Desde 2010 resido en un pueblo que no es el mío, adonde vine a formar una familia (aunque sólo fuera de dos). Hoy, cuatro años y medio después, con mi plan inicial malogrado, sigo aquí, desenvolviéndome como una más por los enredos culturales que me ofrece mi lugar de residencia. En cuanto supe que el municipio contaba con un grupo de teatro local, no dudé en hacerme socia, pero fue ese un año de poca novedad, manteniendo activos espectáculos de otros años. Busqué y encontré y, allá donde encontraba, sonaba el eco del mismo nombre: Nono Vázquez. Con la representación de la primera obra en la que salí allí, él tuvo la primera referencia sobre mí. No era con una agrupación, era una obra benéfica de una cofradía (sin ser yo nada de eso) en la que estaban todos los que eran amigos míos en calidad de “novia de” (algunos, muy pocos, los suficientes… supieron serlo también después, ya como individua, gracias por tanto). De aquello me llevé mi primera experiencia en unas tablas que beso, y también una sensación de aspereza al no aparecer mi nombre en la dirección, que era lo que más ilusión me hacía, ya que fue mi primera vez. Pero si alguien, pasados los años, quiere disculparse, que lo haga con mi madre, que le dolió la ausencia de mi nombre antes, y probablemente más, que a mí. Así como tampoco me tuvieron en cuenta a la hora de agradecer a los colaboradores desinteresados, un evento del que salí llorando y no era de emoción. Pero haber estado en el escenario con ellos, hizo que Nono supiera de mí por primera vez. Semanas después, tuvimos ocasión de saludarnos. Si no fue antes, fue porque habíamos estado buscándonos en círculo. SONY DSC          Unos meses más tarde, recibí un correo desde la asociación: alguien buscaba actores para una representación multidisciplinar. Por supuesto, dije que sí. Cuando llevábamos unas semanas ensayando (tal y como ya sé que se ensaya con Migue), nos quedamos sin protagonista. Volvió a sonar el nombre en mi cabeza, pero no quería proponer a nadie a quien no conocía ni podía avisar personalmente. Sin embargo, pasó. A los pocos días, quedando dos semanas para la representación, Nono Vázquez se ponía en la piel de Beethoven. Debo reconocer que aquello tomó otro color, se fueron fijando conceptos y movimientos y, por nuestra parte, algo más. No hubo tiempo para lazos, cuando pudimos tomarnos unas cañas, el estrés de aprenderse el texto en tan poco tiempo, acabó con un Nono febril en cuanto aplaudió el público. IMG_3116 Pero llegó el verano y un e-mail. Nono, molesto consigo mismo y disculpándose por proponerme como segunda opción, me ofrecía un papel en una obra que él mismo dirigía: El Sí de las Niñas. Obviamente, le di el sí. Fue ahí donde empezó todo, una amistad sana, con más cosas en contra que a favor, lo que la hizo más fuerte. Meses después estábamos preparando un cuentacuentos para la guardería donde estaba su hijo, a quien adoré desde antes de ese día, pero fue ahí cuando me di cuenta de que era mutuo. IMG_0345 Desde entonces, las tardes de café y karaoke, los momentos de charla en el Casablanca, eran continuos. En 1012, cuando pude pronunciar un NO en alto y tajante a la vida (poco) sentimental que estaba llevando, él fue la única persona que supo estar a la altura de las circunstancias. Nono, a mí sí que me va a faltar vida para agradecerte que recogieras mis lágrimas esa noche. Nunca había llorado con toda la boca delante de nadie, del mismo modo que nadie me había enseñado a DSC02515actuar con todo el alma. Para ese año ya tenía otra preparada: escenas de Don Juan Tenorio para el día de los difuntos, en el lugar donde más a gusto me siento, después de mi casa: el Casablanca. Al año siguiente, otra obra con él: Farsa y Licencia de la Reina Castiza, con Esperanza Teatro. Y tras un año dejándonos un poco en paz por diferentes circunstancias, a finales de 2014, 401296_10152762831855611_1328470819_nNono me da una noticia: lo habían propuesto como pregonero del carnaval de su pueblo. No podía sentirme más orgullosa de mi amigo, no podía parecerme más justa esa