En este camino no se encuentran arrieritos.

Cariño, ¿yo te quiero?

Vivimos en un mundo tan agresivo que nos sentimos culpables por vernos guapos, por pensar en nosotros, por gustarnos y por querernos. Aunque muchas veces oímos el “tienes que quererte tú”, hay muchas fórmulas aprendidas que invitan a hacer lo contrario. No tendríamos que aprender a querernos si no nos hubieran enseñado a menospreciarnos.

¿Quién no ha sido vapuleado al decir algo positivo de sí mismo con el famoso “no tienes abuela” o el “baja, Modesto…”? ¿Cuántas veces nos hemos excusado empezando nuestro autobombo con un “está feo que yo lo diga”?

Intentamos reforzar nuestra autoestima pidiendo a nuestras parejas que nos reafirmen su amor. Un día, jugando con mi pareja a la novia pesada, pregunté el típico: “Cariño, ¿tú me quieres?”. Me contestó como todos sabemos que se contestan estas cosas y sonreí. Acto seguido le pregunté: “¿y yo a ti?”. “Mucho y muy bien”, contestó.

Si bonito es que te digan que te quieren, no os imagináis lo que se siente al saber que tus seres queridos tienen la certeza de que tú les quieres a ellos. Por eso, hace unos días,  puse lo siguiente en Twitter:

Fav si te quiero

Las reacciones fueron inmediatas. La primera fue @Niladynimedia y cada fav era una alegría. Algunos me dijeron “tú sabrás”; se apuntó al carro incluso gente a la que no conocía ni me conocía a mí (¡bienvenidos a la rueda del amor!), y otros dijeron tímidamente: “supongo que sí”. Entre la plena convicción y los porsiacasos llegamos casi a ser 50 personas sintiéndonos queridas. Os animo desde aquí a aumentar la cifra.

¿Veis que el corazón está en rojo? ¿Sabéis que significa eso? Sí… yo también hice fav.

#Etnosur2017

21, 22 y 23 de julio de 2017 es de esas de fechas que no vienen destacadas pero tú las ves con luces de colores alrededor. Etnosur es siempre el tercer fin de semana de julio. Si aún no sabes qué es Etnosur, pincha en el nombre, que ya lo expliqué en 2014.

Este año, en su XXI edición, ha vuelto a envolverse de ese espíritu cooperativo, ecológico, multicultural y lleno de vida que tanto le caracteriza. De nuevo ofrecen talleres, juegos en la calle, foros, exposiciones, narradores, conciertos, cine… ¡y todo gratis! Lo que te da la oportunidad de gastarte la pasta en probar algún plato de la gastronomía, principalmente internacional, que ofrece el Pipiripao, o de comprarte un caprichito en el Zoco.

Como ya expliqué qué es Etnosur (en general y para mí), voy a contaros, adjuntando fotos descargadas de la página de Facebook de Etnosur, cómo me lo he montado este año:

En primer lugar, gracias a la generosidad de mi amiga Encarni, volví a gozar de ducha privada con agua caliente y cama mullidita. Quien me conoce sabe que mi intención es contar con esas comodidades porque me facilita el sueño reparador previo al madrugón que me doy para hacer cola para los talleres. Etnosur para mí es más que jolgorio. No niego que me pego unos juergones de aúpa, pero principalmente me organizo para la parte práctica del festival.

Viernes, 21 de julio: llegamos por la tarde y encontramos aparcamiento cerca y pronto. Nos sorprendimos un poco. Sólo había que dejar pasar unas horas para ver cómo la población iba creciendo y empezábamos a ver duendes por todas partes. Solté la mochila y me di una vuelta por la ciudad para ver el percal. Había llegado tarde para los talleres y pronto para los conciertos, pero aún tenía la opción de asomarme por el circo. Fui sin esperanza, ya que mi experiencia me dice que al circo hay que ir con un mínimo de una hora de antelación al reparto de entradas (insisto, gratuitas). El Etnocirco es uno de los mejores espectáculos que he visto nunca. Y cada día y cada año son compañías distintas las que ofrecen sus funciones. Allá que fui, tampoco tenía otra cosa que hacer. Al llegar, me sorprendí al verme posicionada con sólo unas 50 personas delante de mí. Yo, que he llegado a hacer cola de hora y media temiendo que se acabaran los tickets justo al llegar mi turno. Nada más llegar, la cola fue creciendo a sus dimensiones habituales, pero yo ya tenía mi entrada y mi sitio a la sombra (¡milagro!) asegurados. Una vez hecha la cola para la taquilla, hay que continuar y hacer la de la entrada. Todo esto bajo el sol de julio, pero los que ya nos lo sabemos, vamos equipados con pulverizadores y botellas de agua para refrescarnos por dentro y por fuera, protector solar, sombreros, paraguas, gafas de sol… Y todo se comparte con todos porque se crea un ambiente especial que sólo se da en sitios como este. 20369625_1636918016327653_3654492139573253529_oAl entrar, hora y media después de maravillarme al ver una entrada en mis manos, unos espontáneos en el público hicieron algunas acrobacias que nos hicieron la espera más amena.

