En este camino no se encuentran arrieritos.

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Nunca me sobra un concierto, podría incluso no gustarme el artista, que me gustará ir al concierto. Desde muy joven siempre quise ver a “Jarabe de Palo” en directo. Hace unos años, los tuve a 2 kilómetros de casa dando un concierto gratis. ¿Por qué no fui? Porque otra persona tenía otros planes para mí y yo era de esas que lo creían todo eterno. Nada lo era, y mucho menos aquello por lo que cedí.

A Pau Donés le llegó el éxito a los 30. No sé si es tarde – ni sé qué es “tarde” -, hay profesiones para las que parece que hay caducidad o edad mínima para empezar. Desde luego, no era tarde para él, ni tampoco era pronto para mí, que tenía unos 10 años por entonces. Su música es una de esas cosas que hacían lazos entre mi hermano y yo. En la búsqueda de nuestra identidad, era más difícil encontrar algo que nos uniera y, la música, en ocasiones, era el mejor vínculo.

Pero se puso de moda decir que de este grupo todo suena igual. Esto me lo ha dicho incluso gente que escucha a Fito. Se llama “sello”, amigos, y todos los cantantes lo tienen. Y ocurrió porque Pau y su banda demostraron que no serían un one-hit wonder y siguieron haciendo música para quienes supiéramos disfrutar de ella. He seguido su pista todos estos años y, en ese “escucharlos en silencio”, llegó el día en que me dijeron que esto se acababa… Y desde entonces me pongo en bucle “50 Palos”.

Mi pareja y yo solemos ir a conciertos de todo tipo. Nos hemos permitido el lujo de ver a “AC/DC” y “Guns N’ Roses” y hemos hecho la broma recurrente de que puede que sea el último concierto. Es muy fácil decirlo de un pollavieja (el término es goloso, Michelle), pero puede que sea el último concierto porque seamos nosotros los que ya no estemos aquí para el próximo.

He querido contar todo esto antes de llegar a lo que de verdad me inspiró para venir aquí y es justo eso, el último disco, que incluye versiones de 21 de sus canciones más conocidas y 1 tema inédito. Puedes pensar, escuchando el tema inédito, que Pau se está despidiendo. Él dice que es un canto a la vida pero, ¿no parece más un canto al fin de la misma? Veamos:

50 años y un cáncer (bueno, dos, pero uno es fruto del anterior). 50 años y un día te dicen: “te quedan menos de 5”. Y tú escuchas esa frase con letra de médico y piensas con letra de médico: “¿qué se hace ahora?”. O lo que sea que piensen quienes se encuentren con eso… Lo que sea que pensaran mi abuela, mi suegro, la prima Ángeles, el padre de Isa, el bueno de Juan… porque un día llega alguien que te sabe decir, con más o menos certeza, que tu vida se acaba. La única diferencia, a simple vista, con la vida de los demás, es que tú sabes cuándo. Y esto es lo que me ha hecho plantearme si él habla de él o de mí, de nosotros, en su canción. Si cuando pide un abrazo, que puede que sea el último, es el último porque se va él o porque te vas tú. Lo básico es pensar que es él el que se marcha, porque es él el que lleva la bomba de relojería que un día estallará. Pero yo no me quedo aquí. Y quién sabe si no me voy antes. O te vas tú.

“Ahora que sólo el ahora es lo único que tengo”, como si antes tuvieras algo más. De nuevo, yo creo que tengo un “después” y todos mis proyectos van en esa dirección; Pau sabe que sólo tiene un ahora. Yo no lo sé. Yo no lo vivo. ¿Y tú?

¿Qué haríamos si supiéramos cuándo vamos a morir? Hace unas semanas planteábamos esta pregunta en unas clases de inglés (ya… ¡yo qué sé!) y nadie quería saber la fecha de su muerte, en caso de que se pudiera saber de alguna manera. Ninguno de los que estábamos allí, ni siquiera los que propusimos esa reflexión, supimos responder con la cabeza fría. Yo, en particular, no sabría qué hacer con ese dato. Y es que el plazo viene de la mano de una dolencia que no sabes si los años o los meses que te quedan van a ser realmente de vida o de padecimiento (las veces que lo he visto, no se le podía llamar “de vida”). Pero, ¿y si viniera sin achaques? ¿Y si tuviéramos la posibilidad de conocer el momento de nuestra muerte, de prepararnos para ella? ¿Viviríamos de manera diferente? ¿Seríamos mejores si fuéramos realmente conscientes de que un día dejamos de estar? ¿Seríamos consecuentes sabiendo que esa persona que tenemos cerca también se marchará algún día? ¿Nos preocuparíamos por dejar una huella más bonita que la que dejamos? ¿Nos comportaríamos de manera más afable?

Pau, desde su experiencia, me está haciendo ver que esto se acaba. Lleva años diciéndomelo, antes incluso de que la fiera le mordiera las entrañas. Lo he visto ahora, pero no lo entiendo. Lo veo, pero no lo asimilo. No sé vivir el ahora. No lo digiero.

Si hubiera sabido vivir el ahora, habría ido a aquel concierto al lado de casa. Habría abandonado creencias e ideales mucho antes y me habría aferrado a otras que me hacen más feliz. Todo tiene su momento, pero a veces ese momento no llega. A veces hay que forzarlo. Por eso, hoy los veo en concierto a 400 kms de casa y por eso no los vi cuando estaban gratis y al lado. Gracias, Pau.

 

 

 

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21, 22 y 23 de julio de 2017 es de esas de fechas que no vienen destacadas pero tú las ves con luces de colores alrededor. Etnosur es siempre el tercer fin de semana de julio. Si aún no sabes qué es Etnosur, pincha en el nombre, que ya lo expliqué en 2014.

