índiceLo que voy a contar a continuación no es nuevo para mí, pero puede que resulte un tanto particular.

Hace tiempo que estoy a la mira de todo lo relacionado con el tiempo.

La medición de los acontecimientos es algo que me fascina. Quien me conozca de verdad, sabe que tengo un cálculo específico para según qué cosas. Así pues, han sido sonadas mis muchas respuestas a la pregunta ¿Cuánto se tarda?. Hago muy buenas aproximaciones para averiguar qué hora es a cada instante, pero no soy buena calculando cuánto se tarda en hacer alguna cosa o cuánto tiempo llevo haciéndola.y-como-pasa-el-tiempo-a19132877

De esta manera, fui creándome mis medidas y aportando datos como que, mi primer año en el mundo laboral, tardaba 5 canciones en llegar al trabajo en coche, que de mi casa a la tuya tardas lo mismo que el autobús en hacer un recorrido con dos paradas, o cuando un Manu significaba dos semanas, expresión tomada de la frecuencia con la que mi hermano veía a un amigo suyo.

Es tal la fijación, que me he fijado en cosas como que el tiempo pasa mucho más lento en los centros comerciales y más rápido de 19:00 a 21:00 en casi cualquier lugar, que los 20 primeros minutos de una película se cuentan más lentos, que las luces automáticas de los servicios públicos están medidas con un pis muy corto y que la medida de toda una vida es tan ambigua como personal.

Hasta aquí tiempo_manage_0812es todo relativamente normal, pero en los últimos años he ido más allá. Alguna vez leí, y otras tantas escuché, que el verdadero amor dura tres años. Algo en lo que no creo. Primero había que saber qué es el amor. Eso me hizo pensar en cuánto me duraban a mí las relaciones. Cualquier relación afectiva me marca por mucho tiempo si se mantiene durante dos años. Puede que después de ese tiempo la relación haya cambiado, pues siento que tiene 2 cumpleblog tejedoramucho que ver con la evolución personal de cada uno. Pero si consigue llegar a cumplirlos, esa amistad ya tiene su sello en mi vida para siempre. Las que no, afortunadamente se disuelven en cuestión de meses, puede que una estación. Supongo que hace falta ese lapso para conocer de verdad a una persona, pasada la fase del agasajo. Hace exactamente 4 años que me di cuenta de esto. Lo hablaba con un amigo que dejó de serlo al año. Él me decía continuamente que nuestra amistad era muy especial, que sentía que iba a ser para toda la vida. Ahí fue cuando, de manera espontanea, le dije: “Si es real, durará al menos dos años.” No lo fue. Lo que me sirvió como una de las pruebas más ciertas sobre este hecho, al confirmarse que esa persona nunca ha vuelto a ser importante para mí.

Con esto no quiero decir que personas que han pasado un instante por mi vida no sean importantes, sino que la fuerza de la permanencia les da una posición más elevada y positiva en mi recuerdo. Son estas las personas con las que sé que me reencuentro y estoy a gusto. Para las que sé que también tengo un sitio.

Dicho esto, una de las confesiones más íntimas que he escrito y hecho públicas hasta ahora (más incluso que Rarezas), os dejo una reflexión que leí hace tiempo:

Para entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que perdió el año de estudios. Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que dio a luz a un bebé prematuro. Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario.
Para entender el valor de una hora, pregúntale a los amantes que esperan para encontrarse. Para entender el valor de un minuto, pregúntale a una persona que perdió el tren. Para entender el valor de un segundo, pregúntale a una persona que por un pelo evitó un accidente.
Para entender el valor de una milésima de segundo, pregúntale a una persona que ganó una medalla de plata en las olimpíadas.

Anuncios