Y, por fin, ahí estaba Vaivén Circo con su espectáculo Do not Disturb. 

20286956_1636918366327618_9153569083010313004_o

Un show dinámico, divertido, absurdo y lleno de ternura donde se mezcla la interpretación con la danza y las acrobacias, todo sincronizado a la perfección. El show transcurre alrededor del montaje de una rueda que tienen que crear a partir de cuatro piezas que, uniéndolas, darán paso a diferentes formas y aventuras: puedes verlos perfectamente paseando a caballo o en barco, entre otras. Fin del circo, boca abierta.

Mi próximo paso es por el Pipiripao. Es buena hora para cenar y hay muchas personas que han pensado como yo. Busco algo sano y diferente. Empiezo con algo que debía haber hecho hace mucho tiempo, ya que el zumo de caña de azúcar es lo primero que te encuentras cada año y nunca lo había probado. Este año iba decidida y muerta de sed, así que me pedí uno y me habría tomado tres sin enterarme. Aderezado con un chorrito de limón, me resultó delicioso. Además, este año he sabido que la bebida se llama guarapo, aunque tampoco lo supieran quienes lo elaboran. En un puesto de comida griega ofrecen spirelli crudos, así que decido probarlos con pesto rojo. Yo ya los preparo en casa, pero dándoles una vueltecita en la sartén. Realmente quedan al dente y le puedes poner cualquier acompañamiento. Y no, no fueron una buena elección, no sentí que me entusiasmara la idea de comer algo frío cuando llevaba dos horas con la rebeca puesta y tampoco me gustó la falta de sabor. Me la jugué y de eso se trata. Como no estaba satisfecha, me pasé por la sorpresa de este año y el que, para mí, ha hecho las delicias del Pipiripao esta edición: Mandala Helados, unos helados artesanos que preparaban uno a uno sobre la marcha. Claro, tenías que tener paciencia. Una buena forma de pasar el tiempo era observar cómo el helado iba solidificando y cómo se mezclaban los colores. Realmente la espera mereció la pena. El primer helado fue de mango decorado con plátano deshidratado y galleta triturada. Me voy de conciertos con la barriga contenta.

Desde el Pipiripao escuché a Seydu, original de Sierra Leona, regalándonos ritmos africanos. Supe que, hace mucho, había entrado en Canarias como inmigrante ilegal. Ya nunca miraréis igual a aquellos que huyen en patera, ¿eh? Seydu, siguiendo a su abuelo, fabrica instrumentos con materiales reciclados. Es, en sí mismo, Etnosur recogido en una persona.
20280659_1636925296326925_5235563961010628438_oEl punto culminante de la noche fue el siguiente concierto, uno de los más esperados de esta edición, el de Youssou N’dour, premio Etnosur 2017, llevando la música senegalesa a cualquier punto del planeta. Y esta vez estaba yo en ese punto para verlo. Carismático, divertido, comprometido con asuntos sociales y políticos, supo transmitirnos su pensamiento y su cultura. No importa el idioma si lo sabes decir con música y danza. De camino a casa escuché a Cabruéra, un grupo musical brasileño que mezcla rock y funk con ritmos brasileños cuyo género no sabría citar sin hacer una búsqueda. Y llegué a casa.

