Hoy he sacado mi caja de Plastidecor de 24 que pedí para mi décimo cumpleaños.

En mi familia siempre nos preguntamos qué nos gustaría para nuestros cumpleaños, regalos de reyes, etcétera. Con respecto a esa costumbre, siempre he preferido escuchar las preferencias en un día cualquiera y tenerlas en cuenta para el día señalado. Pero nos preguntamos y nos contestamos. A veces recitamos una lista interminable; otras, no tenemos ni idea de lo que queremos. Sé de más familias que lo hacen así. Es más, supe de una amiga que me contó que su novio y ella se decían directamente lo que querían para ahorrarse la angustia de andar buscando y la incertidumbre de saber si acertarás o no. ¡Venga, matemos al factor sorpresa! ¡Ahorremos en papel de regalo! ¿Para qué?

En ocasiones, la respuesta va acompañada por un gesto de sorpresa por parte del interlocutor. “¿Y para qué quieres eso?” “¿Pero no tienes ya uno?”

Yo tengo la costumbre de pararme en escaparates que ordenan los artículos por gamas cromáticas, bien sean pinturas, lápices o maquillaje. Y antes vivía con frecuencia el “¿Otra vez?” “¿Pero no tienes ya?” “¿Pero no lo miraste ayer?” “Si luego no los usas.”

Y es cierto, he abierto mi caja de ceras, he visto que en algún momento tuve que reponer el color amarillo porque perdí el original. He podido observar que casi todas estaban usadas, pero conservaban el relieve propio que indica que la punta que tiene es aún la que viene de fábrica. Han pasado 20 años desde que me la regalaron y lo único que hay gastado es la caja y el plástico que las contiene.

No las necesitaba, casi ni las usé. Pero no os podéis ni imaginar lo bien que me lo pasé mirándolas.IMG_5094

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