En este camino no se encuentran arrieritos.

Archivo del Autor: Eva_Zeta

Nunca me sobra un concierto, podría incluso no gustarme el artista, que me gustará ir al concierto. Desde muy joven siempre quise ver a “Jarabe de Palo” en directo. Hace unos años, los tuve a 2 kilómetros de casa dando un concierto gratis. ¿Por qué no fui? Porque otra persona tenía otros planes para mí y yo era de esas que lo creían todo eterno. Nada lo era, y mucho menos aquello por lo que cedí.

A Pau Donés le llegó el éxito a los 30. No sé si es tarde – ni sé qué es “tarde” -, hay profesiones para las que parece que hay caducidad o edad mínima para empezar. Desde luego, no era tarde para él, ni tampoco era pronto para mí, que tenía unos 10 años por entonces. Su música es una de esas cosas que hacían lazos entre mi hermano y yo. En la búsqueda de nuestra identidad, era más difícil encontrar algo que nos uniera y, la música, en ocasiones, era el mejor vínculo.

Pero se puso de moda decir que de este grupo todo suena igual. Esto me lo ha dicho incluso gente que escucha a Fito. Se llama “sello”, amigos, y todos los cantantes lo tienen. Y ocurrió porque Pau y su banda demostraron que no serían un one-hit wonder y siguieron haciendo música para quienes supiéramos disfrutar de ella. He seguido su pista todos estos años y, en ese “escucharlos en silencio”, llegó el día en que me dijeron que esto se acababa… Y desde entonces me pongo en bucle “50 Palos”.

Mi pareja y yo solemos ir a conciertos de todo tipo. Nos hemos permitido el lujo de ver a “AC/DC” y “Guns N’ Roses” y hemos hecho la broma recurrente de que puede que sea el último concierto. Es muy fácil decirlo de un pollavieja (el término es goloso, Michelle), pero puede que sea el último concierto porque seamos nosotros los que ya no estemos aquí para el próximo.

He querido contar todo esto antes de llegar a lo que de verdad me inspiró para venir aquí y es justo eso, el último disco, que incluye versiones de 21 de sus canciones más conocidas y 1 tema inédito. Puedes pensar, escuchando el tema inédito, que Pau se está despidiendo. Él dice que es un canto a la vida pero, ¿no parece más un canto al fin de la misma? Veamos:

50 años y un cáncer (bueno, dos, pero uno es fruto del anterior). 50 años y un día te dicen: “te quedan menos de 5”. Y tú escuchas esa frase con letra de médico y piensas con letra de médico: “¿qué se hace ahora?”. O lo que sea que piensen quienes se encuentren con eso… Lo que sea que pensaran mi abuela, mi suegro, la prima Ángeles, el padre de Isa, el bueno de Juan… porque un día llega alguien que te sabe decir, con más o menos certeza, que tu vida se acaba. La única diferencia, a simple vista, con la vida de los demás, es que tú sabes cuándo. Y esto es lo que me ha hecho plantearme si él habla de él o de mí, de nosotros, en su canción. Si cuando pide un abrazo, que puede que sea el último, es el último porque se va él o porque te vas tú. Lo básico es pensar que es él el que se marcha, porque es él el que lleva la bomba de relojería que un día estallará. Pero yo no me quedo aquí. Y quién sabe si no me voy antes. O te vas tú.

“Ahora que sólo el ahora es lo único que tengo”, como si antes tuvieras algo más. De nuevo, yo creo que tengo un “después” y todos mis proyectos van en esa dirección; Pau sabe que sólo tiene un ahora. Yo no lo sé. Yo no lo vivo. ¿Y tú?

¿Qué haríamos si supiéramos cuándo vamos a morir? Hace unas semanas planteábamos esta pregunta en unas clases de inglés (ya… ¡yo qué sé!) y nadie quería saber la fecha de su muerte, en caso de que se pudiera saber de alguna manera. Ninguno de los que estábamos allí, ni siquiera los que propusimos esa reflexión, supimos responder con la cabeza fría. Yo, en particular, no sabría qué hacer con ese dato. Y es que el plazo viene de la mano de una dolencia que no sabes si los años o los meses que te quedan van a ser realmente de vida o de padecimiento (las veces que lo he visto, no se le podía llamar “de vida”). Pero, ¿y si viniera sin achaques? ¿Y si tuviéramos la posibilidad de conocer el momento de nuestra muerte, de prepararnos para ella? ¿Viviríamos de manera diferente? ¿Seríamos mejores si fuéramos realmente conscientes de que un día dejamos de estar? ¿Seríamos consecuentes sabiendo que esa persona que tenemos cerca también se marchará algún día? ¿Nos preocuparíamos por dejar una huella más bonita que la que dejamos? ¿Nos comportaríamos de manera más afable?

Pau, desde su experiencia, me está haciendo ver que esto se acaba. Lleva años diciéndomelo, antes incluso de que la fiera le mordiera las entrañas. Lo he visto ahora, pero no lo entiendo. Lo veo, pero no lo asimilo. No sé vivir el ahora. No lo digiero.