Sábado, 22 de julio: Pensé que la pereza iba a poder conmigo cuando tras haber dormido apenas 4 horas, sonó el despertador. Quedar con Rosa me motivó. Suelo hacer los talleres sola, pero saber que alguien contaba conmigo, me sacó de la cama. 20369563_1636936049659183_1526273761648646007_oÍbamos al taller de Mindfulness, impartido por Santiago Orea. Fue difícil elegir entre este taller, el de Ser Payaso, Velas ArtesanalesSandalias Descalzas Construcción de Instrumentos. Pero había que elegir y fue más fácil elegir de los dos que más le interesaban a Rosa que entre los casitodos que me interesaban a mí. El hecho de que una hora antes del taller, el aforo ya estuviera completo, también ayuda a descartar…

(Si me lee alguien de la organización, que me consta que sí – por cierto, un beso – habría que ir regulando los de las “listas ilegales” que, en este caso, se abrieron incluso antes de las 8:30 de la mañana, por lo que a veces ya no asegura nada ir con una hora de antelación).

El taller de mindfulness fue interesante por escuchar a una persona contando su transformación. Lo escuchas y no te crees la evolución ni física ni psicológica que ha experimentado el monitor porque un día decidió que esa no era la vida que quería para él. Por lo demás, no me pareció muy diferente a otros talleres de meditación que ya había hecho, lo que no indica que no fuera bueno, sino que igual, como aquellos spirelli, no fue mi mejor elección de esta edición, sólo porque habría preferido experimentar algo diferente. De mindfulness fuimos a desayunar y a pasear por el microclima del Paseo de los Álamos mientras sonaba la música de Ogun Afrobeat y, más tarde, The Nomadubs. La tarde la pasé con amigos y preferí su compañía a otra cola para el circo. De todos modos, siempre voy al circo sólo uno de los días (creo recordar que únicamente en 2006 fui viernes y sábado), porque de otro modo resulta agotador y en total son 6 horas empleadas haciendo cola. Tiempo que se puede aprovechar en otra cosa, por mucho que compense ver un espectáculo de esas dimensiones. En Etnosur hay siempre mucho que hacer. Tampoco tenía la energía suficiente como para hacer 2 horas de danza con Kata Kanona y su taller Báilale a la tierra. Escucho a mi cuerpo y sé que hice bien no forzando, pero me quedé con las ganas de hacerlo. La noche llegó y el Pipiripao ya estaba en marcha. Decidí ir a lo seguro, a mí nunca me sobra un pad thai, así que fui a uno de los dos puestos que ofrecía noodles y entre el que tenía curry y el que no, me quedé con el que no. A lo seguro dije que iba… mis noodles con verdura eran verduras con noodles. Verduras cortadas demasiado grandes que hacían que no fueran agradables, al menos para mí. Así que acabé retirándola y tomando sólo los noodles de arroz. Me quedé con hambre, claro (Rosa y yo, con la charla, nos habíamos olvidado de comer a mediodía). Así que pensé: “voy a ir a lo seguro de lo seguro”. E hice algo que no suelo hacer: comer algo que me puedo hacer en casa. Fui al puesto de las pizzas y pedí una porción (1/4). Ya era algo funcional, tenía hambre, dos decepciones habían sido suficientes, nunca me había pasado en estos sitios, y creedme cuando digo que algo he probado ya allí. Esa pizza me pareció un regalo divino. Creo que sólo he probado una que se le acerca, pero no la supera. Y bueno, después del disgusto, hice algo que no pensaba repetir (“al lugar donde has sido feliz…”): me pedí otro helado en Mandala Helados. Esta vez, de chocolate (ya no estaba para hostias) con lacasitos y plátano deshidratado (otra vez). La pareja que atendía ese puesto me pareció de lo más encantadora. Y ahora sí, con más gula que hambre, me llené de gloria. Así, hecha una bola y con ganas de pillar una cama, me di una vuelta por los puestos mientras sonaba la música en directo de Pascuala Ilabaca y Fauna, un grupo chileno que no sabes muy bien por dónde te va a salir ni por qué son se guía, pero que hizo las delicias de quienes estaban allí, en calidad de espectadores o, como yo, de oyentes lejanos mientras hacía unas compras. Antes, durante la cena y recena, sonó Shiva Tantra, pero no puedo decir mucho de ellos, ya que he de reconocer que no le presté mucha atención, al estar compartiendo mesa con dos familias con muchos niños pequeños dispuestos a compartir asiento, risas y juegos. 20449200_1636940382992083_1214456328817814728_oY el grupo más esperado de la noche fue Aterciopelados. Si el viernes primaba la cultura africana, la noche del sábado era de los latinos. De esta actuación me rechinó (claro, que la gira se llama Relucientes y Rechinantes) el hecho de que Andrea, la vocalista, destacara continuamente las diferencias entre españoles y latinos y que dijera en varias ocasiones que seguro que no la estábamos entendiendo, que no nos sabíamos las canciones y que teníamos cara de no saber de qué iba aquello. Lo hizo con todo el buen rollo del mundo, pero a mí aquello me desinfló. Escúchame, Andrea, entendimos a Youssou, con quien ni siquiera compartimos idioma y quien hablaba inglés a duras penas. Entendemos la diversidad, entendemos la música, somos Etnosur. De esta actuación destaco su discurso feminista y de fomento del amor propio. La música me dio más igual, me dijo que no la iba a entender y me puse en actitud de “pues vale” (sí, yo, la que ya sabéis algunos que escucho a un grupo israelí que sólo canta en hebreo, entre otros). Tampoco creo que haya que entenderlo todo porque en las expresiones culturales no hay una manera única de entender las cosas. Proyecta la película que quieras y pregúntale a quienes la ven. La película se habrá convertido en tantas películas como espectadores ha tenido. Igual con la música. Me fui a dormir, estaba rota. Porque al día siguiente…

