El viernes pasado fue uno de esos días que no señalo porque ya no se me olvidan.

Iba con una maleta cargada de planes.

He descubierto que Madrid es uno de los lugares donde mejor como, duermo, beso, vivo, disfruto…

Esta vez tocó Alex O’Dogherty. Y digo bien “tocó”: tocó el piano, la guitarra, el acordeón, la trompeta… Realmente no sabía qué iba a ver. A veces juego a eso, como me pasó con la peli “Semiprofesionales”. ¿Es teatro? ¿Es  música? ¿Es recital? Es todo, es espectáculo, es Alex O’Dogherty. Si tenéis oportunidad de ir a verlo, entenderéis que lo que habéis visto sólo se puede definir con su propio nombre.

ImageAlex, junto con La Bizarrería, presenta un show musical completísimo. Un piano del que salen instrumentos, un actor que pare canciones, un cómico que emociona con una poesía, un poeta que canta chistes…

De las cosas que más me gustaron, más allá de lo que es el espectáculo en sí, es la sensación de familia en todo el equipo. Se respira un ambiente sanote de compañerismo, se ve la naturalidad con la que se ayudan los unos los otros en escena, se ríen, se guiñan, se aplauden…

La interacción con el público es también parte de la magia, donde todo el teatro de pronto es parte del elenco. A veces incluso hay un artista que salta de la butaca al escenario para hacer alguna colaboración. Ese viernes les tocó a Nya de la Rubia y a Roko.

Algo en lo que me fijo mucho últimamente es en si se sabe medir la “temperatura del público”, es decir, lo que necesita el público en ese momento: saber cuándo vienen bien las risas y cuándo hay que emocionar; cuándo hay que dar vidilla, y cuándo calma. Hasta ahora he visto muy claro que hay dos personas que lo saben hacer: Rafael Álvarez, El Brujo y Alex O’Dogherty.

Así que, si tenéis oportunidad de pasaros uno de estos viernes por el teatro La Latina, no paséis de largo, daos un homenaje y a liberar endorfinas como locos con Mi Imaginación y Yo.

 

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