En este camino no se encuentran arrieritos.

Mi Camino

Va a hacer casi dos meses que hice El Camino de Santiago. Cuando lo digo así, quienes no saben de qué va esto, preguntan: “¿¡ENTERO!?”. El Camino es camino tan incompleto como tú lo elijas. Suma tanto como quieras y haz que sea tuyo.

IMG_9368Hace ya un año que empezó la aventura, cuando en un paseo improvisado, antes de partir una vez más hacia los destinos desconocidos a los que nos lleva la interinidad, nos dijimos que lo haríamos juntas y ambas dijimos que sí. Todavía me sorprende que lo dijéramos, sobre todo yo, que nunca tuve esa idea en mente como algo que tachar de la lista de cosas que quiero hacer en la vida. Pero Carmen sí y, allí mismo, dijo que lo quería hacer conmigo. De pronto se convirtió en algo que añadir en el repertorio de mis objetivos a corto-medio plazo. Un monosílabo te cambia a veces la perspectiva y modifica los datos de tu biografía. ¡Cuánto de verdad habrá en lo que he dicho si consideramos que con un “sí” se acaba casando mucha gente!
Si tienes pensado hacer El Camino, hazlo lo más tuyo posible. Déjate aconsejar, pero toma tus propias decisiones. A través de Carmen y de ellos mismos, recibí las recomendaciones de Sergio y Bego, además de las de Luis y de Juan Diego, que el año anterior lo habían vivido y difundido en sus cuentas de Facebook. Siempre nos cuidan. Por eso atendimos a cada palabra de aquel párrafo en Whatsapp. Y una frase decisiva: “haz tu camino”. IMG_9446En un despliegue de consejos, esa fue la clave. Era una manera de hacernos entender que la experiencia iba a ser nuestra, porque cada vivencia es única, que nos ofrecían un abanico de consejos y que podíamos coger desde todos a ninguno. Pero hay que escuchar a los que han pasado ya por eso, aunque luego tomes tus propias decisiones de acuerdo con tus experiencias previas.

Y una vez hecho, ¿qué me gustó?

  • El olor a eucalipto húmedo. La pisada sobre sus hojas. El confort de mis pies cansados sobre esa maleabilidad después de caminar por piedras o asfalto.
  • Saber dónde están mis límites, aprender a escuchar a mi cuerpo, conocer mi fortaleza.
  • Madrugar sin esfuerzo. Increíble, pero cierto.
  • Las conversaciones sin prisa.
  • Los silencios.
  • Sus “mi camino eres tú” cuando le pedía a Carmen que siguiera su camino porque no le seguía el ritmo.
  • Los espontáneos que se unen a tu caminar.
  • Cenar fruta por placer.
  • Compartir.

¿Qué no me gustó?

  • Las esperas por quienes creen que las fotos son lo más importante. Si no hay foto, no has estado. Si no publicas que haces cosas, es como si no las hicieras. A menudo alguien te ralentizaba porque estaba retransmitiendo sus pasos móvil en mano. En los puentes todo el mundo quería foto. Y no sé por qué, tan de redes como soy yo, preferí vivirlo para mí, para nosotras. Haz tú camino, pero intenta no entorpecer el de otros.
  • La competitividad, porque sí, porque aunque hay pocos, algunos viven de recordarte que otra gente hace más kilómetros, más veces y en menos tiempo que tú. El “stop fake Sarria pilgrims” es parte de esa competición que se olvida de aquello de “la meta es el camino”. Pero vaya, haz el camino que te haga más feliz. Si jactarte es tu objetivo, hazlo, pero es una pérdida de tiempo porque resulta que cada uno está haciendo el suyo y tiene sus propias metas.

El Camino es un intensivo de la vida, solo que este lo has planeado tú. Y ni por esas sale como tú esperas. La vida, ¿no? El Camino exige diligencia, por eso las decisiones han de ser tomadas cuanto antes, porque no tienes tiempo que perder. Aprenderás a identificar y desprenderte de lo que te hace daño, de lo que te pesa; a pararte y respirar, a entender las veces en las que pararse a veces duele y aquellos momentos en los que parar es vital. A comer lo que necesitas cuando lo necesitas, a descansar más durmiendo menos, a soportar el dolor… Sabrás deshacerte con más o menos diplomacia de la gente que no te aporte. Querrás permanecer al lado de los que sí suman. Serás prudente eligiendo quién te acompaña. Y, con suerte, todo esto te lo llevarás como aprendizaje para tu día a día, al que nosotras volvimos con un par de zapatillas menos, una amistad reforzada y una vivencia que alecciona.

