoso con todas las piedras esculpidas en una misma dirección, ya impresiona. Y los acantilados… ¡si es que daba igual hacia dónde miraras! La última visita del día fue a Lastres, una villa marinera con la peculiaridad y el color de los pueblos asturianos. Confío en tener algún día las fotos de todas las cámaras y completar esta entrada. Aunque siempre podéis mirar en google o ver la serie Doctor Mateo. 

Martes, @PajaritaStory y yo adormiladas y perezosas decidimos que la mañana la íbamos a dedicar a ver Oviedo, que nos daba vergüenza reconocer que, teniendo el hotel allí, no supiéramos decir nada de la ciudad, la cual sólo habíamos visto en coche. Así que dimos un paseo y nos hicimos la foto reglamentaria con Mafalda y Woody Allen. Ese día OldBlue trabajaba, que alguna de nosotras tendría que ser mujer de provecho, así que pasamos la mañana buscando sitio para aparcar por el centro hasta que, tras el paseo entre estatuas de bronce, nos dio la hora de partir hacia Gijón, donde nos esperaba @ragaaza, que nos hizo una visita por la ciudad, atravesando el prao como las cabras, explicándonos la historia de cada rincón y llenándonos la panza hasta reventar de comida y risas. Aún tiene que recordarme todos los sitios que vimos. Recuerdo cada sitio de Gijón, el Cerro de Santa Catalina, Cimadevilla, la casa de Jovellanos, La Tabacalera, la olla de fabada que decían que era un “cuenquín” y de la que nos servimos unos 5 platos y sobró para otros cinco… Repetimos el ritual de la sidra, pero quedando menos de paletas gracias a la explicación de @old_BlueHat el primer día, y probé el que sería mi segundo cachopo, esta vez con cecina y queso de cabra. Me vine sin saber para cuántas personas está pensado un cachopo. Ese día tuvimos la suerte de recibir la visita fugaz de @_Ayalga_ a la que ya creíamos que no veríamos y era comprensible por ser entre semana y por los kilómetros que nos separaban. Se hizo un trayecto de 3 horas ida y vuelta sólo para estar media hora con nosotras. Gracias por el esfuerzo, de verdad.  @ragaaza, sabiendo que íbamos justas de tiempo, a las 18:00 prometió que nos haría una ruta de media hora por tres sitios, lo que ella definió como la visita del chino, diciendo: “bajal, foto, y malchal, malchal, que se va el autobús”. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al visitar exactamente tres sitios relativamente separados el uno del otro y cada uno con su historia bien explicada, llegamos al aparcamiento donde @_Ayalga_ tenía su coche y vemos que son exactamente las 18:30. Si los lugares de Asturias son mágicos; las personas, ya ni te digo.

A la vuelta nos reuniríamos todos para tomar algo rápido y marchar cada uno para su casa previa despedida y última cena con los anfitriones mayores. Con las lágrimas de emoción de una despedida en condiciones cuando te lo has pasado tan bien. Porque, como bien resumió OldBlue, no había habido ningún incoveniente, ya que, cuando algo no iba como lo habíamos planeado, las cosas no iban mal, sino diferentes y la lluvia no era impedimento si llevábamos gorro, pañuelo o capucha.

Entre otras muchas cosas, nos quedaron por ver Cudillero, la costa de occidente, el fu, fu, fu, funicular y los Picos de Europa, que supimos que estaban porque confiábamos en quienes nos lo decían, pero la niebla no nos dejó verlos ni un sólo día. Por eso y por los lazos que allí hicimos, tenemos que volver.

Gracias a todas y cada una de las personas que lo hicieron posible, empezando por nuestras sufridas madres y el pánico de saber que sus hijas están en carretera, a quienes nos animaron cuando se lo contamos, a quienes nos recibieron con los brazos abiertos y a la amabilidad de los desconocidos, destacando la de la recepcionista del hotel, a quienes se enteraron por las fotos publicadas en redes y nos enviaban sus mejores deseos… En definitiva, a los que lo hicieron real y a los que pusieron su granito de arena en hacerlo aún más grande.

PD: Actualizaré la entrada con más fotos en cuanto las tenga y la volveré a compartir. Soy muy coñazo cuando algo me hace feliz.



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