Cuando la electricidad llegó a Downton Abbey, Violet, la condesa viuda de Grantham, se quejaba de que era algo innecesario, que no la necesitaban porque antes se las habían arreglado sin ella. Puedes ver la escena de la que hablo en el minuto 0:23 haciendo click aquí. Lady Grantham también muestra su rechazo al teléfono e incluso a la silla giratoria. Haz click aquí para ver la escena de la silla giratoria.

–          Lady Grantham: ¡Santo cielo! ¿Dónde estoy sentada?

–          Matthew: En una silla giratoria.

–          Lady Grantham: ¿Otra de sus geniales ideas?

–          Matthew: No, la inventó Thomas Jefferson.

–          Lady Grantham: ¿Por qué todo hoy en día supone una lucha con un americano?

Lo mismo ocurre actualmente con las nuevas tecnologías.

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Somos reacios al cambio, incluso cuando el cambio lo que hace es sumar bienestar.

Hace unos días circulaba un vídeo de muro en muro de facebook idealizando la vida sin el uso de los smartphones. En un pseudo-rap, un chico contaba lo que nos estamos perdiendo por ir mirando la pantalla del móvil. Contaba la maravillosa historia de cómo él formaba una familia porque un día se cruzó con la mujer de su vida y se miraron a los ojos. Luego vino la boda, después los hijos, los nietos… en definitiva, objetivos que uno – ¿obligatoriamente? – tiene que cumplir para ser feliz. Para contrastar, volvían a rodar la misma escena en la que se cruza con la chica, pero esta vez él no la ve porque iba mirando el móvil. Supongo que entonces su vida es una mierda, que no tiene ya posibilidad de conocer a nadie más porque tiene un móvil de última generación y de vez en cuando escribe un whatsapp (¿a la mujer de su vida que esta al otro lado del mapa, quizás?).

En el vídeo (ver aquí) sugiere que hablemos entre nosotros, que eso se está perdiendo. ¿Cuándo hemos hablado con la persona que espera el autobús a nuestro lado? Al revés, siempre nos han enseñado a no hablar con los desconocidos, ¿a qué viene esto ahora? Y sí, yo alguna vez lo he hecho, incluso conocí a un chico interesante en un autobús con el que tuve una historia muy bonita (no tanto como para que fuera el hombre de mi vida). El hecho de tener un móvil no me priva de socializar.

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En mi etapa universitaria, aún no había móvil y todos los días nos juntábamos unos cuantos en la parada del autobús. Nadie miraba a nadie. Todos pasábamos el rato mirando al bordillo donde se pararía el 8. En época de exámenes, leíamos apuntes. No miraba una pantalla y tampoco pasó por allí el hombre que me daría hijos perfectos y felices.

Diferente es la dependencia, como en todo, pero la cosa se nos está yendo de madre. A mí me han dicho varias veces que siempre estoy con el móvil. Me lo ha dicho alguien sin soltar el mando de la tele, me lo ha dicho una persona adicta a la nicotina, otra adicta a las compras, también alguien enganchado a los videojuegos y hasta un alcohólico.

En contra de todo lo que se dice, las redes sociales hicieron posible que un día pudiera mirar a los ojos a una persona muy importante en mi vida con quien estoy en contacto diario gracias a whatsapp. Al salir del trabajo, desde que a las 9 hay luz, capturo con la cámara del móvil el atardecer que me regala el cielo. De camino a casa apunto en el block de notas lo que tengo que hacer al día siguiente. A veces, hago la lista de la compra. Después de cenar, veo que tengo mensajes en facebook de amigos que ahora viven en diferentes puntos del mundo… A veces chateo con mi padre, y le mando besos para todos a los que la distancia me impide ver cada día y, a quien, afortunadamente, puedo dar las buenas noches todos los días gracias a las nuevas tecnologías.

Existen muchos mitos sobre el uso del Smartphone. Hace tiempo incluso liberaba ondas cancerígenas. Es injusto que algo que hace la vida más fácil sea desacreditado de esa manera. Pero somos así de catetos.

La ignorancia llega hasta el punto de compartir un vídeo que has visto desde tu Smartphone y que critica a los mismos añadiendo en la publicación un “toda la razón”, para que otro lo comparta diciendo lo mismo.

Cada vez que lo veía, me imaginaba a esa persona viéndolo por la pantalla de su móvil, asintiendo con emoción y lamentándose por lo que se estaba perdiendo. Se promete soltar el móvil en cuanto acabe el vídeo. Pero al final decide que todo el mundo tiene que ser concienciado y copia el enlace, lo publica en facebook, en tuenti, google+, twitter y lo comparte en grupos de whatsapp. Y es que lo han sabido hacer tan bien que nos lo hemos creído.

Yo misma, hace poco fui reprendida por estar con el móvil. Estaba leyendo a Ernest Hemingway.

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