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Tetas

El pasado mes observé que en la playa de Quarteira no se hace topless. En Portugal  y en España no hay una ley que lo prohíba, pero sí un acuerdo no verbal que hace que no saques las tuyas a pasear si no hay otras tetas al aire antes. Cuál es mi sorpresa cuando, al pasar unos días en Almuñécar veo que tampoco se hace topless ya. No es algo tan explícito como en Quarteira, pero es bastante evidente que algo ha cambiado.

Corría el año 2010 la primera vez que lo hice yo estando con gente. Pasaba unos días con unas nuevas amigas que, según pisaron la arena, se fueron quitando la ropa y se remetieron la parte de abajo del bikini por arriba y por los laterales. Yo hice lo mismo, era mi primera escapada con ellas y no quería parecer rarita. Aunque me sentía más cómoda si me “vestía” para bañarme y luego me volvía a quitar el top para secarme en la toalla.

Año 2011. Tenerife. Aprovechamos que nos aceptan en un curso becado y nos quedamos una semana más. Las chicas que conocemos de allí hacen topless siempre y llevan tanga a la playa. Nos llevan a bañarnos al mar, al que se accede bajando una escalera metálica – como de piscina – desde una calle empedrada con casas en la otra acera. Pasan coches y personas y mis amigas están en tanga. Nadie mira, nadie sexualiza. Es divertido y natural.

Año 2012, conozco a persona nueva que me acompaña y me anima a quitarme el bikini siempre que me dé la gana sin estar pendiente de si en esa zona hay más mujeres que lo hacen. Es liberador.

Año 2018. Por motivos personales-profesionales, decido no hacer topless a menos que sea en una playa poco concurrida (donde además vea tetas), o alejada de lugares donde me puedan conocer o en una cala perdida. Conclusión: no hago topless.

Este año he visto más niñas pequeñas con el bikini completo que antes. He visto cómo la moda impone de nuevo el bañador (después del trikini) con mucha tela. Incluso bañador tanga (porque el culo sí está bien visto), pero con una buena cantidad de tela cubriendo pecho y espalda. Trajes de baño de diseño, de colores vivos, con volantes, con flecos, o  con algo original escrito para fomentar una moda beachwear y estar a la última también en plena naturaleza. A sabiendas de que esta frase me hace mayor, me atrevo a decir que yo no conocía más beachwear que una camiseta vieja y la toalla al hombro.

Y es este mismo año cuando Aitana Ocaña  (19 años, finalista de #OT2017) ve la necesidad de explicar que no estaba haciendo topless en una foto con sus amigas cuando la mayoría de los comentarios que recibe tras su publicación son reprobatorios, porque “¿cómo se te ocurre”, Aitana?. De alguna manera, ella siente el compromiso de dar una explicación y así lo hace. Aclara que sólo se desabrochó la parte de arriba para que se viera la foto más bonita,  que de todos modos no se atreve a hacer topless desde que es tan conocida y que sólo son unas “tetas con sus correspondientes pezones”. Pero claro, es que hemos crecido con una revista (ya retirada) que exhibía tetas como reclamo en su portada y escuchando a otros debatir sobre si la portada de ese mes era un robado o era un posado y juzgar a la protagonista en función de la resolución. Con la llegada de la cámara digital, y más estando desde hace años incorporada a nuestros dispositivos móviles, el riesgo de ser fotografiada y, a consecuencia, la sensación de pérdida de intimidad es aún mayor.

La censura en redes sociales es tan ambigua como extrema hoy día y nos encontramos con que no puedes subir un desnudo, un culo y mucho menos una teta porque te borran la foto (como poco) y te cierran la cuenta. Especialmente si tienes una cuenta pequeña, que para todo hay clases. Puedes subir cualquier tipo de foto desagradable, puedes subir un animal reventado, un vídeo violento… pero un pezón femenino, ¿¡cómo se te ocurre!?