Este año, en su XXI edición, ha vuelto a envolverse de ese espíritu cooperativo, ecológico, multicultural y lleno de vida que tanto le caracteriza. De nuevo ofrecen talleres, juegos en la calle, foros, exposiciones, narradores, conciertos, cine… ¡y todo gratis! Lo que te da la oportunidad de gastarte la pasta en probar algún plato de la gastronomía, principalmente internacional, que ofrece el Pipiripao, o de comprarte un caprichito en el Zoco.

Como ya expliqué qué es Etnosur (en general y para mí), voy a contaros, adjuntando fotos descargadas de la página de Facebook de Etnosur, cómo me lo he montado este año:

En primer lugar, gracias a la generosidad de mi amiga Encarni, volví a gozar de ducha privada con agua caliente y cama mullidita. Quien me conoce sabe que mi intención es contar con esas comodidades porque me facilita el sueño reparador previo al madrugón que me doy para hacer cola para los talleres. Etnosur para mí es más que jolgorio. No niego que me pego unos juergones de aúpa, pero principalmente me organizo para la parte práctica del festival.

Viernes, 21 de julio: llegamos por la tarde y encontramos aparcamiento cerca y pronto. Nos sorprendimos un poco. Sólo había que dejar pasar unas horas para ver cómo la población iba creciendo y empezábamos a ver duendes por todas partes. Solté la mochila y me di una vuelta por la ciudad para ver el percal. Había llegado tarde para los talleres y pronto para los conciertos, pero aún tenía la opción de asomarme por el circo. Fui sin esperanza, ya que mi experiencia me dice que al circo hay que ir con un mínimo de una hora de antelación al reparto de entradas (insisto, gratuitas). El Etnocirco es uno de los mejores espectáculos que he visto nunca. Y cada día y cada año son compañías distintas las que ofrecen sus funciones. Allá que fui, tampoco tenía otra cosa que hacer. Al llegar, me sorprendí al verme posicionada con sólo unas 50 personas delante de mí. Yo, que he llegado a hacer cola de hora y media temiendo que se acabaran los tickets justo al llegar mi turno. Nada más llegar, la cola fue creciendo a sus dimensiones habituales, pero yo ya tenía mi entrada y mi sitio a la sombra (¡milagro!) asegurados. Una vez hecha la cola para la taquilla, hay que continuar y hacer la de la entrada. Todo esto bajo el sol de julio, pero los que ya nos lo sabemos, vamos equipados con pulverizadores y botellas de agua para refrescarnos por dentro y por fuera, protector solar, sombreros, paraguas, gafas de sol… Y todo se comparte con todos porque se crea un ambiente especial que sólo se da en sitios como este. 20369625_1636918016327653_3654492139573253529_oAl entrar, hora y media después de maravillarme al ver una entrada en mis manos, unos espontáneos en el público hicieron algunas acrobacias que nos hicieron la espera más amena.

Y, por fin, ahí estaba Vaivén Circo con su espectáculo Do not Disturb. 

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Un show dinámico, divertido, absurdo y lleno de ternura donde se mezcla la interpretación con la danza y las acrobacias, todo sincronizado a la perfección. El show transcurre alrededor del montaje de una rueda que tienen que crear a partir de cuatro piezas que, uniéndolas, darán paso a diferentes formas y aventuras: puedes verlos perfectamente paseando a caballo o en barco, entre otras. Fin del circo, boca abierta.

Mi próximo paso es por el Pipiripao. Es buena hora para cenar y hay muchas personas que han pensado como yo. Busco algo sano y diferente. Empiezo con algo que debía haber hecho hace mucho tiempo, ya que el zumo de caña de azúcar es lo primero que te encuentras cada año y nunca lo había probado. Este año iba decidida y muerta de sed, así que me pedí uno y me habría tomado tres sin enterarme. Aderezado con un chorrito de limón, me resultó delicioso. Además, este año he sabido que la bebida se llama guarapo, aunque tampoco lo supieran quienes lo elaboran. En un puesto de comida griega ofrecen spirelli crudos, así que decido probarlos con pesto rojo. Yo ya los preparo en casa, pero dándoles una vueltecita en la sartén. Realmente quedan al dente y le puedes poner cualquier acompañamiento. Y no, no fueron una buena elección, no sentí que me entusiasmara la idea de comer algo frío cuando llevaba dos horas con la rebeca puesta y tampoco me gustó la falta de sabor. Me la jugué y de eso se trata. Como no estaba satisfecha, me pasé por la sorpresa de este año y el que, para mí, ha hecho las delicias del Pipiripao esta edición: Mandala Helados, unos helados artesanos que preparaban uno a uno sobre la marcha. Claro, tenías que tener paciencia. Una buena forma de pasar el tiempo era observar cómo el helado iba solidificando y cómo se mezclaban los colores. Realmente la espera mereció la pena. El primer helado fue de mango decorado con plátano deshidratado y galleta triturada. Me voy de conciertos con la barriga contenta.

Desde el Pipiripao escuché a Seydu, original de Sierra Leona, regalándonos ritmos africanos. Supe que, hace mucho, había entrado en Canarias como inmigrante ilegal. Ya nunca miraréis igual a aquellos que huyen en patera, ¿eh? Seydu, siguiendo a su abuelo, fabrica instrumentos con materiales reciclados. Es, en sí mismo, Etnosur recogido en una persona.
20280659_1636925296326925_5235563961010628438_oEl punto culminante de la noche fue el siguiente concierto, uno de los más esperados de esta edición, el de Youssou N’dour, premio Etnosur 2017, llevando la música senegalesa a cualquier punto del planeta. Y esta vez estaba yo en ese punto para verlo. Carismático, divertido, comprometido con asuntos sociales y políticos, supo transmitirnos su pensamiento y su cultura. No importa el idioma si lo sabes decir con música y danza. De camino a casa escuché a Cabruéra, un grupo musical brasileño que mezcla rock y funk con ritmos brasileños cuyo género no sabría citar sin hacer una búsqueda. Y llegué a casa.

