Lo primero que supe sobre la copa menstrual contenía trazas de información demoníaca. Y todo por esos malditos tabúes y por seguir permitiendo que “el mes”, el periodo, la menstruación, LA REGLA siga estando mal visto, como si la tuviéramos por capricho o por puro vicio. Mientras la sociedad en la que vivimos niegue este proceso fisiológico, habrá que seguir escribiendo posts como este.

Y no, no sólo nos escondemos de los hombres, también nos escondemos de otras mujeres. Y este “esconderse” es tristemente contagioso, pues la respuesta que obtengo cuando recomiendo la copa menstrual suele ser reacia.

Normalmente, cuando recomiendo la copa, me hacen preguntas sin terminar como:

“¿Pero…?” y me hacen gesto con el dedito hacia arriba. Sí, me la meto, la copa se mete en la cueva, en la vagina, en EL COÑO. O “¿Pero tú…?” (dedito hacia arriba haciendo círculos). Sí, meto los dedos en MI CUERPO para ponerla y para quitarla. Sobre todo para quitarla.

Reconozco que fui bastante cortarollos en una reunión de mujeres en la que se reían de que se inventaran cosas para meternos por ahí, que qué se creían que teníamos. Corté en seco, lo siento, “tengo copa menstrual y va genial”. Se acabaron las bromas y necesitamos más cervezas para que digirieran la información que le estaba dando (¡Oh, dios mío, una de las nuestras se mete cosas por ahí!). Quizás fuera el hecho de que las mujeres que hacían bromas habían pasado los 40 años y su perspectiva es distinta, pero esto no es un asunto de una generación determinada, sino de todas y cada una de las mujeres del planeta.

Hace unas semanas, mi buen amigo Javi, animaba a sus amigas a preguntarse entre ellas las dudas sobre la copa. Yo dejé mi aportación y di permiso para que quien quisiera me escribiera dudas por privado. Lo hicieron. Por una parte, sentí la alegría de ver cómo una desconocida confiaba en mí para hablar de su intimidad y dejarse recomendar. Por otra, la inquietud de ver que nadie me preguntó en abierto. Si es por intimidad, lo entiendo; si es por el hecho inconsciente de extender el tabú, ¡qué pena!

Y, ahora sí, LA COPA MENSTRUAL:

Empecé a plantearme usar la copa el verano de 2014. Los tampones me resultan incómodos y siento que me resecan y, las compresas, en verano, me producen dermatitis. Es decir, a los 5 días de dolor e incomodidad, súmale otros 5 más de granitos, picor y rojeces.

Pero dejé pasar el verano por inseguridad, por no conocer a nadie que la usara. Levanté una piedra y salieron unas cuantas mujeres de diferentes edades escribiéndome por privado sobre su experiencia. Cuando pregunté, la copa prácticamente sólo se podía comprar online y era cara.

Mi primera copa fue un error. La segunda, comprada ya por necesidad, más barata y mejor.

Las copas tienen tallas ¿Cuál me compro?

Esta es la primera duda, ya que cuando empiezas a investigar, te das cuenta de que las copas tienen talla. Nuestro chocho tiene tallas, chicas (“¡Oh! Unas de las nuestras ha escrito ‘chocho’ en su blog”) . ¿Cómo sé cuál es la mía? Hay mujeres que lo saben, a veces se lo ha dicho un ginecólogo o un chico con el que tuvo relaciones le ha dicho que lo tiene apretadito (conozco ambas experiencias: gracias A. y N. por compartirlas conmigo). Básicamente, la norma es que si eres joven y no has parido o has parido mediante cesárea, tu talla es la pequeña. Si has parido, pero practicas yoga u otra actividad en la que se ejercite el suelo pélvico, tu talla sigue siendo la pequeña. Generalmente, el tamaño de la copa no lo determina la cantidad de flujo menstrual, sino la elasticidad de los músculos vaginales. Por mucho flujo que haya, la copa no se va a llenar, a menos que seas kamikaze y no te la cambies en días (no seáis marranas).

¿Qué modelo me compro? 

No tengo experiencia con cada uno de los modelos existentes en el mercado (no me importaría hacer de conejillo de indias si alguna marca me diera a probar), pero sí te puedo decir qué NO comprar. Mi primera copa, de Comfycup, comprada en Amazon, ya no la encuentro y espero que no la encuentre nadie más. El mundo copa ha evolucionado y al probar otra he sentido como si antes me hubiera estado poniendo una copa de esparto. ¿Cuál era el principal problema? El material era bastante rígido por lo que al no tener experiencia ni ser mi vagina el bolsillo de Doraemon, me costaba ponérmela. Además, el extremo que se supone que ayuda a sacarla, era macizo (observad la foto de un modelo parecido) y me hizo una herida en un labio. Huid de estos modelos. Acabé cortando el extremo, que era poco más que un estorbo. El extremo siembre se puede cortar, pero cuidado con apurar demasiado, ya que podríamos perforar la base e inutilizar la copa.