Si hubiera sabido vivir el ahora, habría ido a aquel concierto al lado de casa. Habría abandonado creencias e ideales mucho antes y me habría aferrado a otras que me hacen más feliz. Todo tiene su momento, pero a veces ese momento no llega. A veces hay que forzarlo. Por eso, hoy los veo en concierto a 400 kms de casa y por eso no los vi cuando estaban gratis y al lado. Gracias, Pau.

 

 

 

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Ando de vacaciones desde hace un par de días, y por eso he podido seguir esta historia. Mis vacaciones no han sido de hotel y playa (ni, mucho menos, tranquilidad), pero sí lo suficientemente ociosas para permitirme llevar las redes al día.

27

Escribo hoy “Manuel Bartual” y aparecen 503,000 resultados y diferentes medios haciéndose eco: 20minutos, La Vanguardia, Público…

Hace unos días no sabía quién era. La madrugada del viernes fue la primera vez que supe algo de él: su nombre, y su número de seguidores: unos 80,000. De pronto, alguien era primer Trending Topic y no era ni un político, ni un eslogan, ni un futbolista. Era “Manuel”, así, tal cual. Me metí en su cuenta, estaba pasando algo muy gordo. Antes de saber qué pasaba, refresqué varias veces su perfil y vi cómo en apenas 5 pulsaciones, sus seguidores subían por centenas en sólo unos segundos. Unas 4 horas más tarde, había doblado los primeros 80,000 seguidores y ya eran casi 200,000. Hablaban otros usuarios de que los 80,000 iniciales también los había conseguido en esa misma semana. No sé cuántos tenía la semana anterior, prometo que nunca había oído su nombre (y no estoy orgullosa de ello, pero no puedo abarcarlo todo). De lo que sí me di cuenta era de que reconocía sus trazos.

Me impresionó tanto el tema de los números, que primero me fijé en esa información y luego busqué el motivo: Manuel se había montado un historión y lo estaba compartiendo en Twitter. Todo estaba redactado de forma tan cotidiana que vi gente actuando como el año pasado con aquel escalofriante caso de Marina Joyce. En su relato, lo mismo te decía que había visto algo, que ponía simplemente “joder, joder, joder”, o te contaba que se había olvidado un bollo en la habitación del hotel y que tenía hambre. Todo parecía estar sucediendo y mucha gente creyó que así era. Otros, sin hacer alusión a la veracidad – o la falta de esta – de la historia, se confesaban enganchados a la trama e indicaban el país desde el que la seguían, de tal modo que acabé tarareando “La Gozadera” sin querer (Bolivia viene llegando, Brasil ya está en camino, el mundo se está sumando a la fiesta de los latinooos).

Había quienes, a altas horas de la madrugada, esperaban pacientemente a que Manuel escribiera otro mensaje, había quienes escribían e interactuaban entre ellos y con el autor y luego, claro, también a quienes les molestaba haber llegado con la fiesta ya empezada (pues ponte cómodo, hay sitio para todos). Manuel aportaba material multimedia a la historia, contaba que había visto a un tío mirando fijamente a su ventana y, acto seguido, lo mostraba en un vídeo difuso, dándole a todo un toque muy realista. De pronto, el mirón desaparecía y él subía una foto de la calle vacía. Muchos de los que creyeron que aquello estaba ocurriendo, le decían cómo salir del apuro y qué harían ellos en su lugar. Claro que, después de haber sabido cómo evitar un atentado, solucionar la movida de Manuel en un hotel, estaba chupao. En un momento dado, temí que pasara como con Marina y la gente le enviara a la policía a su casa. No se sabe nunca cómo van a reaccionar las masas. Imagino que ni el mismo Manuel sospechó la repercusión que tendría la historia que ideó. Y claro, empiezan a aparecer cuentas fantasma, cuentas fake, suplantadores, montajes, memes… Todos sacamos tajada en mayor o menor medida. Yo, por ejemplo, debo tener unos 30 followers más que hace dos días. Pero nunca pensé “¡Guau, chica! Lo estás petando…”, ya que os recuerdo que lo primero que vi fue que Manuel tenía 200,000 seguidores en una semana – ¿qué es lo mío en comparación? – . Sin embargo, sí que vi que hablar del tema le daba vidilla a mis notificaciones, lo que significa que mucha gente se sentía curiosa e interesada por las opiniones de otros.

Había también quienes temían lo peor: que no fuera verdad. ¿De verdad queríais que alguien se estuviera viendo en una situación tan angustiosa? Había quienes ya anticipaban que el final les iba a decepcionar. Y yo sabía que, a esos, sin duda les iba a defraudar porque así lo habían elegido y ni siquiera se estaban permitiendo disfrutar del camino. A mí, lo único que me desencanta de un final es que exista, pero lo asumo, lo gozo y empiezo otro entretenimiento. Yo, desde mi cuenta, invitaba a quien me leyera a seguir la historia, a disfrutarla, a engancharse a algo por puro placer. Nunca vi maldad en esta creación.

Manuel ha terminado hoy su historia. Ha explicado cómo lo hizo, se ha disculpado con los que se puedan haber sentido engañados, con los que se preocuparon en exceso, y nos ha dado una lección sobre la credulidad en las redes: no hay que creérselo todo.

