Ando de vacaciones desde hace un par de días, y por eso he podido seguir esta historia. Mis vacaciones no han sido de hotel y playa (ni, mucho menos, tranquilidad), pero sí lo suficientemente ociosas para permitirme llevar las redes al día.

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Escribo hoy “Manuel Bartual” y aparecen 503,000 resultados y diferentes medios haciéndose eco: 20minutos, La Vanguardia, Público…

Hace unos días no sabía quién era. La madrugada del viernes fue la primera vez que supe algo de él: su nombre, y su número de seguidores: unos 80,000. De pronto, alguien era primer Trending Topic y no era ni un político, ni un eslogan, ni un futbolista. Era “Manuel”, así, tal cual. Me metí en su cuenta, estaba pasando algo muy gordo. Antes de saber qué pasaba, refresqué varias veces su perfil y vi cómo en apenas 5 pulsaciones, sus seguidores subían por centenas en sólo unos segundos. Unas 4 horas más tarde, había doblado los primeros 80,000 seguidores y ya eran casi 200,000. Hablaban otros usuarios de que los 80,000 iniciales también los había conseguido en esa misma semana. No sé cuántos tenía la semana anterior, prometo que nunca había oído su nombre (y no estoy orgullosa de ello, pero no puedo abarcarlo todo). De lo que sí me di cuenta era de que reconocía sus trazos.

Me impresionó tanto el tema de los números, que primero me fijé en esa información y luego busqué el motivo: Manuel se había montado un historión y lo estaba compartiendo en Twitter. Todo estaba redactado de forma tan cotidiana que vi gente actuando como el año pasado con aquel escalofriante caso de Marina Joyce. En su relato, lo mismo te decía que había visto algo, que ponía simplemente “joder, joder, joder”, o te contaba que se había olvidado un bollo en la habitación del hotel y que tenía hambre. Todo parecía estar sucediendo y mucha gente creyó que así era. Otros, sin hacer alusión a la veracidad – o la falta de esta – de la historia, se confesaban enganchados a la trama e indicaban el país desde el que la seguían, de tal modo que acabé tarareando “La Gozadera” sin querer (Bolivia viene llegando, Brasil ya está en camino, el mundo se está sumando a la fiesta de los latinooos).

Había quienes, a altas horas de la madrugada, esperaban pacientemente a que Manuel escribiera otro mensaje, había quienes escribían e interactuaban entre ellos y con el autor y luego, claro, también a quienes les molestaba haber llegado con la fiesta ya empezada (pues ponte cómodo, hay sitio para todos). Manuel aportaba material multimedia a la historia, contaba que había visto a un tío mirando fijamente a su ventana y, acto seguido, lo mostraba en un vídeo difuso, dándole a todo un toque muy realista. De pronto, el mirón desaparecía y él subía una foto de la calle vacía. Muchos de los que creyeron que aquello estaba ocurriendo, le decían cómo salir del apuro y qué harían ellos en su lugar. Claro que, después de haber sabido cómo evitar un atentado, solucionar la movida de Manuel en un hotel, estaba chupao. En un momento dado, temí que pasara como con Marina y la gente le enviara a la policía a su casa. No se sabe nunca cómo van a reaccionar las masas. Imagino que ni el mismo Manuel sospechó la repercusión que tendría la historia que ideó. Y claro, empiezan a aparecer cuentas fantasma, cuentas fake, suplantadores, montajes, memes… Todos sacamos tajada en mayor o menor medida. Yo, por ejemplo, debo tener unos 30 followers más que hace dos días. Pero nunca pensé “¡Guau, chica! Lo estás petando…”, ya que os recuerdo que lo primero que vi fue que Manuel tenía 200,000 seguidores en una semana – ¿qué es lo mío en comparación? – . Sin embargo, sí que vi que hablar del tema le daba vidilla a mis notificaciones, lo que significa que mucha gente se sentía curiosa e interesada por las opiniones de otros.

Había también quienes temían lo peor: que no fuera verdad. ¿De verdad queríais que alguien se estuviera viendo en una situación tan angustiosa? Había quienes ya anticipaban que el final les iba a decepcionar. Y yo sabía que, a esos, sin duda les iba a defraudar porque así lo habían elegido y ni siquiera se estaban permitiendo disfrutar del camino. A mí, lo único que me desencanta de un final es que exista, pero lo asumo, lo gozo y empiezo otro entretenimiento. Yo, desde mi cuenta, invitaba a quien me leyera a seguir la historia, a disfrutarla, a engancharse a algo por puro placer. Nunca vi maldad en esta creación.

Manuel ha terminado hoy su historia. Ha explicado cómo lo hizo, se ha disculpado con los que se puedan haber sentido engañados, con los que se preocuparon en exceso, y nos ha dado una lección sobre la credulidad en las redes: no hay que creérselo todo.

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Como respuesta al final de la narración, se ha creado el hashtag #GraciasManuel, que sustituye en posición al nombre del protagonista, que ha sido primer TT durante, al menos, dos días seguidos. Y sí, estamos agradecidos porque Manuel y su relato llegaron cuando más lo necesitábamos para recordarnos que, una gran mayoría de los que estamos en Twitter, estamos ahí para divertirnos.

 

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