Sábado, 22 de julio: Pensé que la pereza iba a poder conmigo cuando tras haber dormido apenas 4 horas, sonó el despertador. Quedar con Rosa me motivó. Suelo hacer los talleres sola, pero saber que alguien contaba conmigo, me sacó de la cama. 20369563_1636936049659183_1526273761648646007_oÍbamos al taller de Mindfulness, impartido por Santiago Orea. Fue difícil elegir entre este taller, el de Ser Payaso, Velas ArtesanalesSandalias Descalzas Construcción de Instrumentos. Pero había que elegir y fue más fácil elegir de los dos que más le interesaban a Rosa que entre los casitodos que me interesaban a mí. El hecho de que una hora antes del taller, el aforo ya estuviera completo, también ayuda a descartar…

(Si me lee alguien de la organización, que me consta que sí – por cierto, un beso – habría que ir regulando los de las “listas ilegales” que, en este caso, se abrieron incluso antes de las 8:30 de la mañana, por lo que a veces ya no asegura nada ir con una hora de antelación).

El taller de mindfulness fue interesante por escuchar a una persona contando su transformación. Lo escuchas y no te crees la evolución ni física ni psicológica que ha experimentado el monitor porque un día decidió que esa no era la vida que quería para él. Por lo demás, no me pareció muy diferente a otros talleres de meditación que ya había hecho, lo que no indica que no fuera bueno, sino que igual, como aquellos spirelli, no fue mi mejor elección de esta edición, sólo porque habría preferido experimentar algo diferente. De mindfulness fuimos a desayunar y a pasear por el microclima del Paseo de los Álamos mientras sonaba la música de Ogun Afrobeat y, más tarde, The Nomadubs. La tarde la pasé con amigos y preferí su compañía a otra cola para el circo. De todos modos, siempre voy al circo sólo uno de los días (creo recordar que únicamente en 2006 fui viernes y sábado), porque de otro modo resulta agotador y en total son 6 horas empleadas haciendo cola. Tiempo que se puede aprovechar en otra cosa, por mucho que compense ver un espectáculo de esas dimensiones. En Etnosur hay siempre mucho que hacer. Tampoco tenía la energía suficiente como para hacer 2 horas de danza con Kata Kanona y su taller Báilale a la tierra. Escucho a mi cuerpo y sé que hice bien no forzando, pero me quedé con las ganas de hacerlo. La noche llegó y el Pipiripao ya estaba en marcha. Decidí ir a lo seguro, a mí nunca me sobra un pad thai, así que fui a uno de los dos puestos que ofrecía noodles y entre el que tenía curry y el que no, me quedé con el que no. A lo seguro dije que iba… mis noodles con verdura eran verduras con noodles. Verduras cortadas demasiado grandes que hacían que no fueran agradables, al menos para mí. Así que acabé retirándola y tomando sólo los noodles de arroz. Me quedé con hambre, claro (Rosa y yo, con la charla, nos habíamos olvidado de comer a mediodía). Así que pensé: “voy a ir a lo seguro de lo seguro”. E hice algo que no suelo hacer: comer algo que me puedo hacer en casa. Fui al puesto de las pizzas y pedí una porción (1/4). Ya era algo funcional, tenía hambre, dos decepciones habían sido suficientes, nunca me había pasado en estos sitios, y creedme cuando digo que algo he probado ya allí. Esa pizza me pareció un regalo divino. Creo que sólo he probado una que se le acerca, pero no la supera. Y bueno, después del disgusto, hice algo que no pensaba repetir (“al lugar donde has sido feliz…”): me pedí otro helado en Mandala Helados. Esta vez, de chocolate (ya no estaba para hostias) con lacasitos y plátano deshidratado (otra vez). La pareja que atendía ese puesto me pareció de lo más encantadora. Y ahora sí, con más gula que hambre, me llené de gloria. Así, hecha una bola y con ganas de pillar una cama, me di una vuelta por los puestos mientras sonaba la música en directo de Pascuala Ilabaca y Fauna, un grupo chileno que no sabes muy bien por dónde te va a salir ni por qué son se guía, pero que hizo las delicias de quienes estaban allí, en calidad de espectadores o, como yo, de oyentes lejanos mientras hacía unas compras. Antes, durante la cena y recena, sonó Shiva Tantra, pero no puedo decir mucho de ellos, ya que he de reconocer que no le presté mucha atención, al estar compartiendo mesa con dos familias con muchos niños pequeños dispuestos a compartir asiento, risas y juegos. 20449200_1636940382992083_1214456328817814728_oY el grupo más esperado de la noche fue Aterciopelados. Si el viernes primaba la cultura africana, la noche del sábado era de los latinos. De esta actuación me rechinó (claro, que la gira se llama Relucientes y Rechinantes) el hecho de que Andrea, la vocalista, destacara continuamente las diferencias entre españoles y latinos y que dijera en varias ocasiones que seguro que no la estábamos entendiendo, que no nos sabíamos las canciones y que teníamos cara de no saber de qué iba aquello. Lo hizo con todo el buen rollo del mundo, pero a mí aquello me desinfló. Escúchame, Andrea, entendimos a Youssou, con quien ni siquiera compartimos idioma y quien hablaba inglés a duras penas. Entendemos la diversidad, entendemos la música, somos Etnosur. De esta actuación destaco su discurso feminista y de fomento del amor propio. La música me dio más igual, me dijo que no la iba a entender y me puse en actitud de “pues vale” (sí, yo, la que ya sabéis algunos que escucho a un grupo israelí que sólo canta en hebreo, entre otros). Tampoco creo que haya que entenderlo todo porque en las expresiones culturales no hay una manera única de entender las cosas. Proyecta la película que quieras y pregúntale a quienes la ven. La película se habrá convertido en tantas películas como espectadores ha tenido. Igual con la música. Me fui a dormir, estaba rota. Porque al día siguiente…