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Como respuesta al final de la narración, se ha creado el hashtag #GraciasManuel, que sustituye en posición al nombre del protagonista, que ha sido primer TT durante, al menos, dos días seguidos. Y sí, estamos agradecidos porque Manuel y su relato llegaron cuando más lo necesitábamos para recordarnos que, una gran mayoría de los que estamos en Twitter, estamos ahí para divertirnos.

 


Vivimos en un mundo tan agresivo que nos sentimos culpables por vernos guapos, por pensar en nosotros, por gustarnos y por querernos. Aunque muchas veces oímos el “tienes que quererte tú”, hay muchas fórmulas aprendidas que invitan a hacer lo contrario. No tendríamos que aprender a querernos si no nos hubieran enseñado a menospreciarnos.

¿Quién no ha sido vapuleado al decir algo positivo de sí mismo con el famoso “no tienes abuela” o el “baja, Modesto…”? ¿Cuántas veces nos hemos excusado empezando nuestro autobombo con un “está feo que yo lo diga”?

Intentamos reforzar nuestra autoestima pidiendo a nuestras parejas que nos reafirmen su amor. Un día, jugando con mi pareja a la novia pesada, pregunté el típico: “Cariño, ¿tú me quieres?”. Me contestó como todos sabemos que se contestan estas cosas y sonreí. Acto seguido le pregunté: “¿y yo a ti?”. “Mucho y muy bien”, contestó.

Si bonito es que te digan que te quieren, no os imagináis lo que se siente al saber que tus seres queridos tienen la certeza de que tú les quieres a ellos. Por eso, hace unos días,  puse lo siguiente en Twitter:

Fav si te quiero

Las reacciones fueron inmediatas. La primera fue @Niladynimedia y cada fav era una alegría. Algunos me dijeron “tú sabrás”; se apuntó al carro incluso gente a la que no conocía ni me conocía a mí (¡bienvenidos a la rueda del amor!), y otros dijeron tímidamente: “supongo que sí”. Entre la plena convicción y los porsiacasos llegamos casi a ser 50 personas sintiéndonos queridas. Os animo desde aquí a aumentar la cifra.

¿Veis que el corazón está en rojo? ¿Sabéis que significa eso? Sí… yo también hice fav.


21, 22 y 23 de julio de 2017 es de esas de fechas que no vienen destacadas pero tú las ves con luces de colores alrededor. Etnosur es siempre el tercer fin de semana de julio. Si aún no sabes qué es Etnosur, pincha en el nombre, que ya lo expliqué en 2014.

Este año, en su XXI edición, ha vuelto a envolverse de ese espíritu cooperativo, ecológico, multicultural y lleno de vida que tanto le caracteriza. De nuevo ofrecen talleres, juegos en la calle, foros, exposiciones, narradores, conciertos, cine… ¡y todo gratis! Lo que te da la oportunidad de gastarte la pasta en probar algún plato de la gastronomía, principalmente internacional, que ofrece el Pipiripao, o de comprarte un caprichito en el Zoco.

Como ya expliqué qué es Etnosur (en general y para mí), voy a contaros, adjuntando fotos descargadas de la página de Facebook de Etnosur, cómo me lo he montado este año:

En primer lugar, gracias a la generosidad de mi amiga Encarni, volví a gozar de ducha privada con agua caliente y cama mullidita. Quien me conoce sabe que mi intención es contar con esas comodidades porque me facilita el sueño reparador previo al madrugón que me doy para hacer cola para los talleres. Etnosur para mí es más que jolgorio. No niego que me pego unos juergones de aúpa, pero principalmente me organizo para la parte práctica del festival.

Viernes, 21 de julio: llegamos por la tarde y encontramos aparcamiento cerca y pronto. Nos sorprendimos un poco. Sólo había que dejar pasar unas horas para ver cómo la población iba creciendo y empezábamos a ver duendes por todas partes. Solté la mochila y me di una vuelta por la ciudad para ver el percal. Había llegado tarde para los talleres y pronto para los conciertos, pero aún tenía la opción de asomarme por el circo. Fui sin esperanza, ya que mi experiencia me dice que al circo hay que ir con un mínimo de una hora de antelación al reparto de entradas (insisto, gratuitas). El Etnocirco es uno de los mejores espectáculos que he visto nunca. Y cada día y cada año son compañías distintas las que ofrecen sus funciones. Allá que fui, tampoco tenía otra cosa que hacer. Al llegar, me sorprendí al verme posicionada con sólo unas 50 personas delante de mí. Yo, que he llegado a hacer cola de hora y media temiendo que se acabaran los tickets justo al llegar mi turno. Nada más llegar, la cola fue creciendo a sus dimensiones habituales, pero yo ya tenía mi entrada y mi sitio a la sombra (¡milagro!) asegurados. Una vez hecha la cola para la taquilla, hay que continuar y hacer la de la entrada. Todo esto bajo el sol de julio, pero los que ya nos lo sabemos, vamos equipados con pulverizadores y botellas de agua para refrescarnos por dentro y por fuera, protector solar, sombreros, paraguas, gafas de sol… Y todo se comparte con todos porque se crea un ambiente especial que sólo se da en sitios como este. 20369625_1636918016327653_3654492139573253529_oAl entrar, hora y media después de maravillarme al ver una entrada en mis manos, unos espontáneos en el público hicieron algunas acrobacias que nos hicieron la espera más amena.

