¡Por fin!

Lo he vuelto a hacer: tengo un blog.

Yo ya tuve uno y por eso vuelvo.

De la experiencia aprendí a no dedicarle una entrada a nadie, pero lo haré; a no responder a comentarios provocativos, pero volveré a hacerlo; a no mostrarme demasiado sentimental, agresiva, enfadada, enamorada, triste… pero pienso repetir cada error y cada acierto, porque este es de nuevo mi espacio, un disco duro externo como amplificación de mi mente y la enorme cantidad de vivencias y emociones que acumula.

¿Por qué “No corras mucho, papá” porque de alguna manera se lo tenía que dedicar a una de las personas más empeñadas en que nunca dejara de escribir: mi padre. Y para que… eso, que no corras mucho, papá.

Espero daros qué pensar.

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