Domingo, 23 de julio: El más que deseado taller de 20414055_1636931119659676_6557106772851924563_oAcroyoga me esperaba por fin. Pero, ¿qué me encuentro? El taller es a las 11, paso antes de las 10 y ya está el aforo completo. Es de 50 personas y me apunto como suplente. Soy la número 73 y no sé muy bien qué hacer. Me dicen de la organización que había gente apuntándose dos horas y media antes. Don Etnosur, no entiendo muy bien esa forma de organizar los talleres. En 10 ediciones no he visto tal cosa. Me voy a desayunar. Estoy sola, claro, pero vienen 3 personas cuando el bar está lleno y en la mesa que ocupo hay 3 sillas libres. Las ofrezco, aceptan mi compañía y uno de ellos me felicita por tener “espíritu Etnosur”. Me gusta. Me acerco al taller de Acroyoga y sólo unos pocos de los nombrados estaban allí, aún hay esperanzas. Resulta que con las listas ilegales la gente se apunta a todos los talleres, pero luego tienen que decidirse por uno porque se solapan. Me atrevo a decir que allí no estaba ni la mitad de los 50 primeros que se apuntaron, así que llegó mi turno y lo celebré entre las risas de quien me oyó gritar un “¡Soy yo!” emocionado y estridente cuando oí mi nombre. Ese taller es lo mejor que me ha pasado en esta edición. Acroyoga Mandala helados. Al principio todo pintaba mal: la lista de espera, algunas de las personas con las que me tocó compartir experiencia… pero luego todo se pone en su sitio. Normalmente nunca he tenido problemas de ningún tipo en Etnosur, pero coincidí con personas que habían hecho el taller el día anterior (organización, por favor… un poquito de compartir, un poquito de espíritu Etnosur) y no respetaban los ritmos de quienes estábamos viendo y haciendo aquello por primera vez. Contaban con ventaja y querían que quedara claro. Pero llegó quien salvó ese momento y me dijo: “oye, ¿me vuelas?”. Dudé. Me sacaba una cabeza y debíamos agruparnos por tamaño, pero que sobrepasara mi altura era menos arriesgado que hacer acrobacias con alguien que no me inspiraba confianza al no dejarme asimilar los conocimientos al ritmo de mi propio cuerpo. “Sí, claro, a ver…”. Primero intentó hacerlo él, pero resulté ser mejor base que voladora. Así que, chico de sonrisa preciosa, perdona que no recuerde tu nombre, pero tuve tus 70 kilos en horizontal sobre mí, sostenidos únicamente por mis pies y creo que no me he sentido tan poderos en mi vida. Nos atrevimos con muchas cosas y en una de ellas nos dimos cuenta de que físicamente no éramos la pareja ideal para estas cosas, pero nos lo tomamos como se lo toman dos personas que son idóneas en muchos otros aspectos. Al terminar todo, lo busqué, nos abrazamos y le di las gracias por haber hecho posible que fuéramos tan buen equipo (también saludé a su novia, que os estáis emocionando demasiado). Y este día no pudo dar para mucho más, que quedaba recoger, dejarlo todo como si no hubiéramos estado, comer y marchar a casa.

