Anoche me acosté con una noticia extraoficial y osada que afirmaba que hoy iba a ocurrir una tragedia enorme en un lugar que ya ha sido escenario de algo terrible en varias ocasiones. Por un lado, iba a morir una chica. Por otro, iban a morir miles de personas.

Madrugada del día 27 de julio de 2016. Como no me duermo, ojeo Twitter. Son las 3 de la mañana y alguien retuitea un tweet con mucha repercusión en el que una chica analiza uno a uno los gestos sospechosos de la youtuber británica Marina Joyce. Hasta la fecha, no había oído hablar de ella y no me habría interesado lo más mínimo si no fuera por el análisis exhaustivo de la tuitera española (paso de darle repercusión) y los comentarios que seguían a sus tweets.

¿Quién es Marina Joyce?  No me la voy a dar de experta, ya que no hace ni 24 horas aún que oí hablar de ella por primera vez. Es una vloguera de moda y belleza que, como muchas, enseña sus vestidos, explica su rutina de maquillaje y responde a las preguntas de sus seguidores.

¿Cómo empezó el lío? No sé muy bien quién lo empezó, pero es evidente que ha habido un efecto dominó hasta en las más absurdas de las creencias. Sus subscriptores empezaron a notar un cambio de actitud bastante obvio en sus publicaciones. Algunos dejaban comentarios del tipo: “¿Estás bien?” En sus últimos vídeos (todos terriblemente editados) ha aparecido con la mirada perdida, pestañeando con mucha frecuencia, cambiando el gesto de la alegría a una aparente tristeza, cambiando de un tema a otro o repitiendo las mismas frases una y otra vez. Por si no fuera poco, aparece con grandes moratones, también indiscutibles, en brazos y piernas.

¿Qué ocurre en las redes? La noticia salta a Twitter e Instagram, donde Marina también tiene cuenta y sus seguidores empiezan a especular y a comentar entre ellos que posiblemente actúe en contra de su voluntad. Es así como comienzan las peticiones a modo de reply diciéndole: “si necesitas ayuda haz tal o cual cosa”. La expectación aumenta cuando algunos de las peticiones coinciden con sus gestos habituales como “haz un corazón con las manos” o “pon un gatito en tu bío”. Y así surgen los montajes con el comentario y el gesto en cuestión interpretando que necesita ayuda. Y, lo que es más, los análisis de cada uno de sus vídeos, tweets, imágenes, palabras y miradas.

¿Qué vi yo? Vi la evolución de Marina, de una chica joven alegre a una chica enajenada. Vi los moratones y la escopeta y vi muy claro que la joven youtuber está pasando por muy mal momento.

No supe, porque me falta información, si son malos tratos ni por parte de quién, si es un asunto de droga, si es un secuestro o si es esquizofrenia. No lo puedo saber. Ni yo, ni los nuevos expertos que creen que lo son porque supieron abrir una cuenta en una red social. Vi cómo los demás desvariaban interpretando el reflejo que se proyectaba en su pupila. Vi cómo compartían fotos de su pareja (que no tiene cuenta en Twitter) acusándole de maltratador. Vi que anoche Marina tenía 60.000 seguidores y ahora mismo va camino de los 300.000. Escuché el terrible susurro de “help me” y vi el dedo ajeno en pantalla. Y, ojalá no me equivoque, pero me parece buena la explicación de la madre que dice que era ella que llegaba a casa diciendo bajito “Hello. Me.”.

¿Qué vieron los demás que no vi yo?

Los demás vieron que la escopeta no estaba ahí, luego está y luego desaparece. Marina cambia en tres ocasiones la posición de la cámara. La escopeta no deja de estar, sólo que el plano deja de abarcar la parte del mueble donde está apoyada. Vieron una máscara de hombre que, si bien en la imagen es un poco difusa, en el vídeo se ve claramente que es la cabeza de un oso de peluche. Vieron en el reflejo de sus ojos que alguien le levantaba el brazo, cuando se observa en sus ojos siempre la misma figura de la cámara que le enfoca desde delante de una ventana.El efecto óptico de una figura que levanta el brazo lo provoca el color de su pupila al mirar hacia donde yo supuse que habría un monitor en el que ella podía ver lo que estaba grabando. Donde yo supongo que está el monitor y donde se mira continuamente, es donde otros supusieron que había una persona amenazándole o dándole órdenes.

Los demás vieron que cada vez que Marina decía “estoy bien” era una clara señal de socorro, que no podía ser ella quien llevara la cuenta en ese momento porque decía que estaba bien, pero no lo estaba. Y lo intentaban solucionar con un “dime que eres tú, Marina” y Marina contestaba: “soy yo”. Y quien hizo la petición decía: “no puede ser ella, ha dicho ‘soy yo’ y Marina lo habría dicho de tal o cual forma”. Vieron que cuando Marina decía que no llamaran a la policía, que no fueran ridículos, ella estaba pidiendo que llamaran a la policía.

¿Cómo evolucionó la historia?

  1. Marina está mal. Marina se droga.
  2. Marina tiene moratones. Son autolesiones. Marina tiene problemas psicológicos.
  3. No son autolesiones, su novio le pega, tiene cara de maltratador (¿cómo es la cara de un maltratador?).
  4. Marina mira fuera de cámara constantemente. Alguien la vigila.
  5. Su novio la tiene secuestrada. #SaveMarinaJoyce
  6. Marina va a morir porque su secuestrador puede ver la repercusión que está teniendo la historia. Tenemos que hacer algo. Haz Rt.
  7. Marina anima a la gente a ir a una fiesta a las 6:30 de la mañana (no dice el día) y la gente llama a la policía porque eso significa atentado terrorista porque puede que haya sido secuestrada por yihadistas y la hayan obligado a convocar a la gente allí.
  8. Marina aclara que la fiesta es el día 3 de agosto (había ya evento en Facebook y es una rave matinal que se hace todos los años). La gente sigue diciendo que no vaya nadie, que allí murió gente hace años.
  9. Marina hace un vídeo para tranquilizar a sus seguidores, pero tose y se emociona. En la tos todo el mundo entiende “help me”.
  10. Marina tiene 10.000 seguidores más en lo que tardo en escribir esto.

Datos y conclusiones:

Familiares de la joven han reconocido que ha habido problemas relacionados con las drogas y que está en manos de profesionales. Sea como sea, es muy probable que esa parte de su vida no quiera compartirla del mismo modo que esta mañana hizo un vídeo en directo diciendo que sí que hay una historia detrás de los moratones, pero que no la quiere compartir porque, ¡ojo!, el hecho de que hagas pública una parte de tu vida no significa que el resto de la misma también lo sea. Con respecto a su familia y su novio, debe ser muy desagradable enfrentarse a acusaciones tan graves que te convierten de pronto en secuestrador y/o maltratador de tu propia hija o de tu pareja.

Por mucho que ella o sus amigos publiquen en redes suplicando que se dejen de tonterías, la gente que ha pasado la noche especulando por preocupación real o por subirse al carro de la corriente de moda, se aferra únicamente a teorías que apoyen las suyas, retuiteando y contestando a quienes les da la razón o les aporte otro reflejo de una silueta en un marco de fotos en una captura de un vídeo borroso.

Y, por último, da miedo pensar tanto que las hipótesis de maltrato o secuestro se confirmen como que se confirme el hecho de que haya sido una interpretación de Marina para tener más repercusión. Por no hablar del hecho de que nada de esto sea verdad y empecemos a ser conscientes del alcance que tienen las redes sociales. ¡Ojalá supiéramos usarlas a conciencia!

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