Esta entrada es muy personal. No hago crítica de la obra en cuestión, hablo a corazón abierto de algo que me da mucha vida.

El sábado 22 de noviembre hice una de esas cosas que tanto me gustan: ir al teatro. Lo hago tanto para subirme a las tablas, como para dejarme sorprender desde el patio de butacas. En esta ocasión, hice lo segundo.

IMG_4486Esta vez fue especial… ya, es algo que digo cada vez que voy, sea como actriz o como espectadora, pero es que cada vez es especial a su modo. Aquel día iba a ver a Manu. Iba reventada de un intenso día de coche, compras y dolor de cabeza, pero entraba en mis planes y fui. ¿Quién es Manu, que hacía que no contemplara la idea de no ir? A Manu lo conocí antes de saber quién era, estaba aplaudiendo el día que señalo como más importante teatralmente hablando, donde ya lo menciono en una entrada en este blog: A Manu, porque yo no te conocía y cuando salí a saludar tu aplauso sonó por encima de todos y supe que eras tú. Cuando salí, Manu fue la primera persona que se puso de pie, quitándome de encima el personaje haciendo que me mostrara más tierna y emocionada. Nunca olvidaré esa sensación. Manu fue mi abrigo en un curso de teatro en el que coincidimos. Supo ser varias tallas, quedarme holgado y también ajustarse sin apretar. Y después de aquello, tuve la suerte de actuar con él en la obra Farsa y Licencia de la Reina Castiza, en 2012.

Y por 10435845_790060181024399_8669658879832477623_ntodo esto que cuento, el sábado fui sola al teatro, sólo para verle. Además, creía recordar haber visto a esta agrupación anteriormente en una actuación en la universidad. Fue una gozada y lo recuerdo con mucho cariño. De nuevo, había sensación de orden, de precisión, de todo en su sitio. El vestuario, la escenografía, la iluminación, la proyección de la voz, la coordinación, el dominio del cuerpo… todo sumaba. El color, o la ausencia del mismo, ese coqueteo con el blanco y negro hasta en el más mínimo detalle, me enganchó del todo.

Y, mientras tanto, entre actores1049066_182298218608075_504940956_o y actrices maquillados irreconocibles, descubrí a alguien: “Esa nariz… esa boca… las he visto yo en otra parte.” Recordé que Pepi, compañera mía de otra agrupación con la que, por cierto, no llegué nunca a actuar (Pepi, nos lo debemos), había entrado en otra agrupación. Allí estaba, magnífica, resonando, caminando liviana como si apenas pisara.

Al ver a gente que ya conoces actuar en otros sitios, te das cuenta de que no hay actores buenos (reconozco que es una afirmación muy atrevida, pero entenderéis que hablo de ello con un matiz), sino actores y actrices en mejores o peores manos. En mis propias carnes he vivido cómo un director ha sabido sacar lo mejor de mí, cualidades que ni yo misma sabía que tenía. Y lo mismo veo en gente que se mueve de aquí para allá y escucha, mira y aprende.

Salí de la obra muy tocada con lo que había visto. No quería hablarlo con nadie, por si hablar me sacaba del ensueño. Y pronto salió Manu y pude abrazarlo, empapado en sudor, como cuando fue mi apurada bolsa de condones en los pasillos de un convento. Y esperé a Pepi, pero tuve que ir a buscarla. Me sentía insegura, no me gusta meterme en camerinos cuando lo ocupan otras agrupaciones, por muy bien que conozca el teatro. Empujé un poco la puerta preguntando por ella. Antes de darme cuenta, un grito llenó la sala y ella me abrazaba fuerte. Ni siquiera imaginaba que pudiera significar tanto para ella verme allí. Su reacción fue todo un regalo para mí que, por si no hubiera tenido sufientes emociones, salí llorando de allí. 10703916_10205437726604759_5207428214633138054_n

Vi a mis compañeros felices, realizados, y eso me llena. Si puedo pedir un deseo, ojalá algún día encuentre a compañeros míos de otras agrupaciones en el patio de butacas. No puede ser muy difícil habiendo actuado ya con 5 grupos diferentes. El teatro necesita tanto de gente que llene el escenario, como las butacas. Y sentir el cariño de gente con la que compartes esa pasión, lo hace todo aún más grande. Gracias, compañeros, por darme tanto. Gracias, Manu y Pepi; gracias, In Vitro.

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