Se ha puesto de moda definir a una “mujer real” como alguien con unas características físicas contrarias a lo estipulado. ¿Acaso las primeras no eran reales? ¿Acaso no lo soy yo, que ni tengo delgadez de pasarela ni las curvas de aquellas que aparecen en los artículos que abogan por otro tipo de realidad (tan real – o tan artificial, por photoshopeada – como la anterior)?
Tanto el negocio de la moda con las campañas de marketing apoyando las curvas 9324387-an-image-of-a-girl-with-a-muffin-top-waist-who-doesnt-fit-in-her-jeans-stock-vector(que no los kilos de más, sino los kilos de más puestos donde mejor puestos están), cuestionan el ideal del cuerpo femenino. Y no, nunca encajo. Pero soy real, lo juro. Amo, vivo, respiro, lloro y río. Siento dolor y placer. Me agobio, me canso… Y, sobre todo, me canso de la estupidez. Y no caigo en la trampa de sentirme halagada cuando tiran por tierra la belleza de una modelo porque deja de ser “una mujer real” en el peligroso lenguaje de una campaña publicitaria. No sólo siento que no lo hacen a mi favor, sino que lo hacen en contra de alguien más. No deja de ser, una vez más, una guerra de tallas que no benefician ni a unas ni a otras.

Os voy a enseñar algo. ¿Sabéis que es esto?

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Soy yo y mi barriguita de hace unos días. Yo, más de 160 centímetros y menos de 60 kilos. Pero ahí está, esa barriga definida como antiestética, porque así nos lo han enseñado. Lo reconozco, no está tonificada porque, ¿sabéis qué significa esta protuberancia?

Esto es anatomía, es genética, es grasa, piel, músculo… La mayoría de las veces representa un momento concreto de mi ciclo menstrual. A menudo, gases, estreñimiento, estrés, falta de ejercicio… Yo soy esta barriguita y soy todas esas cosas que acabo de nombrar. Soy una mujer – obviemos lo de real – que ya celebró los 30, que ha pasado años enteros combinando la silla del escritorio con la del trabajo, que ha vivido día y noche trabajando y estudiando sin apenas descanso y sin tiempo para hacer ejercicio, ni currarse un sanísimo y sabroso menú del que presumir en Instagram. No son excusas, son motivos reales que justifican mi cuerpo imperfecto.

¿Pero sabéis qué significa también? Significa no ponerme un vestido en concreto por si se nota, supone un complejo que hace 15 años me llevaba incluso a no salir o a vestirme diferente para disimular, a comer menos, a esconderme, a ser infeliz.

Y esto lo ha conseguido año tras año la cultura en la que nos ha tocado nacer y lo mucho que nos ha contaminado. Aunque es cierto que hay cabezas más vulnerables que otras, yo caí en la trampa de no verme nunca bien porque alguna parte de mí misma, de eso que soy y no se puede cambiar, no encajaba en unos cánones de belleza en los que parecía que también tenía que incluirme por haber nacido aquí y así.

Y por eso tampoco es 100% culpa de la mujer que hace unos días destacó que a ella no le marca barriga algo que a mí sí (incluso habiendo ella parido y yo no, que bien claro me lo dejó). Ni de la que cumplió los 45 teniendo un cuerpazo retando a otras mujeres a llegar a su edad con sus mismas condiciones físicas. Me gustaría, sí, pero tengo barriguita a los 30 porque mis aspiraciones en la vida no son llegar a según qué edad con un físico determinado, sino con una plaza como docente, entre otros retos personales. Que si la naturaleza ha sido generosa contigo, ambas cosas son compatibles, pero también estamos los que tenemos que trabajarnos tener el vientre plano o el pelo liso y, a menudo, hay que hacer sacrificios para obtener otras metas menos perecederas.

No necesito que me digáis que estoy bien o, peor aún, bien para mi edad. No quiero que me digáis que mi barriguita no es para tanto porque he protestado. Me basta con que no le digáis a otra persona, o a mí misma, que no está bien, porque siempre hay una historia debajo de esos kilos que nos han enseñado a juzgar como de más o de menos, a no ser que entre en juego la salud, que ese ya es otro tema. No me estoy quejando de mi cuerpo, mi protesta va más allá. Si llegas hasta aquí creyendo que me lamento por no tener un cuerpo de catálogo o que busco autoafirmarme o conseguir aprobación, por favor, vuelve a empezar la lectura.

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