Domingo, 23 de julio: El más que deseado taller de 20414055_1636931119659676_6557106772851924563_oAcroyoga me esperaba por fin. Pero, ¿qué me encuentro? El taller es a las 11, paso antes de las 10 y ya está el aforo completo. Es de 50 personas y me apunto como suplente. Soy la número 73 y no sé muy bien qué hacer. Me dicen de la organización que había gente apuntándose dos horas y media antes. Don Etnosur, no entiendo muy bien esa forma de organizar los talleres. En 10 ediciones no he visto tal cosa. Me voy a desayunar. Estoy sola, claro, pero vienen 3 personas cuando el bar está lleno y en la mesa que ocupo hay 3 sillas libres. Las ofrezco, aceptan mi compañía y uno de ellos me felicita por tener “espíritu Etnosur”. Me gusta. Me acerco al taller de Acroyoga y sólo unos pocos de los nombrados estaban allí, aún hay esperanzas. Resulta que con las listas ilegales la gente se apunta a todos los talleres, pero luego tienen que decidirse por uno porque se solapan. Me atrevo a decir que allí no estaba ni la mitad de los 50 primeros que se apuntaron, así que llegó mi turno y lo celebré entre las risas de quien me oyó gritar un “¡Soy yo!” emocionado y estridente cuando oí mi nombre. Ese taller es lo mejor que me ha pasado en esta edición. Acroyoga Mandala helados. Al principio todo pintaba mal: la lista de espera, algunas de las personas con las que me tocó compartir experiencia… pero luego todo se pone en su sitio. Normalmente nunca he tenido problemas de ningún tipo en Etnosur, pero coincidí con personas que habían hecho el taller el día anterior (organización, por favor… un poquito de compartir, un poquito de espíritu Etnosur) y no respetaban los ritmos de quienes estábamos viendo y haciendo aquello por primera vez. Contaban con ventaja y querían que quedara claro. Pero llegó quien salvó ese momento y me dijo: “oye, ¿me vuelas?”. Dudé. Me sacaba una cabeza y debíamos agruparnos por tamaño, pero que sobrepasara mi altura era menos arriesgado que hacer acrobacias con alguien que no me inspiraba confianza al no dejarme asimilar los conocimientos al ritmo de mi propio cuerpo. “Sí, claro, a ver…”. Primero intentó hacerlo él, pero resulté ser mejor base que voladora. Así que, chico de sonrisa preciosa, perdona que no recuerde tu nombre, pero tuve tus 70 kilos en horizontal sobre mí, sostenidos únicamente por mis pies y creo que no me he sentido tan poderos en mi vida. Nos atrevimos con muchas cosas y en una de ellas nos dimos cuenta de que físicamente no éramos la pareja ideal para estas cosas, pero nos lo tomamos como se lo toman dos personas que son idóneas en muchos otros aspectos. Al terminar todo, lo busqué, nos abrazamos y le di las gracias por haber hecho posible que fuéramos tan buen equipo (también saludé a su novia, que os estáis emocionando demasiado). Y este día no pudo dar para mucho más, que quedaba recoger, dejarlo todo como si no hubiéramos estado, comer y marchar a casa.

Como veis, en Etnosur nunca se pierde el tiempo si te lo sabes montar bien. Siempre hay algo que hacer, siempre hay alguien con quien hablar y se crea un ambiente en el que el espacio se comparte de verdad y se hace con gente que te va a sonreír, que te va a tender la mano o te va a refrescar con una pistola de agua cuando el calor aprieta. Quería centrarme en mi experiencia, pero no puedo evitar seguir contando maravillas de lo que este festival significa en general. Espero ansiosamente poder contaros cómo me lo paso en la próxima edición.

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3 de marzo de 2017.

Hacía más de dos meses que había escrito en mi agenda: “concierto Sofía Ellar”. El lugar del concierto me quedaba a casi 400 kms. Vamos, más o menos los mismos que hice para ver AC/DC. Y no es sólo que los conciertos, de quien sean, me suman minutos de vida, es que ahora puedo decir que vi el último de AC/DC con Brian Johnson y el primero de Sofía Ellar con disco en el mercado.

dO2ngnyTCqKhzq42Tenía pendiente escribir sobre Sofía cuando apenas había información sobre ella en la web. Pero ahora que ya la hay, quiero hablar de lo que significa para mí. Descubrí a esta chica en Instagram. La búsqueda en esa aplicación puede ser maravillosa si le sabes sacar partido. Y yo se lo saqué aquel día cuando pinché en un vídeo en el que se veía en miniatura una chica joven de rasgos que se intuían agradables. Lo que no sabía era que estaba a punto de pasar algo irreversible: la escuché. Y ya no pude no estar pendiente de sus actualizaciones desde entonces. Es ahí, en Instagram, donde Sofía se ha hecho grande. Para mí, que alguien triunfe en esa red social, es todo un acontecimiento, acostumbrada a ver que quienes consiguen muchos seguidores ahí es porque ya les vienen rebotados de otro sitio. La evolución de Sofía ha sido a la inversa (a menos que me falte algún dato). Parte de su éxito se debe al mimo con el que gestiona sus redes, ya que procura llevar al día las interacciones con sus seguidores. Y no debe ser fácil de llevar teniendo más de 80,000 seguidores. Por eso ya no sólo sentimos admiración hacia alguien que nos transmite con su música y sus letras, sino que estamos agradecidos por el trato que nos dispensa.