Al hilo de lo que digo he visto varias protestas y aquí van mis favoritas:

  • fa416a99e23091bf527a67c6fdab11a3La camiteta (click para ver más): Una camiseta con tetas dibujadas a modo de garabato y otra que manifiesta la censura con dos equis en los pezones. Que bien puede representar el símbolo con el que algunos tapan pezón femenino en redes o el esparadrapo que algunas chicas se ponen cuando no llevan sujetador para que no se les marque el pezón (sí, hija, sí…).
  • The Tata Topimagesun bikini top sin relleno y con pezones y colores realistas que a simple vista hace que parezca que no llevas nada. Y no es tan sólo una marca, es todo un movimiento en contra de la censura del pezón femenino. Recomiendo seguir su cuenta de Instagram, en la que – además de exhibir la prenda – publicaron la experiencia de una mujer a la que denunciaron sus vecinos por tomar el sol en su jardín sin la parte de arriba. Cuando llegó la policía a su casa, les abrió con el TataTop y ganó la batalla.
  • mannipsEl movimiento #FreeTheNiple -cuyo hashtag utilicé en una foto sin pezones en Instagram y me advirtieron de que sólo con eso me podían denunciar la publicación -, que lucha en contra de los tabúes legales y culturales que tienen al pezón femenino en su punto de mira.
  • Captura de pantalla 2018-09-02 a las 20.21.59El anuncio argentino explicativo sobre la autoexploración para la detección temprana del cáncer de mama que utiliza a un hombre con el torso desnudo porque mostrar el de la mujer sería inmoral.
  • La noticia falsa (que no he logrado encontrar) de una app para superponer un pezón de hombre sobre una foto que exhiba los pezones de una mujer con el objetivo de que no sea retirada. Incluye varios ejemplos de lo absurdo, ya que la mera areola y el pezón masculino propuesto, sabemos que es masculino porque alguien nos ha dicho que lo es. Y porque las fotos con un pezón de pega son, cuanto menos, absurdas, como lo es esta censura.

Tetas, no son más que tetas con sus correspondientes pezones, sin embargo, sospecho que nos queda mucha lucha. La censura – que da lugar a la autocensura de quienes nos creemos mujeres libres – senos ha ido de las manos.

Imagine Dragons

Preparaba el tema “Thunder” para mis alumnos de 2º ESO, con quienes estaba viendo el vocabulario del clima, cuando vi que Imagine Dragons daba un concierto en Madrid y sería en sábado. Al poco de contárselo a A., recibí una captura donde se veía que teníamos entrada para el 7 de abril.

El sábado pasado, en el WiZink Center teníamos nuestra cita. Tras un breve vídeo acompañado de un juego de luces, sonaba I Don’t Know Why, seguido de Believer, que Wayne Sermon arrancó en acústico para aumentar el ritmo dejando paso a Daniel Platzman con la percusión y haciendo enloquecer al público en cada PAIN. Tuvimos que cantar; Ben McKee estaba de cumpleaños y Dan Raynolds nos lo pidió. Nos quedó un Happy Birthday pa’ enmarcar.

Entre canción y canción, el vocalista hacía breves y acertadas introducciones, a veces incluso chapurreando algo de español. En una de las más remarcables, Dan sacaba la bandera arcoíris, apoyando la causa LGBT, para dejársela puesta sobre los hombros mientras cantaba It’s Time del álbum Night Visions, empezando, al estilo que con Believer, de menos a más, para acabar con cañonazos de confeti y dando saltos por el escenario. Le siguió Gold (Smoke + Mirrors) y una versión de Three Little Birds, de Bob Marley, que hizo que la mayor parte del público sintiera el impulso de acompañar el ritmo con la linterna de sus teléfonos móviles creando un efecto estrellado de lo más zen.

Whatever It Takes nos vuelve a poner las pilas con el remate final de la guitarra de Wayne Sermon, que volvió a deleitarnos en Mouth of the River, el siguiente tema que sonaría.