Y, por fin, ahí estaba Vaivén Circo con su espectáculo Do not Disturb. 

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Un show dinámico, divertido, absurdo y lleno de ternura donde se mezcla la interpretación con la danza y las acrobacias, todo sincronizado a la perfección. El show transcurre alrededor del montaje de una rueda que tienen que crear a partir de cuatro piezas que, uniéndolas, darán paso a diferentes formas y aventuras: puedes verlos perfectamente paseando a caballo o en barco, entre otras. Fin del circo, boca abierta.

Mi próximo paso es por el Pipiripao. Es buena hora para cenar y hay muchas personas que han pensado como yo. Busco algo sano y diferente. Empiezo con algo que debía haber hecho hace mucho tiempo, ya que el zumo de caña de azúcar es lo primero que te encuentras cada año y nunca lo había probado. Este año iba decidida y muerta de sed, así que me pedí uno y me habría tomado tres sin enterarme. Aderezado con un chorrito de limón, me resultó delicioso. Además, este año he sabido que la bebida se llama guarapo, aunque tampoco lo supieran quienes lo elaboran. En un puesto de comida griega ofrecen spirelli crudos, así que decido probarlos con pesto rojo. Yo ya los preparo en casa, pero dándoles una vueltecita en la sartén. Realmente quedan al dente y le puedes poner cualquier acompañamiento. Y no, no fueron una buena elección, no sentí que me entusiasmara la idea de comer algo frío cuando llevaba dos horas con la rebeca puesta y tampoco me gustó la falta de sabor. Me la jugué y de eso se trata. Como no estaba satisfecha, me pasé por la sorpresa de este año y el que, para mí, ha hecho las delicias del Pipiripao esta edición: Mandala Helados, unos helados artesanos que preparaban uno a uno sobre la marcha. Claro, tenías que tener paciencia. Una buena forma de pasar el tiempo era observar cómo el helado iba solidificando y cómo se mezclaban los colores. Realmente la espera mereció la pena. El primer helado fue de mango decorado con plátano deshidratado y galleta triturada. Me voy de conciertos con la barriga contenta.

Desde el Pipiripao escuché a Seydu, original de Sierra Leona, regalándonos ritmos africanos. Supe que, hace mucho, había entrado en Canarias como inmigrante ilegal. Ya nunca miraréis igual a aquellos que huyen en patera, ¿eh? Seydu, siguiendo a su abuelo, fabrica instrumentos con materiales reciclados. Es, en sí mismo, Etnosur recogido en una persona.
20280659_1636925296326925_5235563961010628438_oEl punto culminante de la noche fue el siguiente concierto, uno de los más esperados de esta edición, el de Youssou N’dour, premio Etnosur 2017, llevando la música senegalesa a cualquier punto del planeta. Y esta vez estaba yo en ese punto para verlo. Carismático, divertido, comprometido con asuntos sociales y políticos, supo transmitirnos su pensamiento y su cultura. No importa el idioma si lo sabes decir con música y danza. De camino a casa escuché a Cabruéra, un grupo musical brasileño que mezcla rock y funk con ritmos brasileños cuyo género no sabría citar sin hacer una búsqueda. Y llegué a casa.

Sábado, 22 de julio: Pensé que la pereza iba a poder conmigo cuando tras haber dormido apenas 4 horas, sonó el despertador. Quedar con Rosa me motivó. Suelo hacer los talleres sola, pero saber que alguien contaba conmigo, me sacó de la cama. 20369563_1636936049659183_1526273761648646007_oÍbamos al taller de Mindfulness, impartido por Santiago Orea. Fue difícil elegir entre este taller, el de Ser Payaso, Velas ArtesanalesSandalias Descalzas Construcción de Instrumentos. Pero había que elegir y fue más fácil elegir de los dos que más le interesaban a Rosa que entre los casitodos que me interesaban a mí. El hecho de que una hora antes del taller, el aforo ya estuviera completo, también ayuda a descartar…

(Si me lee alguien de la organización, que me consta que sí – por cierto, un beso – habría que ir regulando los de las “listas ilegales” que, en este caso, se abrieron incluso antes de las 8:30 de la mañana, por lo que a veces ya no asegura nada ir con una hora de antelación).