imagesDesde el principio pensé que ella no era la típica chica que sube versiones y se queda sentada esperando a un cazatalentos – de hecho, todas las canciones publicadas desde que sé de su existencia son suyas -. Podía haberme equivocado, pero no. Sofía, junto con un grupo de amigos currantes, ha ido más allá. Y somos muchos los que lo hemos vivido junto a ella paso a paso, viendo cada día sus sesiones agotadoras de grabación y ensayos desde que empezó el año. Del mismo modo, hemos sido los primeros en saber cuándo podríamos escuchar algo suyo en Spotify o cuándo podíamos hacer la compra anticipada de su primer disco, Seis Peniques, en iTunes. Lo confieso, yo fui de esas ansiosas que no pudo esperar.

maxresdefault-2Así que allí estábamos A. y yo, de camino a un lugar que él conocía y yo no para ver a una artista que yo conocía y él no. Ni siquiera se parece al tipo de música que solemos escuchar. Que a mí me iba a gustar, ya lo sabía.
El culmen fue oírle a él decir “¡qué bien canta esta chica!” y que pusiera su disco al llegar a casa de vuelta del concierto.
3 de marzo de 2017, nueve y media de un día lluvioso. La sala Joy Eslava se inunda de aplausos y Sofía entona: Ojos de mar, dime que sientes… 

Y es así como supe la onomatopeya de la eclosión de una estrella.


nominados-goya-2017.jpgAyer vi la gala de los Goya. Creo que no podía empezar con una frase más impactante que esa. Quien me conozca, lo sabe.

Pues sí, ayer vi la gala de los Goya por aquello de hallar el equilibrio entre momentos en los que hacemos mis cosas y otros en los que nos dedicamos a sus mierdas (❤). Por eso, ayer vi la gala de los Goya.

Creo que he dejado ya lo suficientemente claro que ayer… vale, vale.

Ver la gala de los Goya en pleno boom de redes, es todo un experimento social. Para empezar, por el hecho de ver una constante campaña en contra del presentador una semana antes de la celebración. Es curioso, muy curioso, cómo usuarios de las redes veían necesario cada día manifestarse en contra de Dani Rovira ondeando la bandera de la soberbia del derrotista. Con esto, no me declaro ni a favor ni en contra de lo que hizo (una vez visto) Dani en la gala. No he venido a eso. No soy tan osada como para juzgarlo y señalar en una persona el trabajo de un equipo. Ni tampoco tengo la arrogancia ni la experiencia suficiente como para hacer crítica de cine. El principio de este párrafo deja claro mi objetivo.

danitacones-u202428855627jac-510x286abcDe la gala, sólo me atrevo a puntualizar el hecho de que un hombre utilice unos tacones para representar el papel de la mujer en el cine y en la sociedad. No me siento identificada con unos tacones, por el mismo motivo que vi inneceario que los monigotes de los semáforos llevaran falda. Pero el gesto, la reivindicación, sí son necesarios. El zapato de tacón, como alegoría, es reconocido universalmente.
Si nos ponemos a ladrar por eso, deberíamos hacerlo sugiriendo algo mejor. DL_u334070_101-1-635x480.jpgPero ya os digo que a mí, como mujer, no me representa ningún símbolo: ni una teta, ni el color rosa, ni el Santo Grial, ni el símbolo de Venus que tan bien hemos asumido como representación de lo femenino. No estoy tampoco orgullosa ni agradecida por que se ponga alguien delante de un micrófono a decir que hacemos falta, porque ocurre que me entristece que, a estas alturas, haya que seguir insistiendo en ello. Mucho más me llega el chal de Cuca Escribano. Más directo, más acorde, y con menos parafernalia.

Pero vuelvo al tema principal: la audiencia que presume de no serlo. Junto con la campaña anti Dani (que ya ves tú lo que afectó a nada), añadimos el hashtag que fue trending topic desde la mañana del día de la gala: #BoicotalosGoya. A elevarlo entre los temas que eran tendencia ese día, ayudaron tanto partidarios como detractores del cine español. Sin embargo, gracias a ese hashtag, hubo gente que supo que existía tal cosa y que era ese mismo día. Bravo, gentes de Twitter, una vez más dejáis claro que las encuestas y la opinión twittera no es más que una versión paralela a la realidad. A mí el término “boicot” me ha parecido siempre gigante, me daba escalofríos. Pero por causas así se ha banalizado de tal forma que se vuelve risible cuando observas que en las puertas de la gala no hay nada reivindicativo más allá de las fronteras de twitter. Tan sólo periodistas que preguntan qué les parece el boicot a supuestos afectados que dicen: “¿qué boicot?”

Que si las subvenciones, mal; que si el IVA, mal. Que sí, que todo está mal, pero no tan mal como que ni el presidente del gobierno ni los reyes hagan acto de presencia en la fiesta del cine español. Hace unos días, varios políticos felicitaban a Rafa Nadal (por jugar) y a Javier Fernández (por ganar). Sin embargo, no encuentro felicitación a los premiados o nominados por parte de los mismos que felicitaron a los deportistas. Si bien contaron una vez más con el apoyo de Manuela Carmena, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, y Albert Rivera, no deja de ser vergonzoso no sólo que Mariano Rajoy no acuda a la gala, sino que reconozca en una entrevista su indiferencia para con el cine español (“No lash he podido ver. Para mi deshgracia, no voy al cine. Leo novelash”).

Así, con este panorama, la gente se siente con total confianza para derrotarlo, para valorar un producto que ni siquiera consume, para protestar por la calidad de unas películas que no ven y por el talento de unos actores basando su opinión en su ideología política. O para que nos parezca innecesariamente largo el discurso de la merecedora ganadora del Goya de Honor. Como colofón, el último tweet que leí durante la gala: uno en el que alguien protestaba por el precio de las palomitas. Así se entiende el cine aquí, pero no veremos jamás #Boicotalaspalomitas (¿os imaginais?).

