Mirar el historial de alguien es peor que leer su diario. En realidad, la gente ya no tiene un diario personal y, quien lo tiene, no da tanta información como lo hace el rastro que dejamos en el ordenador.

Ni siquiera estaba hurgando en la vida de nadie. Sólo miraba de pasada en el portátil que compartía con mi pareja.

“Frases de ruptura para facebook”.

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Esa fue una de las búsquedas que me encontré mientras consultaba el historial del día anterior para volver a una página web que había olvidado marcar como favorita y de la que no recordaba el nombre.

Citas de desamor, frases de desengaño, refranes… serpentinas de desencanto, guirnaldas de  aborrecimiento para decorar el muro de facebook. Y todo, porque no hay un simulador al que pedirle que diga por ti “frases de ruptura para Eva” mientras suena una música apaciguadora y te suministran clínex por el puerto usb. Algo que le dé un sentido a frases como “no eres tú, soy yo”, y decirlas de manera que se entienda bien que “no eres tú” a quien quiero, que “soy yo” que, simplemente, ya no te deseo, pero me faltan huevos.

Ese día entendí que me tocaba a mí acabar con esa relación. Pasaron días en los que a veces, de manera poco convincente, me preguntaba a mí misma si la búsqueda no habría sido de otra persona o para otra situación. Mis interrogantes me proporcionaban la misma falsa tranquilidad que da un reloj atrasado. Crees que aún te queda tiempo cuando en verdad ya nadie te está esperando, porque lo que sea que piensas que va a ocurrir en tus próximos seis minutos, ya hace dos minutos y cincuenta y tres segundos que ha empezado para el resto de la gente.

La determinación ha de ser firme. La carrera de kamikaze no incluye prácticas.

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