El taller de mindfulness fue interesante por escuchar a una persona contando su transformación. Lo escuchas y no te crees la evolución ni física ni psicológica que ha experimentado el monitor porque un día decidió que esa no era la vida que quería para él. Por lo demás, no me pareció muy diferente a otros talleres de meditación que ya había hecho, lo que no indica que no fuera bueno, sino que igual, como aquellos spirelli, no fue mi mejor elección de esta edición, sólo porque habría preferido experimentar algo diferente. De mindfulness fuimos a desayunar y a pasear por el microclima del Paseo de los Álamos mientras sonaba la música de Ogun Afrobeat y, más tarde, The Nomadubs. La tarde la pasé con amigos y preferí su compañía a otra cola para el circo. De todos modos, siempre voy al circo sólo uno de los días (creo recordar que únicamente en 2006 fui viernes y sábado), porque de otro modo resulta agotador y en total son 6 horas empleadas haciendo cola. Tiempo que se puede aprovechar en otra cosa, por mucho que compense ver un espectáculo de esas dimensiones. En Etnosur hay siempre mucho que hacer. Tampoco tenía la energía suficiente como para hacer 2 horas de danza con Kata Kanona y su taller Báilale a la tierra. Escucho a mi cuerpo y sé que hice bien no forzando, pero me quedé con las ganas de hacerlo. La noche llegó y el Pipiripao ya estaba en marcha. Decidí ir a lo seguro, a mí nunca me sobra un pad thai, así que fui a uno de los dos puestos que ofrecía noodles y entre el que tenía curry y el que no, me quedé con el que no. A lo seguro dije que iba… mis noodles con verdura eran verduras con noodles. Verduras cortadas demasiado grandes que hacían que no fueran agradables, al menos para mí. Así que acabé retirándola y tomando sólo los noodles de arroz. Me quedé con hambre, claro (Rosa y yo, con la charla, nos habíamos olvidado de comer a mediodía). Así que pensé: “voy a ir a lo seguro de lo seguro”. E hice algo que no suelo hacer: comer algo que me puedo hacer en casa. Fui al puesto de las pizzas y pedí una porción (1/4). Ya era algo funcional, tenía hambre, dos decepciones habían sido suficientes, nunca me había pasado en estos sitios, y creedme cuando digo que algo he probado ya allí. Esa pizza me pareció un regalo divino. Creo que sólo he probado una que se le acerca, pero no la supera. Y bueno, después del disgusto, hice algo que no pensaba repetir (“al lugar donde has sido feliz…”): me pedí otro helado en Mandala Helados. Esta vez, de chocolate (ya no estaba para hostias) con lacasitos y plátano deshidratado (otra vez). La pareja que atendía ese puesto me pareció de lo más encantadora. Y ahora sí, con más gula que hambre, me llené de gloria. Así, hecha una bola y con ganas de pillar una cama, me di una vuelta por los puestos mientras sonaba la música en directo de Pascuala Ilabaca y Fauna, un grupo chileno que no sabes muy bien por dónde te va a salir ni por qué son se guía, pero que hizo las delicias de quienes estaban allí, en calidad de espectadores o, como yo, de oyentes lejanos mientras hacía unas compras. Antes, durante la cena y recena, sonó Shiva Tantra, pero no puedo decir mucho de ellos, ya que he de reconocer que no le presté mucha atención, al estar compartiendo mesa con dos familias con muchos niños pequeños dispuestos a compartir asiento, risas y juegos. 20449200_1636940382992083_1214456328817814728_oY el grupo más esperado de la noche fue Aterciopelados. Si el viernes primaba la cultura africana, la noche del sábado era de los latinos. De esta actuación me rechinó (claro, que la gira se llama Relucientes y Rechinantes) el hecho de que Andrea, la vocalista, destacara continuamente las diferencias entre españoles y latinos y que dijera en varias ocasiones que seguro que no la estábamos entendiendo, que no nos sabíamos las canciones y que teníamos cara de no saber de qué iba aquello. Lo hizo con todo el buen rollo del mundo, pero a mí aquello me desinfló. Escúchame, Andrea, entendimos a Youssou, con quien ni siquiera compartimos idioma y quien hablaba inglés a duras penas. Entendemos la diversidad, entendemos la música, somos Etnosur. De esta actuación destaco su discurso feminista y de fomento del amor propio. La música me dio más igual, me dijo que no la iba a entender y me puse en actitud de “pues vale” (sí, yo, la que ya sabéis algunos que escucho a un grupo israelí que sólo canta en hebreo, entre otros). Tampoco creo que haya que entenderlo todo porque en las expresiones culturales no hay una manera única de entender las cosas. Proyecta la película que quieras y pregúntale a quienes la ven. La película se habrá convertido en tantas películas como espectadores ha tenido. Igual con la música. Me fui a dormir, estaba rota. Porque al día siguiente…

