Hace un año elegimos obra y, “Cluedo”, el nombre con el que la rebautizmos, no pudo ser más acertado.

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El juego al que hace mención trata de descubrir quién asesinó a un señor, en qué habitación y con qué arma. Desde el minuto uno, la trama de la obra rueda sobre un asunto muy parecido. Pero no puedo hablar sólo de la obra. Si bien no ha habido ningún asesinato, la fecha del estreno ha sido siempre un misterio para los implicados.

En octubre del año pasado volvía a decir que sí a un proyecto teatral. Aunque yo empezaba a la vez a trabajar y a preparar oposiciones, elegí esta actividad para ocupar el poco tiempo de ocio que me quedaría. Calculábamos que marzo o abril podría ser una buena fecha… pero los tejemanejes de la realidad superaron a la enredada ficción de la obra que teníamos entre manos.

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Pronto fueron evidentes las diferencias horarias y geográficas del reparto. Por este motivo, a un mes del estreno, tuvimos una baja que, aunque pronto fue sustituida gracias a la generosidad de Laura que se aprendió su texto en semanas, hubo casi que empezar de cero la puesta en escena que, dada la complicación de la obra, tampoco es que la lleváramos todo lo avanzada que nos hubiera gustado a esas alturas… A cuatro días del estreno, sufrimos la pérdida de una persona muy querida por todos, miembro del grupo y familiar directo de 3 (o podríamos decir 5) de los partícipes. Se aplaza el estreno. Tenemos entre medias una representación más “familiar” en una aldea cercana que nos pone un poco a prueba y nos sube la moral. Se pospone el estreno a lo grande hasta después de verano.

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Un mes antes de la siguiente fecha propuesta, recibimos una terrible noticia: el piso de arriba de la sede de la agrupación se ha venido abajo. En la zona dañada del bajo donde se ubicaba, teníamos montada toda la escenografía  necesaria para la función. Si en cualquier obra necesitas un sofá cualquiera, con una mesa normal, y unas cuantas sillas, para esta era necesario un sofá de no menos de tres plazas, una mesita de café con un cajón frontal visible, un mueble con una puerta donde cupiera una botella también con unas características particulares, un cojín que se abriera fácilmente tirando de los extremos… No hacía mucho que lo habíamos encontrado y montado todo tal y como era preciso. Y, de pronto, no teníamos nada. Afortunadamente, algunos no habíamos devuelto la ropa y eso se pudo salvar. Y más afortunadamente aún, no hubo daños personales, ni de miembros del grupo ni de la familia que vivía en los pisos superiores.

Y así, salvando todos los obstáculos, ayer pudimos presentar el espectáculo más importunado del mundo. Desde aquí quiero agradecer a mis compañeros su buen hacer y su perseverancia para con este proyecto. Hemos sido muy valientes. Nosotras que creíamos que aprendernos tal obra ya era en sí un reto, aprendimos que la vida nos tenía preparados muchos más. ¡Enhorabuena, luchadores!

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