Hace un par de noches me encontré con un artículo compartido en Facebook que decía: Una modelo de 18 años edita sus publicaciones en Instagram para mostrar la verdad tras las fotos.

TEASER-Essena-ONeill

Sentí curiosidad por saber cuál era esa verdad. De photoshop, desajustes alimenticios y maquillaje ya hemos tenido mucho. Pensé que me ofrecería algo diferente y así fue.

Essena O´neill, es una joven modelo de 19 años (cumplidos, según ella misma dice, el día después del vídeo que desencadenó este nuevo boom) que ha vivido de las redes sociales desde muy temprana edad. De acuerdo con el vídeo, ha ganado mucho dinero por cosas como ponerse un vestido simplemente para que saliera en una de sus fotos de Instagram, ya que su número de seguidores en todas las redes en las que tenía cuenta era tan elevado que, numerosas firmas de más o menos prestigio, contactaron con ella para hacerle contratos cada vez mejor pagados.

Essena sonríe, se muestra, se maquilla, publica diariamente… y un día se cansa y decide borrar 2000 fotos y dejar sólo 12, pero editando el texto y explicando cosas como: “En esta foto tenía acné”, “esta la repetí no sé cuántas veces”. La (¿ex?) modelo explica que se empezó a sentirse triste cuando se dio cuenta de que sólo vivía para mostrarse, que sonreía para una foto, pero cada vez sonreía menos en la vida real. Y cuenta que hace el vídeo para su niña interior su “yo de 12 años”, que fue cuando empezó a dejarse impresionar por lo que hacían otras chicas y empezó a abrirse camino poco a poco hasta conseguir lo que siempre había soñado.

Protesta porque siente que ha desperdiciado su adolescencia dependiendo de las redes sociales, viviendo de su físico y de la aceptación social (virtual). Algo con lo que soñaba desde pequeña y acabó consiguiendo. ¿Cómo de sola estaba entonces para perseguir su sueño a toda costa? ¿Dónde estaba su familia para asesorarla cuando le hicieron aquella foto en (mini) bikini a los 16 años?

La modelo se queja de engaño, de manipulación. Se disculpa con sus seguidores y con ella misma por el tiempo que lleva haciendo algo que de pronto va contra sus principios. Ha descubierto que las fotos de catálogo no muestran la realidad. Nunca es tarde para abrir los ojos. Y sentí y me creí que ha pasado momentos muy duros, que tenga o haya tenido depresión, y eso es un tema muy serio del que no soy capaz ni de hablar ni me creo quién para ponerlo en duda. En este punto, la chica sí tiene mis respetos.

Que el mundo de la moda es pura manipulación, no es ninguna novedad. Los rasgos físicos de las modelos del momento los tienen una minoría, no es ninguna representación de hombres ni mujeres de a pie. Son MODELOS y viven de cumplir una serie de cánones que el resto no cumplimos y que nos han enseñado a admirar. El maquillaje es otra caraterística de este trabajo, ni siquiera pienso que trate de mentir (sería nuestra culpa si nos dejáramos engañar por esa belleza químico-artística), sino exagerar, llamar la atención, cuando, por ejemplo, le pintan a una modelo los labios de amarillo. Y ya incluso sabemos cuando alguien está retocado, cuando no se le notan la venas, los poros, las ojeras. No hay lunares, no hay granitos, no hay pelusilla… Y no dejaremos de quejarnos y algunas de las quejas las apoyo firmemente, pero una cosa está clara: si todo eso vende, es porque alguien compra.

Pero Essena va más allá y habla de la superficialidad de las redes sociales, de cómo los datos y las estadísticas te empiezan a volver loca cuando consigues un número de seguidores o de me gusta que antes te parecía suficiente y de pronto sientes que tienes que ir a por una nueva cifra. Y mientras más seguidores, más millonarios son los contratos. Mientras más cifras, más cifras. Entiendo que a ella le haya pillado por sorpresa dada su juventud y que si se ha sentido sola, puede que realmente lo haya estado cuando nadie ha sabido ponerle unos límite en una edad en la que somos tan vulnerables.

En su vídeo nos invita a no creernos nada, a salir a la calle, a hablar con desconocidos en un parque, a hacer algún voluntariado, a leer libros, a salir a tomar café… Y mi pregunta es: ¿en serio, Essena, y nombrando a Essena me dirijo a cualquiera que esté en alguna red social, no eres capaz de hacer ninguna de esas cosas porque tengas un nombre de usuario, una contraseña y un número de followers?

Si de verdad las redes nos suponen un problema, debemos pedir ayuda. ¿Cómo lo sabemos? En el momento en el que te planteas qué aficiones has dejado atrás: cine, libros, deporte… ahí pueden estar las claves. Me impresionó que esta chica destacara que lo mejor que había hecho en su mes sin redes, ha sido ver un documental y leer tres libros. Os recuerdo, para enfatizar, que tiene 19 años recién cumplidos.

Tengo Facebook desde 2008, Twitter desde 2011, Instagram desde 2013… y ni a mi vida ni a mi intelecto les ha faltado un buen libro, una buena charla, una mañana al sol… Si hablamos de adicción, estamos hablando de un tema muy serio que habría que tratar en otros términos. Por eso no me creo al 100% la historia de Essena, porque me lo cuenta por Youtube, con el objetivo de que se publique en Facebook y no estoy segura de que no vaya a ganar dinero por las visitas de los que hemos picado con esta historia. Que no es que a mí me importe, que ya quisiera yo ganar millonadas tan fácilmente, pero necesito coherencia con lo que me cuenta.

Pienso mal y creo que ha hecho el dinero suficiente como para no tener que exhibirse. Que realmente puede que le haya afectado psicológicamente, pero a la vez leo entre líneas una pataleta de nueva chica rica. Conozco gente ambiciosa que lo es tanto que llega a deprimirse cuando consigue sus metas porque, una vez que las obtiene, quiere llegar aún más allá. Y ni los números ni el éxito son nunca los deseados. Es como si todo se quedara pequeño cuando te va bien.

Y pienso además en quién le habrá dicho que el vídeo es más creíble si lo hace en casa vestida con una camiseta gris lisa, sin maquillaje y con un moño alto mal hecho. Y si no es esta la misma técnica manipuladora que aquella de ponerse un vestido concreto y posar de una manera específica. Hay que tener cuidado con la doble trampa de las redes sociales.

Yo creo en las adicciones, en la depresión, en la frustración… pero en esta historia, lo siento, no creo.

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