No sé por qué siempre digo “hago teatro” en lugar de “soy actriz”, cuando ninguna de las dos cosas son correctas al 100%. No sólo hago teatro, también cuentacuentos, cortometrajes, sketches y anuncios. Y actriz es sólo una parte de las muchas cosas que soy y de las que disfruto oficialmente desde el año 2000.

De las primeras cosas que hago cada vez que cambio de ciudad (y no han sido pocas las ocasiones) es buscar el grupo de teatro local y meterme de lleno. Así es como he pasado por un total de 5 agrupaciones culturales en 3 ciudades distintas.

Lo que venía a contar no es mi recorrido por la interpretación, sino aspectos relacionados con mi observación del mundo (pa variar) y mi experiencia como “actriz en garitos pequeños”.

Como ya he indicado más arriba, he actuado en ciudades diferentes. No sólo por las diversas agrupaciones de las que he formado parte, sino porque afortunadamente no nos quedábamos únicamente en la localidad cuna de los grupos en sí. Han sido varias las ocasiones en las que hemos disfrutado de la convivencia, del trayecto y de la actuación en cualquier otro sitio relativamente cercano.

Pero, ¡ay! Cuando actúas en tu pueblo, durante varios días, no sabría decir cuántos, tú no eres tú. Si ya, automáticamente, en los ensayos te acostumbras a responder por tu nombre y por el de tu personaje, durante algunas semanas, en el pueblo la gente por la calle también te hablará como si formaran parte de la obra.  Así pues, he respondido a los nombres de Julia, RitaBlanca, Alicia, Melodía… y, como parte del equipo, también se me ha identificado este año con el nombre de micro 2. Es un gusto ver a tus vecinos mirarte con asombro por la calle, como si tú no fueras tú porque no es a ti a quien ven, sino a tu personaje, al que ayer estaba en el escenario, al que les hizo reír o llorar, al que les conmovió o les hizo pensar. Y en ese momento no eres Eva ni te brota responder como tal porque no es a ti a quien buscan, lo percibes y, al menos a mí, me agrada.

Tanto es así que, hace unos días, una persona que conozco de toda la vida, sin tener un trato personal, pero sabiendo el uno del otro de nuestra existencia, me paró por la calle para felicitarme, darme dos besos y decir que estaba encantado de conocerme. No me acababa de conocer, era obvio, pero el mensaje iba más allá. Estaba conociendo a quien tanto le había hecho reír y ese personaje soy y no soy yo. Tenía razón, era su primer contacto con ese ente.

Me gusta que me paren por la calle, siempre dicen algo que te hacen sentir bien. Los más tímidos, te miran y sonríen y tú ya adivinas que ocuparon algún lugar en el patio de butacas. Los niños, algunos se acercan y otros te llaman por tu nombre ficticio y luego disimulan. Hay quien te grita tu frase más típica. Este año, lo que más me han dicho es “¿Te puedo tocar?” al haber representado a un personaje extremadamente escrupuloso. Pero hay quien fue más allá y le dio otro sentido a la frase añadiendo “para ver si eres de verdad”.

Es un gusto sentirse atendida de este modo, ser tú y a la vez esa criatura que tanto has estudiado, cuyos movimientos tanto has medido para que, aun teniendo tanto de ti, se parezcan lo menos posible a los tuyos. Se cierra el telón y no das el trabajo por concluido porque el público te espera en cualquier calle para recordarte quién has sido en las tablas. No me dedico profesionalmente a la interpretación (no por falta de ganas), pero tanto en esta afición como en mi profesión, me quedo con la satisfacción de sentir que hago algo por alguien más que por mí misma y que a la vez recibo reacciones, impulsos que me animan a seguir por ambos caminos, esos que vi claros desde muy pequeña cuando vestida de princesa, de hada o de bruja, soñaba con dar clases en un idioma que aún desconocía.

No me equivoqué.

*Aplausos*

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