Domingo, 23 de julio: El más que deseado taller de 20414055_1636931119659676_6557106772851924563_oAcroyoga me esperaba por fin. Pero, ¿qué me encuentro? El taller es a las 11, paso antes de las 10 y ya está el aforo completo. Es de 50 personas y me apunto como suplente. Soy la número 73 y no sé muy bien qué hacer. Me dicen de la organización que había gente apuntándose dos horas y media antes. Don Etnosur, no entiendo muy bien esa forma de organizar los talleres. En 10 ediciones no he visto tal cosa. Me voy a desayunar. Estoy sola, claro, pero vienen 3 personas cuando el bar está lleno y en la mesa que ocupo hay 3 sillas libres. Las ofrezco, aceptan mi compañía y uno de ellos me felicita por tener “espíritu Etnosur”. Me gusta. Me acerco al taller de Acroyoga y sólo unos pocos de los nombrados estaban allí, aún hay esperanzas. Resulta que con las listas ilegales la gente se apunta a todos los talleres, pero luego tienen que decidirse por uno porque se solapan. Me atrevo a decir que allí no estaba ni la mitad de los 50 primeros que se apuntaron, así que llegó mi turno y lo celebré entre las risas de quien me oyó gritar un “¡Soy yo!” emocionado y estridente cuando oí mi nombre. Ese taller es lo mejor que me ha pasado en esta edición. Acroyoga Mandala helados. Al principio todo pintaba mal: la lista de espera, algunas de las personas con las que me tocó compartir experiencia… pero luego todo se pone en su sitio. Normalmente nunca he tenido problemas de ningún tipo en Etnosur, pero coincidí con personas que habían hecho el taller el día anterior (organización, por favor… un poquito de compartir, un poquito de espíritu Etnosur) y no respetaban los ritmos de quienes estábamos viendo y haciendo aquello por primera vez. Contaban con ventaja y querían que quedara claro. Pero llegó quien salvó ese momento y me dijo: “oye, ¿me vuelas?”. Dudé. Me sacaba una cabeza y debíamos agruparnos por tamaño, pero que sobrepasara mi altura era menos arriesgado que hacer acrobacias con alguien que no me inspiraba confianza al no dejarme asimilar los conocimientos al ritmo de mi propio cuerpo. “Sí, claro, a ver…”. Primero intentó hacerlo él, pero resulté ser mejor base que voladora. Así que, chico de sonrisa preciosa, perdona que no recuerde tu nombre, pero tuve tus 70 kilos en horizontal sobre mí, sostenidos únicamente por mis pies y creo que no me he sentido tan poderos en mi vida. Nos atrevimos con muchas cosas y en una de ellas nos dimos cuenta de que físicamente no éramos la pareja ideal para estas cosas, pero nos lo tomamos como se lo toman dos personas que son idóneas en muchos otros aspectos. Al terminar todo, lo busqué, nos abrazamos y le di las gracias por haber hecho posible que fuéramos tan buen equipo (también saludé a su novia, que os estáis emocionando demasiado). Y este día no pudo dar para mucho más, que quedaba recoger, dejarlo todo como si no hubiéramos estado, comer y marchar a casa.

Como veis, en Etnosur nunca se pierde el tiempo si te lo sabes montar bien. Siempre hay algo que hacer, siempre hay alguien con quien hablar y se crea un ambiente en el que el espacio se comparte de verdad y se hace con gente que te va a sonreír, que te va a tender la mano o te va a refrescar con una pistola de agua cuando el calor aprieta. Quería centrarme en mi experiencia, pero no puedo evitar seguir contando maravillas de lo que este festival significa en general. Espero ansiosamente poder contaros cómo me lo paso en la próxima edición.

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Desde que pregunté por este tratamiento en Twitter, mucha gente me ha pedido que cuente cómo me ha ido, y yo encantada de hacerlo por aquí para poder extenderme más. Como ya sabéis por otras publicaciones, me gusta contar algo diferente a lo que podéis encontrar en la red por vosotros mismos, aunque, en este caso, creo que es conveniente explicar brevemente qué es esto y cómo se usa.

IMG_8683¿Qué es la henna quinquina?

Se llama quinquina henna neutra, pero no es henna tal y como la conocemos, sino un tratamiento natural incoloro que refuerza el cabello y da brillo y volumen. Se trata de una mezcla de cinco plantas específicas para el cuidado del cabello, en concreto: cassia (henna neutra), quina, abedul, ortiga y tomillo.

¿Dónde se compra y cuánto vale?

Yo la compré en un herbolario y me costó 4’41€. Hay quien compra las plantas por separado y las prepara en casa. Yo compré la mezcla ya hecha y, aunque hay precios más bajos en internet, al sumar gastos de envío, resulta más costoso. También existe en pasta que, al parecer, es más fácil de aplicar.

¿A qué huele? 

Una de las cosas que más me preocupan cuando me informo sobre algún producto nuevo es el olor. Para mí es importante que todo huela suave o a nada. Algunas blogueras que lo habían probado decían que lo peor era el olor. En absoluto, no es desagradable, a menos que no te guste el olor a campo (pero el olor “bueno” del campo). A mí me recuerda al olor del heno, nada invasivo o desagradable. Cuando te quitas la mezcla y te lavas el pelo de manera habitual, se queda el olor pero casi no se percibe. Al siguiente lavado, desaparece por completo.

¿Cómo se aplica?

Ahora ya lo sé, me respondieron desde la página de Facebook de la marca Radhe Shyam, que es la que compré, pero para cuando me respondieron, ya llevaba dos aplicaciones. Tuve que preguntar, ya que, aunque vienen instrucciones, son muy generales y no indica las cantidades. Voy a resumir lo que me dijeron y después cómo lo he ido haciendo yo.

  • Poner agua caliente en un bol de cristal y añadir los polvos (con la mitad del contenido del paquete será suficiente para una melena midi).
  • Remover hasta obtener una pasta.
  • Cuando la pasta esté tibia, se puede añadir acondicionador (el bálsamo de la misma marca, dicen ellos).
  • Aplicar de la raíz a las puntas.
  • Cubrir con una toalla y aplicar calor.
  • Dejar reposar. El tiempo recomendado es de dos horas y media.

¿Cómo lo hice yo? 

