“15 minutos en el microondas”. MicrowaveClock

Pronto estará lista mi lasaña. Le quito el envoltorio, la pongo en el micro, giro la rueda y…

Por lo que sé, no soy la única que aprovecha los eternos minutos del microondas para hacer otras cosas. Es como la leche en un cazo, que hierve sólo cuando no la miras.

Aquel día, decidí dar un paseo. Me puse la sudadera de sacar al perro y allá que nos fuimos Schwarzenegger y yo a dar una vuelta por el barrio. Salíamos a horas inesperadas y sólo nos cruzábamos con esa gente malvestida a la que conviertes en sospechosa hasta que le ves el perro. Schwarzenegger sabía pasear sin incordiar a los demás viandantes, pero ese día se fijó en alguien y yo también.

– Me llamo Andrea. – Dijo mientras nuestros perros se olían los culos.

Pensé que, si no eres famoso, no tienes por qué tener nombre de chica. Andrea era un chico con el pelito largo y una perrita gorda que en verdad sólo está entradita en carnes, porque su raza es así. Pero a Schwarzenegger parecía encantarle. Se llamaba Lulú. No se complicaron mucho. Deseaba que me contara que el nombre lo había elegido su hermana pequeña. Por miedo a que no fuera esa la respuesta, no le pregunté por el nombre de su perra, al igual que no le pregunté por el suyo.

El cortejo entre Lulú y Schwarzenegger fue fácil. Entre Andrea y yo también, aunque un poco más lento. Al tercer día de coincidir y mirar con dientes largos cómo nuestros perros se revolcaban, se mordían, se ladraban y se montaban, los invité a casa.

Hace meses que nos despertamos los unos a los otros a lametones en la misma cama.

Lulú y Andrea se saben mis costumbres y cada rincón de mi casa. Andrea y yo procuramos hacer algo diferente al menos dos días a la semana para no caer en la rutina. La convivencia es agradable. Ha incluido objetos suyos en la decoración de mi casa. Le gusta cocinar, lo que ha hecho que libere mucho espacio en el congelador de mis precocinados.

Hablando de cocinar, ¿cuánto le quedará a la lasaña que tenía en el micro?

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