Recuerdo Yesterday especialmente por el bailecito ridículo y espontáneo que se marcaron McKee y Platzman (y por la broma recurrente de A.). Tras Start Over, llega uno de los platos fuertes de la noche: el momento en el que Dan pide que se hable de la depresión, que se naturalice y que si hay alguien en el público que la sufre, que sepan que no están solos, que hay gente que les quiere y que vale la pena vivir. Y, acto seguido, canta Demons. Lógicamente, a Demons sólo puede seguirle Rise Up y, para terminar de subirnos el ánimo, con On the Top of the World (Night Visions) nos llenan el pabellón de globos gigantes que han caído del techo con los que el público juguetea pasándolos de un lado a otro. Para mí, que desde mi posición sólo alcanzo a verlos, el ambiente que se crea es pura magia.

IMG_4559No tenía un sitio privilegiado (aunque estar allí ya era todo un lujo) hasta que ellos quisieron. Cuando yo creía que ya estarían para terminar, el cambio de luces se produjo sólo para dar pie a que la banda se desplazara a un escenario que había instalado al otro lado (¡mi lado!). Aquí, bien cerquita, tocaron tres canciones: un desgarrador Next to me en acústico, Bleeding Out acompañado de violín y cello (un cello con las notas marcadas, que lo he podido ver a posteriori en mis vídeos), y I Bet My Life (Smoke + Mirrors).

Después de ese regalo, volvieron al escenario principal para interpretar Thunder, con la colaboración de K. Flay. Creía que la siguiente canción, Warriors (Smoke + Mirrors) iba a ser el tema potente de despedida, pero no. Walking the Wire era para mí unas de la más esperadas de la noche que pensé que no iba a llegar, pero aquí, justo detrás de Warriors, tenía su hueco. Sin embargo, a partir de ese momento, dejaron muy claro que al concierto sólo le quedaban dos canciones más, que serían un acústico de The Fall (Smoke + Mirrors) y su mayor éxito, Radioactive (Night Visions), con el que saltaron a la fama.

A continuación os dejo un vídeo que he hecho con fragmentos del concierto para que lo viváis un poco más allá de las letras.

 

 

Cuando Twitter se pone bonito.

Leo es de las pocas personas que no se asustan al recordar que estoy sola. Son tantos los que no quieren ver esta realidad que dan por hecho que siempre estoy bien, que no necesito atenciones, porque pensar lo contrario les aterra. Son diferentes formas de querer a una persona: una hacia adentro y otra hacia afuera. No creo que haga falta decir cuál de las dos es la sana.

Leo sabe darme lo que necesito: a veces compañía ruidosa, a veces compañía silenciosa. Ojalá supiera estar haciéndolo con ella igual de bien que ella conmigo. Como cuando quedaba poco para su boda y dejamos de hablarnos de repente. Un día fue necesario hacerlo y – aparte de lo que le tenía que decir – le dije: “no te hablo por no ponerte más nerviosa”. “Por lo mismo que no te hablo yo a ti”, me dijo.

Leo representa a esa amiga leal cuya amistad empieza en la adolescencia, pero nos llegó todo unos 15 años más tarde. Por eso, un buen día en el que nos vemos, decido hacer un regalo de esos que nunca he hecho porque no he encontrado con quién: uno que exprese claro el sentimiento de haber encontrado a mi alma gemela, concepto en el que nunca había creído del todo. Ella lo es. Porque ser alma gemela no significa ser iguales. Creo que Leo y yo no podemos ser más diferentes pero también creo que con ninguna otra amiga me he entendido mejor en mi vida.

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Leo es una de las pocas personas que le da a mis problemas la importancia que tienen para mí. La que nunca me dice “sal y anímate”,  “hay gente que está peor” o “relativiza”, porque tiene formas más humanas de dar consuelo y empatizar. Es experta en los abrazos a distancia. Leo es mi trébol de cuatro hojas, una variación infrecuente de la amistad.