  • Primera aplicación: el primer día, lo hice todo de manera bastante intuitiva. Calenté aproximadamente medio vaso de agua, añadí unas cucharadas de quinquina y un par de cucharadas de acondicionador. Utilicé un bol de cerámica. Quedó todo muy líquido, pero eso hizo que fuera fácil de aplicar y bastante más limpio de lo que decían quienes ya lo habían probado. Lo dejé reposar más de dos horas y me lavé el pelo como de costumbre.
  • Segunda aplicación: esta vez probé con más cantidad de quinquina y salió algo más espeso. Aquí ya noté que la primera vez no lo había hecho bien. Lo demás lo hice igual.
  • Tercera aplicación: ya había tenido noticias más precisas sobre cómo hacerlo, así que fui mucho más generosa y la mezcla pasó de ser papilla a ser casi barro. Esta vez, utilicé un bol de plástico. En vez de acondicionador, añadí algo de una mascarilla que ya no estaba usando ni volveré a comprar, pero que para esto podía valer. Y el otro cambio que realicé fue que me retiré el producto con champú sin espuma (¿Champú sin espuma? ¿Qué dices, Eva?). Hay quien lo llama Champú Detox (tampoco hay que creérselo todo) y hay quien lo conoce como Low Shampoo / Champú / Poo… Es, en realidad, una crema de lavado, que presume de no tener sulfatos, pero que lo pone con asterisco, lo que significa que los contiene pero en menor medida que otros champús comerciales. Prácticamente es como lavarse el pelo con acondicionador. También tengo mi experiencia y opinión al respecto, podéis preguntarme si queréis saberlo.
  • Cuarta aplicación: igual que la tercera, porque así fue como mejor me fue.

En las 4 ocasiones no pude ver cuánto tiempo me aguantaba limpio el cabello, ya que las tres primeras veces me llovió – llevaba sin llover un mes y llovió justo esos tres sábados cuando yo salí a la calle sin paraguas – y, la última vez, un niño me vació una bolsa de chuches en la cabeza. Estas son las cosas por las que en Twitter me preguntan si es verdad todo lo que cuento… Esta vez, lo es. En ninguna ocasión apliqué calor. Se calentó todo al cubrirlo y pude pasar algún rato al sol.

¿Qué recomiendo?

  • Cubrir el envase con algún tipo de plástico. El polvo es muy fino, como la harina, y es normal que se salga por los laterales (en la foto podéis ver lo que hice yo, aunque lo bajé para que se pudiera leer bien).
  • Llevar ropa que no uses, te vas a manchar, aunque mis manchas han salido fácilmente al lavar las prendas.
  • Cubrir con papel film y toalla. Para mí el papel film no fue suficiente, ya que al calentarse la cabeza me bajaban gotas “sucias” por la cara y la espalda. La toalla lo evita.
  • Aclarar con ayuda de un acondicionador o crema de lavado. No me parece tan agresivo como el champú normal, aunque cuando retiro gran cantidad de producto con el champú sin espuma, me lavo el cabello como lo hago siempre.
  • Aunque desde la marca me dijeron que utilizara un bol de cristal, yo lo utilicé de cerámica y de plástico. La única recomendación que sigo al respecto es que no sea metálico bajo ningún concepto, al igual que las pinzas con las que sujeto los mechones, que las uso de plástico aunque no haga mezclas químicas.

¿Qué NO recomiendo?

  • Masajear. Extiéndelo bien, pero no masajees ni peines, lo más seguro es que rompas el cabello y se trata de recuperarlo.
  • Aplicarlo con las manos. Para mí fue mucho más fácil y limpio hacerlo con brocha. Y con guantes.
  • Dejar el pelo suelto una vez aplicada la mezcla. Va a gotear y no va a ser tan efectivo como cubrirlo.
  • Obsesionarse con retirar todo el producto. Yo nunca pude (lo explico mejor en el párrafo sobre los inconvenientes).

¿Resultados? 

Aunque me lo estoy cortando para recuperarlo, con tratamientos de este tipo consigo no cortarlo de manera radical y aguantar bien el largo entre corte y corte. Desde la primera aplicación noté el pelo más suelto, más brillante y manejable. Lo que no he notado es que el efecto sea duradero, pero ya os conté que me llovió y todo eso. La primera sensación al aclararlo es de sequedad. El pelo parece estar mucho más seco de lo que estaba antes. Una vez lo lavas y lo aclaras, el cabello está mucho más suelto y es mucho más fácil de peinar. Yo lo dejé secar al aire. Eso sí… vamos a leer los inconvenientes.

Inconvenientes

  • La aplicación es engorrosa. Tanto el proceso como la espera son un poco coñazo.
  • El producto no se va completamente con el aclarado. Todas las veces que te peines en mojado, verás pizcos caer. Una vez se seca, ya no quedarán restos. ¡Ojo! Que sólo notas como arenilla que cae, pero no la percibes de otra manera. Si, al tacto, te notas restos en la cabeza, debes aclararte mejor.

¿Lo recomiendo? 

Sí, y me gustaría volver a pasar pronto por todo el proceso para comprobar aquello que dicen del beneficio acumulativo. Aunque no he visto resultados espectaculares, sí que he notado más efecto que cualquier producto reparador comercial y creedme que he probado unos pocos. Probablemente, la próxima vez lo pruebe en pasta si no varía mucho el precio y no me cuesta mucho encontrarlo.

Si queréis hacerlo bien, seguid los pasos de la tercera aplicación o la recomendación de la marca. Para cualquier duda o sugerencia, nos leemos en los comentarios.