Para poner el punto final a esta publicación, me sirvo de una frase de Bayona (tweet eliminado) que espero remueva conciencias:

“No hay cultura buena o mala, la hay constructiva o destructiva. Y vosotros sois una expresión de ella.”


No sé por qué siempre digo “hago teatro” en lugar de “soy actriz”, cuando ninguna de las dos cosas son correctas al 100%. No sólo hago teatro, también cuentacuentos, cortometrajes, sketches y anuncios. Y actriz es sólo una parte de las muchas cosas que soy y de las que disfruto oficialmente desde el año 2000.

De las primeras cosas que hago cada vez que cambio de ciudad (y no han sido pocas las ocasiones) es buscar el grupo de teatro local y meterme de lleno. Así es como he pasado por un total de 5 agrupaciones culturales en 3 ciudades distintas.

Lo que venía a contar no es mi recorrido por la interpretación, sino aspectos relacionados con mi observación del mundo (pa variar) y mi experiencia como “actriz en garitos pequeños”.

Como ya he indicado más arriba, he actuado en ciudades diferentes. No sólo por las diversas agrupaciones de las que he formado parte, sino porque afortunadamente no nos quedábamos únicamente en la localidad cuna de los grupos en sí. Han sido varias las ocasiones en las que hemos disfrutado de la convivencia, del trayecto y de la actuación en cualquier otro sitio relativamente cercano.

Pero, ¡ay! Cuando actúas en tu pueblo, durante varios días, no sabría decir cuántos, tú no eres tú. Si ya, automáticamente, en los ensayos te acostumbras a responder por tu nombre y por el de tu personaje, durante algunas semanas, en el pueblo la gente por la calle también te hablará como si formaran parte de la obra.  Así pues, he respondido a los nombres de Julia, RitaBlanca, Alicia, Melodía… y, como parte del equipo, también se me ha identificado este año con el nombre de micro 2. Es un gusto ver a tus vecinos mirarte con asombro por la calle, como si tú no fueras tú porque no es a ti a quien ven, sino a tu personaje, al que ayer estaba en el escenario, al que les hizo reír o llorar, al que les conmovió o les hizo pensar. Y en ese momento no eres Eva ni te brota responder como tal porque no es a ti a quien buscan, lo percibes y, al menos a mí, me agrada.

Tanto es así que, hace unos días, una persona que conozco de toda la vida, sin tener un trato personal, pero sabiendo el uno del otro de nuestra existencia, me paró por la calle para felicitarme, darme dos besos y decir que estaba encantado de conocerme. No me acababa de conocer, era obvio, pero el mensaje iba más allá. Estaba conociendo a quien tanto le había hecho reír y ese personaje soy y no soy yo. Tenía razón, era su primer contacto con ese ente.

Me gusta que me paren por la calle, siempre dicen algo que te hacen sentir bien. Los más tímidos, te miran y sonríen y tú ya adivinas que ocuparon algún lugar en el patio de butacas. Los niños, algunos se acercan y otros te llaman por tu nombre ficticio y luego disimulan. Hay quien te grita tu frase más típica. Este año, lo que más me han dicho es “¿Te puedo tocar?” al haber representado a un personaje extremadamente escrupuloso. Pero hay quien fue más allá y le dio otro sentido a la frase añadiendo “para ver si eres de verdad”.

Es un gusto sentirse atendida de este modo, ser tú y a la vez esa criatura que tanto has estudiado, cuyos movimientos tanto has medido para que, aun teniendo tanto de ti, se parezcan lo menos posible a los tuyos. Se cierra el telón y no das el trabajo por concluido porque el público te espera en cualquier calle para recordarte quién has sido en las tablas. No me dedico profesionalmente a la interpretación (no por falta de ganas), pero tanto en esta afición como en mi profesión, me quedo con la satisfacción de sentir que hago algo por alguien más que por mí misma y que a la vez recibo reacciones, impulsos que me animan a seguir por ambos caminos, esos que vi claros desde muy pequeña cuando vestida de princesa, de hada o de bruja, soñaba con dar clases en un idioma que aún desconocía.

No me equivoqué.

*Aplausos*


A Mariló García le dieron un título y se tuvo que inventar el contenido, si no, no me explico que escribiera un artículo titulado “Diez razones por las que no echaremos de menos a Downton Abbey“.

A raíz de terminar la serie y haber publicado un post para comentar el final, me encontré con la peor crítica sobre la serie, no por ser negativa, sino por tener argumentos pobres, en El País (ver aquí). Recomiendo abrir el artículo a la vez que este post y leer los puntos según los nombro: primero las bocanadas de Mariló y, después, mi reflexión.

La autora de dicho artículo tacha la última temporada de “fraude” y afirma que la serie debería acabar antes. Estoy convencida de que a Mariló la obligaron a escribir aquello o que no supo asumir la evolución de la serie.

