Lo que menos me gusta de ti es lo fácil que tienes la vida. No puede ser justa ninguna persona a quien las cosas le vienen dadas.

No me gusta que te quejes cuando tienes, porque tienes y, cuando no tienes, porque no tienes.

Y, físicamente, aunque no soy muy exigente, me gusta besar de frente. Fui muy infeliz besando de lado. Nuestras cabezas tampoco quedan bien en las fotos. Nuestras risas no suenan al unísono y eructaste impulsando fuerte en la primera cita.

No me gustas, porque piensas que tener buen gusto musical es coincidir con los tuyos. Porque usas demasiado la chaqueta del chándal. Porque bebes del cartón. Porque “yo respeto a los gays, pero”.

No me gustó tu mensaje de “no has mirado…” tras pedirme que no mirara hacia atrás porque te pondrías triste si se alargaba la despedida.

No me gusta cómo besas. Pones demasiado vacío en los besos. Quizás fue la sorpresa por que te besara yo lo que te hizo abrir tanto la boca. La sorpresa de quien confiesa llevar años esperando ese momento. No hubo más besos. No me parece digno el que espera años por alguien que nunca le ha dicho “sí”. No quiero que me rebote la culpa de tu tiempo perdido.

Pero, de todas las cosas, lo que menos me gusta de ti era yo contigo.

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