 


¡Qué difícil es disimular cuando no te da la gana! ¡Qué vidilla nos da esa tensión emocional cuando sumas inconvenientes y da positivo! ¡Y qué bonito es olvidar los obstáculos por un momento y tirarnos a la piscina a oscuras, de la mano, desnudos y en bomba!

Aquella noche hubo risas y lágrimas y una cantidad innumerable de “madre mía” por minuto. Si me dicen que tengo que condensar varios años en un par de horas, diría que es imposible. Pero es que ese día pasaron muchos imposibles juntos: imposible que se acuerde de mí, imposible que se quiera acordar, imposible que podamos hablar, imposible, imposible, imposible, posible, sible, ble… y así fuimos deshaciendo lo inverosímil y nuestros nudos en la garganta y en el lazo de mi vestido.

Mientras me decías que, allí arriba, te sobra el mundo, mi sonrisa dejaba ver la superioridad de quien sabe que rompe la estadística. No es la primera vez que me clasifico, no es la primera vez que encuentro sin buscar. No es la primera vez que nos encontramos. ¿Forzamos la siguiente?

Fue la empatía del artista, ese afán por subir a descargarte los hombros y esa mirada tuya del que busca la conexión que no le deja no mirar a la décima fila. “De esos polvos, estos lodos”, te diría mientras masajeo con torpeza tu espalda dolorida (si yo lo que quiero es no dejar de acariciarte el pelo). Y tú sonreirías por la obviedad de mis palabras, el chiste fácil y amargo si lo rematas con la hipótesis que me coloca donde no puedo estar porque seríamos muchos. Y al rato nos levantamos mutuamente la cabeza y nos sonreímos, y nos reímos, porque es de risa que nos riamos dentro de la boca de otro.

Y yo qué sé qué es esto y yo qué sé si se repetirá, si ni sé con certeza quién eres tú, ni si hay otro tú más allá del que yo – un yo que tampoco me resulta familiar – conozco. No me hagas preguntas, avísame cuando llegues. Sí, sí puedes vivir sin mí y con esto. Y yo con esto y sin ti. La vida nos ha sido ingeniosa. Si nos tiene preparado más, tendremos nuestro hueco.


3 de marzo de 2017.

Hacía más de dos meses que había escrito en mi agenda: “concierto Sofía Ellar”. El lugar del concierto me quedaba a casi 400 kms. Vamos, más o menos los mismos que hice para ver AC/DC. Y no es sólo que los conciertos, de quien sean, me suman minutos de vida, es que ahora puedo decir que vi el último de AC/DC con Brian Johnson y el primero de Sofía Ellar con disco en el mercado.

dO2ngnyTCqKhzq42Tenía pendiente escribir sobre Sofía cuando apenas había información sobre ella en la web. Pero ahora que ya la hay, quiero hablar de lo que significa para mí. Descubrí a esta chica en Instagram. La búsqueda en esa aplicación puede ser maravillosa si le sabes sacar partido. Y yo se lo saqué aquel día cuando pinché en un vídeo en el que se veía en miniatura una chica joven de rasgos que se intuían agradables. Lo que no sabía era que estaba a punto de pasar algo irreversible: la escuché. Y ya no pude no estar pendiente de sus actualizaciones desde entonces. Es ahí, en Instagram, donde Sofía se ha hecho grande. Para mí, que alguien triunfe en esa red social, es todo un acontecimiento, acostumbrada a ver que quienes consiguen muchos seguidores ahí es porque ya les vienen rebotados de otro sitio. La evolución de Sofía ha sido a la inversa (a menos que me falte algún dato). Parte de su éxito se debe al mimo con el que gestiona sus redes, ya que procura llevar al día las interacciones con sus seguidores. Y no debe ser fácil de llevar teniendo más de 80,000 seguidores. Por eso ya no sólo sentimos admiración hacia alguien que nos transmite con su música y sus letras, sino que estamos agradecidos por el trato que nos dispensa.

imagesDesde el principio pensé que ella no era la típica chica que sube versiones y se queda sentada esperando a un cazatalentos – de hecho, todas las canciones publicadas desde que sé de su existencia son suyas -. Podía haberme equivocado, pero no. Sofía, junto con un grupo de amigos currantes, ha ido más allá. Y somos muchos los que lo hemos vivido junto a ella paso a paso, viendo cada día sus sesiones agotadoras de grabación y ensayos desde que empezó el año. Del mismo modo, hemos sido los primeros en saber cuándo podríamos escuchar algo suyo en Spotify o cuándo podíamos hacer la compra anticipada de su primer disco, Seis Peniques, en iTunes. Lo confieso, yo fui de esas ansiosas que no pudo esperar.

maxresdefault-2Así que allí estábamos A. y yo, de camino a un lugar que él conocía y yo no para ver a una artista que yo conocía y él no. Ni siquiera se parece al tipo de música que solemos escuchar. Que a mí me iba a gustar, ya lo sabía.
El culmen fue oírle a él decir “¡qué bien canta esta chica!” y que pusiera su disco al llegar a casa de vuelta del concierto.
3 de marzo de 2017, nueve y media de un día lluvioso. La sala Joy Eslava se inunda de aplausos y Sofía entona: Ojos de mar, dime que sientes… 

Y es así como supe la onomatopeya de la eclosión de una estrella.



Juan Maggiani

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