Voy a rebatir, una a una las diez razones que ella ha dado para demostrar por qué yo no me he sentido estafada:

  1. La hija de Edith: no he entendido muy bien el problema que plantea con la aparición de la hija ilegítima de Edith. El hecho de que Edith tuviera que esconder su embarazo, que pactara su adopción y que después la secuestrara; la postura de cada miembro de la familia según iba conociendo la noticia; el querer guardar el secreto por el qué dirán… todo eso es muy significativo tanto para proyectar el pensamiento de la sociedad de la época, como para la evolución de uno de los personajes más desgraciados de la serie. Mariló, no has entendido a Edith.
  2. La violación de Anna: la queja de Mariló es que se han cebado con Anna. Si nos ponemos así, se han cebado con Edith, con Anna, con Bates, con Daisy… Yo empecé a pensar que a Julian Fellowers no le gustaban los “feos”. Pero si el problema es que la violación no salió más allá de la casa, Mariló, no has entendido la moral de la sociedad de Downton Abbey. Era  evidente, con todo lo que pasó después, que era más prudente ocultar una violación para pasar desapercibidos en el asunto de la muerte de Mr. Green que buscar justicia en una época en la que la mujer violada, más que ser víctima, representaba la deshonra.
  3. Bates, el vago: el vago es un ex combatiente al que la guerra dejó cojo. Aun así, ayudado por su bastón, trabaja para los Crawley por cortesía de Robert. Después de los juicios, las acusaciones, las idas y venidas, en la 6ª temporada, con todos aquellos tejemanejes ya resueltos, su personaje es más pasivo. ¡Ya era hora! Mariló, no has entendido a Bates.
  4. Los amoríos de Mary: Ni que fuera Paris Hilton, dice Mariló. Mary liga por lo mismo por lo que liga Paris: por ser una rica heredera. Para centrar todo en Henry Talbot, había que haber sabido con antelación que, a partir de la 3ª temporada, iban a tener que prescindir del actor que daba vida a Matthew. Ana es ligona, fría y borde. Los guionistas supieron reflejar su frivolidad (también sus miedos) y darle ese giro sutil a su carácter cuando conseguía admitir que se había enamorado. La tensión del accidente de coche era necesaria para poder ver el pánico que Mary sentía tras el trauma por el accidente que la convirtió en viuda del heredero. Y, si te sobró, por nombrar uno, el romance con Gillingham, no has entendido a Lady Mary.
  5. Tom, sujetavelas: yo lo cambiaría por “Tom, conciliador”. El papel de Tom en la última temporada es de conciliador entre hermanas. Sorprendentemente, tiene una bronca con Mary, a quien nadie hasta entones había sido capaz de echarle huevos, no como él. No es un sujetavelas, está cumpliendo una función entre las hermanas que, aunque lo presentan como “mi cuñado”, dicen “eres mi hermano” en privado. Llena, de alguna manera, el espacio que en la casa dejó Sybil. ¿Eso tampoco lo entiendes, Mariló?
  6. Daisy, la bocazas: Ahí estoy de acuerdo, pero lejos de tacharlo de inverosímil, admito que me esperaba la explosión. Tengamos en cuenta que tuvo una profesora particular con ideas revolucionarias. El cambio de Daisy surgió a partir de ahí. Aunque es verdad que es un personaje muy ingenuo e indeciso, sentirse traicionada (por un malentendido) y ver a su suegro en una situación complicada le hace enfrentarse a Lady Cora y montar un escándalo por el que, acto seguido, es reprendida y del que se arrepiente por las formas. Si no, no sería Daisy. Mariló, no entendiste los motivos de Daisy para sublevarse.
  7. Thomas, qué te han hecho: se te olvida que después de que se fuera O’Brian, Thomas fue un incordio para Baxter y escribió cartas entrometiéndose en asuntos que no eran de su incumbencia y siguió jugando al malote aquí y allá. La diferencia es que antes hacía mal por el gusto de hacerlo y luego alguna vez hizo mal a alguien para proteger a los suyos. Thomas dejó de comportarse así poco a poco según se iba dando cuenta de quién era. Este personaje no ha pasado de villano a ser pura bondad en la serie, pero sí cambió de actitud después de que enfermara por el tratamiento para “curar” su homosexualidad. A medida que va viendo que hay gente que sabe que es diferente y, aun así, lo acepta, va suavizando su carácter, aunque no deja de tener una lengua de serpiente según a quién se dirija. ¿Tampoco has entendido a Mr. Barrow, Mariló?
  8. Carson, inaguantable: Carson ya era así antes de casarse. ¿Te imaginas que trata mal al resto de mujeres menos a la suya? Tal como está configurado el personaje, al tener a su propia mujer, siente más confianza para no morderse la lengua y decirle, por ejemplo, que cocina mal. Tampoco te puede parecer Mrs. Hughes la mujer más feliz del mundo desde que Carson le pidió matrimonio, porque estuvo más angustiada que nunca y le pidió a Mrs. Patmore que se asegurara de si él quería hacer “ya sabes qué”, porque no tenía un cuerpo bonito que ofrecerle y se sentía muy insegura. Ella quería casarse “a media jornada”. Cuando Carson se entera, salen de su boca las palabras más bonitas que de tal boca pueden salir. Este personaje ha sido muy tajante siempre con su trato a los que están por debajo de él, a las mujeres y a Barrow (homosexual). Si tú, Mariló, pensaste que casándose se enmendaba, es que no has entendido a Carson.
  9. Robert, un cero a la izquierda: El personaje de Robert sí es cierto que permanece al margen, dejando que los demás dirijan todo a su antojo. Pone su carta sobre la mesa, pero no impone nada. A lo mejor se te ha olvidado que despidió a alguien después del incendio y no contó con la aprobación de nadie para hacerlo ni contó lo sucedido. A lo mejor también se te ha olvidado el detalle de homenajear al sobrino fusilado de Mrs. Patmore (a lo que Carson se oponía). A lo mejor hemos visto una serie diferente. A lo mejor el vómito de sangre cuando enferma en la temporada 6 (muy criticado, por cierto) es más responsabilidad del director que de los guionistas. A lo mejor, Mariló, lo que dices en el artículo es carne de foro.
  10. El enfrentamiento Violet-Isobel: la relación de amor odio entre estos dos personajes ha dado los diálogos más divertidos e incisivos de toda la serie. Realmente no he entendido qué es lo que te ha molestado de aquí. en boca de Mariló: Isobel no ha estado a la altura de la némesis yanki interpretada por Shirley MacLaine. Claro que no, porque representan personalidades muy distintas. Siendo Isobel una mujer independiente, honesta, preparada para el cambio, no le llega ni a la suela a ninguno de los personajes americanos que aparecen en la serie. Se nota un contraste muy fuerte porque es lo que se pretende. Si el conflicto con Isobel fuera de la misma dimensión que el establecido con Cora o con Martha Levinson, no podrían existir los maravillosos diálogos de los que te hablaba antes, porque estarían tan enfrentadas que apenas se dirigirían la palabra, como ocurre con su nuera y la madre de esta. Mariló, no te has enterado de nada.

