Me siento orgullosa de algo que no se hace gracias a mí, pero de lo que formo parte.

En 2011 se creó el movimiento 18-J, pues el 18 de junio representábamos una obra multidisciplinar basada en la vida de Beethoven. Lo alucinante para mí era que, por primera vez, conocía al autor de una obra. Autor que pronto pasé de verlo sólo como un loco que se sentaba de madrugada a escribir sus locuras, para verlo además como alguien con quien contar. Aquella vez contábamos con música, pintura, poesía, actuación… todo en directo. Y yo tuve la suerte de estar ahí, además, por la más pura casualidad. Tanta fue la suerte que de ahí salió quien es hoy el mejor de los amigos.

Mi actividad sobre los escenarios no paró ese año, me sentía plena, no paraba de hacer lo que más me gusta. Pero no fue hasta verano de 2012 que no tuve otra propuesta de esta gente del 18-J. Esta vez se trataba de un recital de poesía acompañado de piano en directo. No siento la pasión que sienten ellos por la poesía, pero el hecho de volver a hacer algo con ellos y de tener el lujazo de disfrutar de tres pianistas en directo, me entusiasmaba. Combinamos música y poesía como mejor lo supimos hacer. Gustó, gustó mucho.

Nacía Ala y Raíz.

Al año siguiente volvieron a hacerlo. Yo decidí no estar y se demostró lo que siempre repito: nadie es imprescindible (en sel sentido positivo, siempre). Entró más gente, añadieron baile y drama al recital. Y yo estuve entre el público.

Año 2014. Creo que fue por primavera cuando empezaron a llegar los primeros e-mails de Migue. La estaba volviendo a liar y esta vez parecía que era algo más gordo. Nos envió el borrador de un guión que sólo entendía él. Yo sólo fui capaz de captar lo sufiente como para decir que sí casi sin pensármelo. Esta vez, a parte de lo ya habitual (poesía y piano) había violines, danza, teatro, sombras… ¡y hasta un zancudo! Tuvimos la suerte de hacerlo al aire libre en un paraje sin igual.

IMG_6536Al año siguiente, nos avisan de que llevamos la obra a Linares, pero nos falta la bailaora y una de las soldadas. Las echamos de menos, pero seguimos adelante. En vez de baile, hubo magia. Aunque magia ha habido siempre, pero esta vez, con maga incluida.

A partir de haber llevado la obra fuera y del éxito que tuvimos en el Teatro Cervantes de Linares, la gente me ha estado preguntando si se repetirá en algún otro sitio. No. La respuesta es siempre no, y me llena de orgullo decirlo: no se repetirá, porque en cada sitio donde la llevamos, es diferente. Migue adapta el guión al lugar en el que vamos a representarla. ¿No es alucinante? Me siento realmente afortunada de formar parte de algo tan original.

Además, tal es mi suerte, que se me cumplió un deseo que pedí en la última entrada que escribí aquí sobre teatro. Hablaba sobre Sombras y Niebla y sobre el compañerismo. Acababa la entrada así: Si puedo pedir un deseo, ojalá algún día encuentre a compañeros míos de otras agrupaciones en el patio de butacas. No puede ser muy difícil habiendo actuado ya con 5 grupos diferentes. El teatro necesita tanto de gente que llene el escenario, como las butacas. Y sentir el cariño de gente con la que compartes esa pasión, lo hace todo aún más grande. (ver entrada entera aquí). Esta vez por fin se ha cumplido. Pude contar en el público con gente que había ido expresamente a ese teatro. Familiares, amigos y compañeros que habían viajado (porque todos tuvieron que hacerlo) para poder verme en un escenario. La gratitud es inmensa, no os imagináis lo feliz que me hicisteis. ¡Abrazos millones!

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