La impertinencia ajena me regala una entrada para mi blog.

Hoy no pensaba dejarme ver por las redes, pero ha ocurrido algo que quería comentar: “Ni Periscope ni hostias”.

Periscope es una aplicación que retransmite en vídeo lo que está ocurriendo en directo. Actualmente se utiliza para retransmitir desde una rueda de prensa hasta un cumpleaños o una persona comiéndose una naranja. La aplicación está vinculada a Twitter y ya ni siquiera es necesario tenerla descargada para poder ver los vídeos de los demás.

Pues bien, esto es lo que estaban haciendo dos adolescentes, retransmitir un vídeo, probablemente con todo el pavazo propio de la edad, tumbadas boca abajo en la cama y enfocando únicamente sus caras. En un momento determinado del vídeo en el que una de las chicas dice “hola”, entra la madre como una energúmena diciendo “¡¡¡NI PERISCOPE NI HOSTIAS!!!”. Como no sabe lo que es Periscope, le arrebata el móvil y sigue retransmitiendo su enfado y sus malas formas diciendo “¡Un tío con la polla al aire!” y continuando con la retahíla de madre que no sabe muy bien de qué va la cosa. No sólo es la chica la que dice que ella no estaba haciendo eso, que “es gente que se pone”, sino que los mismos usuarios, que pueden dejar comentarios durante la retransmisión le están diciendo “cálmese, señora”, “su hija no estaba haciendo eso”. Pero la ignorancia es osada y la aplicación seguía abierta difundiendo el espectáculo de una madre fuera de sí.

Tal ha sido la repercusión que “Ni Periscope ni hostias” ha sido Trending Topic a lo largo de la mañana con comentarios que iban desde la alabanzas a una supuesta madre coraje hasta los “yo le habría dado un bofetón”.
Este es el contexto que tengo cuando decido comentar en Twitter lo siguiente:

“‘Ni Periscope ni hostias'” no me parece digno de tanta alabanza. Una madre que grita y no escucha no creo que sea la que todos necesitan.”

Maldita la hora en la que un ser sensible como yo decide entrar en un debate de garrulos en el que se me insulta y se me desacredita porque yo, con ese pensamiento, no merezco tener hijos. Ese comentario ha dado pie a gente que sólo comenta el hilo con un “eres gilipollas” o diciéndome “no tienes ni idea de educar, subnormal”. Y, de nuevo, el “yo le habría dado la hostia sin más”. Soy yo la que no tiene ni idea de educar, no aquellos que insultan y defienden la cultura del tortazo del poderoso por el simple hecho de que lo es.

Luego están los que dicen que si una niña está viendo pollas, lo normal es que se le castigue. Para empezar, esta gente entiende de tecnología lo mismo que esa madre (conste que defiendo que no hay que saber de todo, pero sí poner un mínimo de interés): la chica no puede estar viendo pollas porque Periscope retransmite, pero no puedes hacer otra cosa mientras usas la aplicación. Sin embargo, es más fácil decir que hay que poner límites a niñas que ven pollas y que yo soy subnormal y he bebido o veo telecinco.

Que se está difundiendo un vídeo de unas menores en un contexto “privado”, ese es otro debate. Que hay que poner límites, también. Sin embargo, mi mensaje criticaba a una madre que grita sin escuchar y que no argumenta porque no entiende ni hace por entender lo que está pasando. En la mayoría de las ocasiones, la mente sucia la tiene el adulto, el niño no ha pensado más allá. Pero ese tampoco era el debate que yo planteaba. Y os cuento una anécdota:

Un padre estaba agobiado porque le salían anuncios eróticos bastante poco sutiles en su navegador. Al hijo adolescente le cayó una bronca monumental por ver porno, porque eso era terrible y no debía hacerlo. El problema desapareció cuando el hijo le enseñó al padre cómo borrar el historial, ya que era él el culpable de que salieran esos anuncios, pero lo cómodo, para él y para la madre, era pensar que era el hijo que estaba haciendo un mal uso de las redes. Curioso, ¿eh?

Muchos de los comentarios que me han llegado, me dicen que están de acuerdo en que hay que poner ciertas restricciones. Yo también. No estoy de acuerdo con las formas de esta mujer, ese era mi planteamiento por el que se me ha juzgado e insultado mientras me daban lecciones morales y me deseaban la infertilidad. En mi TL no alimento las insolencias, es por eso que estoy respondiendo con la opción “bloquear” ante la arrogancia y las malas formas (que, os recuerdo, todo venía por criticarlas).

No sólo pienso que hay que poner límites a los hijos, sino que incluso soy partidaria del sopapo cuando representa más que la descarga emocional del progenitor. Pero no puedo apoyar a una madre que grita y no escucha; que ni entiende, ni hace por entender. Eso, para mí, no es educar. La distancia generacional se acorta prestando atención a las inquietudes de los jóvenes.

Las redes son perniciosas si se le da un mal uso, pero mucho más peligroso es transmitir la cultura del griterío ante cualquier conflicto.

Anuncios