Esta Leo de la que hablo es  y el jueves pasado hizo algo que quizá quien lo hace no es capaz de ver lo grande que es para mí. Puso este tweet:

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Los que se implicaron no saben lo que hicieron. A lo mejor no me llega la suerte como por arte de magia, pero me cambiaron el estado de ánimo y, al final, una cosa lleva a la otra. Me da igual si lo hicieron porque me conocen, porque conocen a Leo, por ninguna de las dos o por ambas cosas. Para todos ellos escribo también este post, porque valoro los detalles. Escribir un tweet animando, lo es. Y vosotros lo hicisteis. Así que, gracias a todos los que:

four-leaf-clover-152047_960_720Parece una simpleza. Ya. Ojalá te lo hagan alguna vez y sepas lo bien que sienta.

Gracias

Tipos de interés bajo

Lo que menos me gusta de ti es lo fácil que tienes la vida. No puede ser justa ninguna persona a quien las cosas le vienen dadas.

No me gusta que te quejes cuando tienes, porque tienes y, cuando no tienes, porque no tienes.

Y, físicamente, aunque no soy muy exigente, me gusta besar de frente. Fui muy infeliz besando de lado. Nuestras cabezas tampoco quedan bien en las fotos. Nuestras risas no suenan al unísono y eructaste impulsando fuerte en la primera cita.

No me gustas, porque piensas que tener buen gusto musical es coincidir con los tuyos. Porque usas demasiado la chaqueta del chándal. Porque bebes del cartón. Porque “yo respeto a los gays, pero”.

No me gustó tu mensaje de “no has mirado…” tras pedirme que no mirara hacia atrás porque te pondrías triste si se alargaba la despedida.

No me gusta cómo besas. Pones demasiado vacío en los besos. Quizás fue la sorpresa por que te besara yo lo que te hizo abrir tanto la boca. La sorpresa de quien confiesa llevar años esperando ese momento. No hubo más besos. No me parece digno el que espera años por alguien que nunca le ha dicho “sí”. No quiero que me rebote la culpa de tu tiempo perdido.

Pero, de todas las cosas, lo que menos me gusta de ti era yo contigo.

50 Palos de Pau

Nunca me sobra un concierto, podría incluso no gustarme el artista, que me gustará ir al concierto. Desde muy joven siempre quise ver a “Jarabe de Palo” en directo. Hace unos años, los tuve a 2 kilómetros de casa dando un concierto gratis. ¿Por qué no fui? Porque otra persona tenía otros planes para mí y yo era de esas que lo creían todo eterno. Nada lo era, y mucho menos aquello por lo que cedí.

A Pau Donés le llegó el éxito a los 30. No sé si es tarde – ni sé qué es “tarde” -, hay profesiones para las que parece que hay caducidad o edad mínima para empezar. Desde luego, no era tarde para él, ni tampoco era pronto para mí, que tenía unos 10 años por entonces. Su música es una de esas cosas que hacían lazos entre mi hermano y yo. En la búsqueda de nuestra identidad, era más difícil encontrar algo que nos uniera y, la música, en ocasiones, era el mejor vínculo.

Pero se puso de moda decir que de este grupo todo suena igual. Esto me lo ha dicho incluso gente que escucha a Fito. Se llama “sello”, amigos, y todos los cantantes lo tienen. Y ocurrió porque Pau y su banda demostraron que no serían un one-hit wonder y siguieron haciendo música para quienes supiéramos disfrutar de ella. He seguido su pista todos estos años y, en ese “escucharlos en silencio”, llegó el día en que me dijeron que esto se acababa… Y desde entonces me pongo en bucle “50 Palos”.

Mi pareja y yo solemos ir a conciertos de todo tipo. Nos hemos permitido el lujo de ver a “AC/DC” y “Guns N’ Roses” y hemos hecho la broma recurrente de que puede que sea el último concierto. Es muy fácil decirlo de un pollavieja (el término es goloso, Michelle), pero puede que sea el último concierto porque seamos nosotros los que ya no estemos aquí para el próximo.