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Imagen del vídeo “Fleurcup Copa Menstrual” vía lacopamenstrual.es

¿Cómo debe ser el extremo? Hueco, siempre hueco, como un tubito y muy flexible (foto abajo). Tened en cuenta que el extremo queda fuera y debe amoldarse a cada movimiento. De no ser flexible, os aseguro que la supuesta comodidad de la copa se convierte en tortura cada vez que te sientas.

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Imagen de copasmesntruales.com

¿Qué pasa si me hace ventosa? 

Que es lo mejor que te puede pasar. Esto no lo he leído en ningún sitio, pero hablando con otras mujeres hemos concluido que no damos la copa por colocada hasta que no sentimos que hace ventosa y no sale al tirar. Si no hace ventosa, parte del flujo saldrá por los laterales y manchará la ropa. Esta es la parte que peor llevo, pues a veces es difícil quitarla precisamente por eso y hay que meter un dedito para hacer vacío y que pueda salir. El proceso me resulta un poco molesto (físicamente). Y sí, insisto, hay que meter los dedos, superadlo.

¿Cada cuánto tiempo la vacío? 

Generalmente depende de la cantidad de flujo, pero como no notas cuánto sale, es imposible saberlo a menos que lo tengas muy claro por otras experiencias. Puedes dejarte la copa puesta unas 10 horas. Yo lo hago así y nunca he llegado a llenar la mitad de la misma. Eso sí, por tu propia comodidad, mejor que lo hagas en casa por la tranquilidad de disponer de tiempo, jabón, toallas…

¿Cómo la vacío? 

Insisto, no sé si lo harán igual el resto de mujeres, pero yo necesito:

  1. Sentarme tranquilamente en el váter o en el bidé.
  2. Meter un dedo para romper el hermetismo.
  3. Hacer pinza con dos dedos y tirar.
  4. Enjuagar.
  5. Colocar de nuevo.

El paso 5 hay que omitirlo si hemos terminado de usarla hasta el mes siguiente. Si es así, habrá que dejarla un ratito en agua hirviendo para esterilizarla, secarla y guardarla en su bolsita hasta el siguiente uso.

¿Qué veré cuando la quite? 

Era uno de mis mayores temores. Yo era de las escrupulosas con la regla. Me habían enseñado a serlo. Y lo que veía en compresas y tampones me resultaba desagradable y maloliente. Temía que se hiciera más evidente en la copa. Al revés: no sólo es que el hecho de ver exactamente la cantidad de sangre que expulsas da tranquilidad (en las compresas la sangre se extiende y a veces parece que ha habido matanza), sino que al mantenerse caliente dentro del cuerpo, no huele mal.

¿Cuánto cuesta la copa?

El rango de precios que he visto va desde los 8€ hasta los 40€, pero el precio no debe ser el criterio a seguir para saber si una copa es, o no, buena. La copa de los horrores que mencioné al principio me costó unos 14€ (+ gastos de envío) en Amazon y, la última, mucho mejor que la primera, sólo 8€. Pagar más de 15-20€ es pagar marca o distribución. Ese precio ya me parece excesivo.

¿Dónde la compro? 

La primera la compré en Amazon, que siempre me da seguridad porque jamás he tenido problemas con ningún envío. Pero claro, era mi primera copa y ni siquiera había visto nunca cómo era una. La segunda copa fue un acierto en todo. Pasaba unos días en Madrid, me tocaba la regla y había olvidado mi copa. Hice cuentas pensando en comprar tampones, pero como los necesito diferentes según el día del periodo, la compra se ponía en unos 10€ tranquilamente. Así que, paseando por Chueca, me acerqué a cotillear a un sexshop. Me atendió un señor amabilísimo que sabía más que yo de vaginas y ciclos menstruales. Tenía muestra de las copas y las podías tocar, manosear, apretar, arrugar, comprobar los tamaños, el material… Y, por 8€ me llevé una que, ¡oh, vaya! Tuve que utilizar esa misma noche. No recuerdo el nombre del sexshop (ojalá el nombre estuviera en la horrible bolsa negra – no vayan a saber que has comprado en el sexshop), pero valdría cualquiera, al menos para informarse.

También me han dicho que por comprar en la web de Ruby Cup envían una copa a una chica en Kenia. Claro que, si os gana el gesto solidario, siempre podéis pasaros antes por un sexshop para tocar los modelos que tengan disponibles, comprobar lo que os digo del rabito que sobresale y hacer las preguntas que creáis oportunas.

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Las instrucciones de uso, el material con el que se realiza y toda esa información de “primera mano” la podéis encontrar con una simple búsqueda en google y en el manual que viene con la copa. Con este post he querido ir más allá, resolviendo cuestiones que fui descubriendo por mí misma.

No dudéis en compartir esta información si creéis que puede ser útil para alguien de vuestro entorno o simplemente si os ha gustado. Contadme si tenéis alguna experiencia diferente a la mía y preguntadme cualquier duda que tengáis, teniendo siempre claro que hablo desde mi propia experiencia.

Espero, con esta publicación, despejar dudas tanto de hombres como de mujeres y extender el mensaje de aceptación de lo natural.

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