Recomiendo leer los comentarios que siguen al artículo. He llegado tarde a acusar a Mariló de poco profesional y de no haber visto la misma serie que el resto. Pero he llegado. Mariló.

 


Anoche terminé de ver Downton Abbey, una serie que dejé de decir que estaba viendo porque hay quien piensa que es gracioso hacer spoilers y ya me comí uno en su día. La gente considera que no importa hacer spoilers de algo que ya está acabado. Importa, cada uno lleva un ritmo. Ya hablaremos de esto en otra ocasión.

De las reacciones derivadas del final de Perdidos, aprendí lo fácil que es opinar y tirar por tierra el trabajo ajeno únicamente porque la mayoría de la gente no quiere tener que hacer su propio proceso mental. Me considero afortunada por saber ver más allá de la propia frustración que provoca que acabe algo que te ha dado tantas horas de gloria.

Por las noticias que me iban llegando, he visto la última temporada temiendo la muerte de la fabulosa Lady Violet, la condesa viuda de Grantham.

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El primer capítulo de la serie coincide con el naufragio del Titanic, en el que fallece el pariente heredero con el que planeaban casar a Lady Mary Crawly, la hija mayor del conde, para que la familia siguiera gozando de sus bienes, ya que no habían tenido ningún hijo varón y se arriesgaban a perder las propiedades . Por aquel entonces, Lady Violet tenía ya 70 años. En la 6ª y última temporada ya era 1925 y Violet habría cumplido 83 años, habiendo superado en 2 años a la reina Victoria. La misma Maggie Smith tenía ya 80 y no pensaba continuar más allá de esa temporada. Tomada la decisión, el equipo tuvo que tomar la suya y prefirió cerrar ahí antes que continuar sin Maggie. Sinceramente, no me hacía a la idea de cómo sería la serie sin ella.

De la serie, a grandes rasgos, me sobró parte de la historia de Bates y fui echando en falta las complicaciones para encontrar heredero, ya que la trama quedó solucionada en la 3ª temporada con el nacimiento de George, hijo de Matthew (otro heredero muerto) y Mary.

Como puntos fuertes, destaco la ambientación, la caracterización de los personajes, la evolución del vestuario adaptándolo a los tiempos en cada temporada, los diálogos, especialmente los de Violet e Isobel, y la recreación de la época en la que está basada la serie, así como el conseguido reflejo de la sociedad británica de aquellos años.

Del final de Downton he leído de todo, aunque bastante más críticas a favor que en contra.
Las opiniones negativas son, cuanto menos, curiosas, pues se quejan de que el final fue excesivamente feliz. Está claro que la felicidad molesta, sobre todo la ajena (y yo quejándome durante toda la serie de exceso de desgracias en las vidas de Bates, Anna y Edith…). También molestó que no quedara nada abierto a la imaginación, por considerar todas las historias con un final bastante hermético. Quien dice esto, no entendió los guiños hacia el personaje de Tom y el hecho de que Laura Edmunds, la editora de Edith, cogiera el ramo de la novia. Tampoco se enteraría de la movida con Mrs Patmore o Daisy, aunque esta última fuera bastante más evidente.

Por mi parte, destaco varios puntos:

  • El hecho de que Anna, criada de Mary, se ponga de parto en el dormitorio de esta, que lo acepta de buena gana y hace lo que Anna lleva tanto tiempo haciendo para ella: desvestirla y acomodarla para que todo marche bien. Aparecerán Anna, Bates y el bebé acostados en la cama de Mary, todo ha pasado en esa habitación y todos lo aceptan de buen grado, dejando claro que no hay tanta distancia entre la gente de abajo y la de arriba. Carson es el único que no lo ve apropiado. De haber opinado lo contrario, no sería creíble.
  • Que nazca una nueva criatura en Downton y no traiga la muerte de otra persona. Recordemos: nace Sibbie, muere Sybil en el parto que ya se preveía complicado; nace George, muere Matthew en un accidente de coche (muerte inesperada que me fastidiaron los spoilers); nace Marigold, muere Michael Gregson.
  • Ver a Barrow jugar con los niños nos reconcilió con él (Rob James-Collier, actorazo, por cierto). Pero a mí no me apaciguó tanto como para querer verlo de mayordomo sustituyendo a Carson, después de todo.

Ascenso, nacimiento, despedida, buenas noticias médicas, reconciliaciones, nuevos amoríos por doquier, boda, embarazo… pero, ¿qué esperabais? Estáis viendo Downton Abbey e igual de terrible os habría parecido que en el último capítulo muriera Lord Grantham, que este pomposo y acelerado happy ending. 

Cuando quedaban unos minutos para el cierre definitivo de la serie, deseé con todas mis fuerzas que no acabara con piquito de los recién casados ni con el propósito de matrimonio feliz de Lord Grantham a Lady Cora.

Acabó como tenía que acabar: con una frase de Lady Violet, de esas que, siendo mérito de la creatividad de los guionistas, sólo Maggie Smith sabe llenar de significado.

 

 

 

 

 

 



Juan Maggiani

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