He querido contar todo esto antes de llegar a lo que de verdad me inspiró para venir aquí y es justo eso, el último disco, que incluye versiones de 21 de sus canciones más conocidas y 1 tema inédito. Puedes pensar, escuchando el tema inédito, que Pau se está despidiendo. Él dice que es un canto a la vida pero, ¿no parece más un canto al fin de la misma? Veamos:

50 años y un cáncer (bueno, dos, pero uno es fruto del anterior). 50 años y un día te dicen: “te quedan menos de 5”. Y tú escuchas esa frase con letra de médico y piensas con letra de médico: “¿qué se hace ahora?”. O lo que sea que piensen quienes se encuentren con eso… Lo que sea que pensaran mi abuela, mi suegro, la prima Ángeles, el padre de Isa, el bueno de Juan… porque un día llega alguien que te sabe decir, con más o menos certeza, que tu vida se acaba. La única diferencia, a simple vista, con la vida de los demás, es que tú sabes cuándo. Y esto es lo que me ha hecho plantearme si él habla de él o de mí, de nosotros, en su canción. Si cuando pide un abrazo, que puede que sea el último, es el último porque se va él o porque te vas tú. Lo básico es pensar que es él el que se marcha, porque es él el que lleva la bomba de relojería que un día estallará. Pero yo no me quedo aquí. Y quién sabe si no me voy antes. O te vas tú.

“Ahora que sólo el ahora es lo único que tengo”, como si antes tuvieras algo más. De nuevo, yo creo que tengo un “después” y todos mis proyectos van en esa dirección; Pau sabe que sólo tiene un ahora. Yo no lo sé. Yo no lo vivo. ¿Y tú?

¿Qué haríamos si supiéramos cuándo vamos a morir? Hace unas semanas planteábamos esta pregunta en unas clases de inglés (ya… ¡yo qué sé!) y nadie quería saber la fecha de su muerte, en caso de que se pudiera saber de alguna manera. Ninguno de los que estábamos allí, ni siquiera los que propusimos esa reflexión, supimos responder con la cabeza fría. Yo, en particular, no sabría qué hacer con ese dato. Y es que el plazo viene de la mano de una dolencia que no sabes si los años o los meses que te quedan van a ser realmente de vida o de padecimiento (las veces que lo he visto, no se le podía llamar “de vida”). Pero, ¿y si viniera sin achaques? ¿Y si tuviéramos la posibilidad de conocer el momento de nuestra muerte, de prepararnos para ella? ¿Viviríamos de manera diferente? ¿Seríamos mejores si fuéramos realmente conscientes de que un día dejamos de estar? ¿Seríamos consecuentes sabiendo que esa persona que tenemos cerca también se marchará algún día? ¿Nos preocuparíamos por dejar una huella más bonita que la que dejamos? ¿Nos comportaríamos de manera más afable?

Pau, desde su experiencia, me está haciendo ver que esto se acaba. Lleva años diciéndomelo, antes incluso de que la fiera le mordiera las entrañas. Lo he visto ahora, pero no lo entiendo. Lo veo, pero no lo asimilo. No sé vivir el ahora. No lo digiero.

Si hubiera sabido vivir el ahora, habría ido a aquel concierto al lado de casa. Habría abandonado creencias e ideales mucho antes y me habría aferrado a otras que me hacen más feliz. Todo tiene su momento, pero a veces ese momento no llega. A veces hay que forzarlo. Por eso, hoy los veo en concierto a 400 kms de casa y por eso no los vi cuando estaban gratis y al lado. Gracias, Pau.

 

 

 

@ManuelBartual; más que un relato

Ando de vacaciones desde hace un par de días, y por eso he podido seguir esta historia. Mis vacaciones no han sido de hotel y playa (ni, mucho menos, tranquilidad), pero sí lo suficientemente ociosas para permitirme llevar las redes al día.

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Escribo hoy “Manuel Bartual” y aparecen 503,000 resultados y diferentes medios haciéndose eco: 20minutos, La Vanguardia, Público…

Hace unos días no sabía quién era. La madrugada del viernes fue la primera vez que supe algo de él: su nombre, y su número de seguidores: unos 80,000. De pronto, alguien era primer Trending Topic y no era ni un político, ni un eslogan, ni un futbolista. Era “Manuel”, así, tal cual. Me metí en su cuenta, estaba pasando algo muy gordo. Antes de saber qué pasaba, refresqué varias veces su perfil y vi cómo en apenas 5 pulsaciones, sus seguidores subían por centenas en sólo unos segundos. Unas 4 horas más tarde, había doblado los primeros 80,000 seguidores y ya eran casi 200,000. Hablaban otros usuarios de que los 80,000 iniciales también los había conseguido en esa misma semana. No sé cuántos tenía la semana anterior, prometo que nunca había oído su nombre (y no estoy orgullosa de ello, pero no puedo abarcarlo todo). De lo que sí me di cuenta era de que reconocía sus trazos.