mención. Acto seguido, me dijo su propuesta de pregón, pensaba hacerlo cantado. Iba a preparar todo el repertorio de un día de concurso: presentación, dos pasodobles, dos cuplés con su estribillo, y popurrí, con música que su comparsa había sacado en diferentes años. Y, para colmo de sorpresas, contaba conmigo para hacerle alguna voz. “Pero yo no sé cantar, Nono.” Y eso es algo que puedo decirle a todo el mundo menos a él, para quien soy una todoterreno con un par de huevos enormes. Y es cierto, yo no sé cantar a dos voces, no tengo oído, no sé proyectar la voz… pero no cesó en su empeño. Ensayamos todo lo que pudimos en unos días en los que todo eran complicaciones. Yo, personalmente, sufro en estos meses los estertores y la ronquera de la alergia al ciprés (¡esa gran desconocida!) y eso no es lo más grave que estaba ocurriendo entre los que colaborábamos… Era su momento, sabía que para él era importante tenerme allí, podía contar con otras personas y no lo hizo. Pero también sabía que todo aquello era suyo, de él y para él y no se lo quería estropear. 10371455_859484160782598_2325149355503043663_nA la satisfacción de que contara conmigo, hay que sumarle el hecho de que me mezclaba con gente muy especial para él: su hermano y amigos suyos de toda la vida. Reencontrarme con Raúl Vázquez, fue un gozo tremendo. Siempre lo he admirado en secreto. No puedo describir lo que es volver a hablar tranquilamente con Jose Luis Hinojosa, refugiarme en uno de sus apretones de mano y disfrutar de una de las sonrisas más honestas. Sonrisa, que también tiene Jesús, su hermano, a quien no conocía y con quien creí sentir los tambaleos de un flechazo inevitable. Y Maribel, que me dio la confianza que necesitaba para, al menos, hacer la parte del repertorio que ella había podido oír, la misma que me hizo sentir especial al pedirme opinión sobre lo que había escrito ella para la presentación. Reconozco que no estuve muy expresiva, limitada por mis toses y el sueño que dan los antihistamínicos, pero ojalá la vida nos vuelva a juntar para más momentos así, aunque sólo sean parecidos. 10922797_859484107449270_1135665887194919484_nEntre el público me encontré con caras conocidas y desconocidos que me tocaban y me llamaban por mi nombre mientras cruzaba la sala hasta el escenario. Caras que no olvidaré con nombres que no recuerdo. Y, a los que pude saludar después, los que me dejaron sus impresiones: Lucía, Manolo(s), Bea, LopeCarlos Hinojosa, que dejó de ser mi alumno para ser mi alcalde (y amigo) y Nuria Morcillo, que podía haberse librado de esta, pero quiso acompañarme; a quien últimamente miro antes de salir al escenario, porque su cara relajada y a la vez expectante, hace que me sienta segura. Nuria, sábelo, tienes la mirada propia de familiar de artista, gracias por venir. Después de un pregón fugaz, en el que lucimos los colores que, con prisa y acierto, nos puso Raúl Montoya, pudimos alargar el momento un poco más. Unas horas más para disfrutarnos ya sin prisa, donde también se unió Pablo J., haciéndolo todo más cercano aún, como siempre que podemos, en el Casablanca. Y, para colmo, un día después, cuando los mensajes emotivos de agradecimiento son los que te llenan de notificaciones el grupo de whatsapp en cuestión, recibimos la noticia de un alta médica del que todos habíamos estado pendientes (¡A recuperarse del todo, familia de luchadores!). No se me olvida, lo he dejado intencionadamente para el final. Entre idas y venidas, entre confidencias y proyectos teatrales, pude contar con el apoyo de Mari, quien para mí dejó de ser “la mujer de Nono” para pasar a ser mi amiga, ayudándome con su apoyo incansable en mis oposiciones, animándome en todo, diciéndome sí a un día de compras en otra ciudad, ofreciéndome su casa, el calor de los suyos e invitándome a su mesa algún que otro domingo. Todo esto, en el pueblo en el que vi truncado mi plan de formar una familia, pero donde me encontré formada una preciosa que siento mía. Infinitas gracias a todos. SONY DSC

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