Hay que irse de una ciudad cuyas calles ya no te producen ningún cosquilleo.

Irse, que no huir, a dejar que fluyan las sensaciones en cualquier otro rincón.

A impregnar otros lugares de recuerdos que te estremezcan al revivirlos.

Si quieres, llena tu maleta de evocaciones y llévalas contigo. Ya no pertenecen a un lugar, ni a ninguna otra persona.

Vete a recolocarlos donde la gente todavía sonría.

Pero, sobre todo, haz que broten nuevos.

Vete.

Adonde sientas que más vives.

Imagen

Anuncios