Me impresionó tanto el tema de los números, que primero me fijé en esa información y luego busqué el motivo: Manuel se había montado un historión y lo estaba compartiendo en Twitter. Todo estaba redactado de forma tan cotidiana que vi gente actuando como el año pasado con aquel escalofriante caso de Marina Joyce. En su relato, lo mismo te decía que había visto algo, que ponía simplemente “joder, joder, joder”, o te contaba que se había olvidado un bollo en la habitación del hotel y que tenía hambre. Todo parecía estar sucediendo y mucha gente creyó que así era. Otros, sin hacer alusión a la veracidad – o la falta de esta – de la historia, se confesaban enganchados a la trama e indicaban el país desde el que la seguían, de tal modo que acabé tarareando “La Gozadera” sin querer (Bolivia viene llegando, Brasil ya está en camino, el mundo se está sumando a la fiesta de los latinooos).

Había quienes, a altas horas de la madrugada, esperaban pacientemente a que Manuel escribiera otro mensaje, había quienes escribían e interactuaban entre ellos y con el autor y luego, claro, también a quienes les molestaba haber llegado con la fiesta ya empezada (pues ponte cómodo, hay sitio para todos). Manuel aportaba material multimedia a la historia, contaba que había visto a un tío mirando fijamente a su ventana y, acto seguido, lo mostraba en un vídeo difuso, dándole a todo un toque muy realista. De pronto, el mirón desaparecía y él subía una foto de la calle vacía. Muchos de los que creyeron que aquello estaba ocurriendo, le decían cómo salir del apuro y qué harían ellos en su lugar. Claro que, después de haber sabido cómo evitar un atentado, solucionar la movida de Manuel en un hotel, estaba chupao. En un momento dado, temí que pasara como con Marina y la gente le enviara a la policía a su casa. No se sabe nunca cómo van a reaccionar las masas. Imagino que ni el mismo Manuel sospechó la repercusión que tendría la historia que ideó. Y claro, empiezan a aparecer cuentas fantasma, cuentas fake, suplantadores, montajes, memes… Todos sacamos tajada en mayor o menor medida. Yo, por ejemplo, debo tener unos 30 followers más que hace dos días. Pero nunca pensé “¡Guau, chica! Lo estás petando…”, ya que os recuerdo que lo primero que vi fue que Manuel tenía 200,000 seguidores en una semana – ¿qué es lo mío en comparación? – . Sin embargo, sí que vi que hablar del tema le daba vidilla a mis notificaciones, lo que significa que mucha gente se sentía curiosa e interesada por las opiniones de otros.

Había también quienes temían lo peor: que no fuera verdad. ¿De verdad queríais que alguien se estuviera viendo en una situación tan angustiosa? Había quienes ya anticipaban que el final les iba a decepcionar. Y yo sabía que, a esos, sin duda les iba a defraudar porque así lo habían elegido y ni siquiera se estaban permitiendo disfrutar del camino. A mí, lo único que me desencanta de un final es que exista, pero lo asumo, lo gozo y empiezo otro entretenimiento. Yo, desde mi cuenta, invitaba a quien me leyera a seguir la historia, a disfrutarla, a engancharse a algo por puro placer. Nunca vi maldad en esta creación.

Manuel ha terminado hoy su historia. Ha explicado cómo lo hizo, se ha disculpado con los que se puedan haber sentido engañados, con los que se preocuparon en exceso, y nos ha dado una lección sobre la credulidad en las redes: no hay que creérselo todo.

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Como respuesta al final de la narración, se ha creado el hashtag #GraciasManuel, que sustituye en posición al nombre del protagonista, que ha sido primer TT durante, al menos, dos días seguidos. Y sí, estamos agradecidos porque Manuel y su relato llegaron cuando más lo necesitábamos para recordarnos que, una gran mayoría de los que estamos en Twitter, estamos ahí para divertirnos.

 


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