Como veis, en Etnosur nunca se pierde el tiempo si te lo sabes montar bien. Siempre hay algo que hacer, siempre hay alguien con quien hablar y se crea un ambiente en el que el espacio se comparte de verdad y se hace con gente que te va a sonreír, que te va a tender la mano o te va a refrescar con una pistola de agua cuando el calor aprieta. Quería centrarme en mi experiencia, pero no puedo evitar seguir contando maravillas de lo que este festival significa en general. Espero ansiosamente poder contaros cómo me lo paso en la próxima edición.

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Las cuatro de quinquina

Desde que pregunté por este tratamiento en Twitter, mucha gente me ha pedido que cuente cómo me ha ido, y yo encantada de hacerlo por aquí para poder extenderme más. Como ya sabéis por otras publicaciones, me gusta contar algo diferente a lo que podéis encontrar en la red por vosotros mismos, aunque, en este caso, creo que es conveniente explicar brevemente qué es esto y cómo se usa.

IMG_8683¿Qué es la henna quinquina?

Se llama quinquina henna neutra, pero no es henna tal y como la conocemos, sino un tratamiento natural incoloro que refuerza el cabello y da brillo y volumen. Se trata de una mezcla de cinco plantas específicas para el cuidado del cabello, en concreto: cassia (henna neutra), quina, abedul, ortiga y tomillo.

¿Dónde se compra y cuánto vale?

Yo la compré en un herbolario y me costó 4’41€. Hay quien compra las plantas por separado y las prepara en casa. Yo compré la mezcla ya hecha y, aunque hay precios más bajos en internet, al sumar gastos de envío, resulta más costoso. También existe en pasta que, al parecer, es más fácil de aplicar.

¿A qué huele? 

Una de las cosas que más me preocupan cuando me informo sobre algún producto nuevo es el olor. Para mí es importante que todo huela suave o a nada. Algunas blogueras que lo habían probado decían que lo peor era el olor. En absoluto, no es desagradable, a menos que no te guste el olor a campo (pero el olor “bueno” del campo). A mí me recuerda al olor del heno, nada invasivo o desagradable. Cuando te quitas la mezcla y te lavas el pelo de manera habitual, se queda el olor pero casi no se percibe. Al siguiente lavado, desaparece por completo.

¿Cómo se aplica?

Ahora ya lo sé, me respondieron desde la página de Facebook de la marca Radhe Shyam, que es la que compré, pero para cuando me respondieron, ya llevaba dos aplicaciones. Tuve que preguntar, ya que, aunque vienen instrucciones, son muy generales y no indica las cantidades. Voy a resumir lo que me dijeron y después cómo lo he ido haciendo yo.

  • Poner agua caliente en un bol de cristal y añadir los polvos (con la mitad del contenido del paquete será suficiente para una melena midi).
  • Remover hasta obtener una pasta.
  • Cuando la pasta esté tibia, se puede añadir acondicionador (el bálsamo de la misma marca, dicen ellos).
  • Aplicar de la raíz a las puntas.
  • Cubrir con una toalla y aplicar calor.
  • Dejar reposar. El tiempo recomendado es de dos horas y media.

¿Cómo lo hice yo? 

  • Primera aplicación: el primer día, lo hice todo de manera bastante intuitiva. Calenté aproximadamente medio vaso de agua, añadí unas cucharadas de quinquina y un par de cucharadas de acondicionador. Utilicé un bol de cerámica. Quedó todo muy líquido, pero eso hizo que fuera fácil de aplicar y bastante más limpio de lo que decían quienes ya lo habían probado. Lo dejé reposar más de dos horas y me lavé el pelo como de costumbre.
  • Segunda aplicación: esta vez probé con más cantidad de quinquina y salió algo más espeso. Aquí ya noté que la primera vez no lo había hecho bien. Lo demás lo hice igual.
  • Tercera aplicación: ya había tenido noticias más precisas sobre cómo hacerlo, así que fui mucho más generosa y la mezcla pasó de ser papilla a ser casi barro. Esta vez, utilicé un bol de plástico. En vez de acondicionador, añadí algo de una mascarilla que ya no estaba usando ni volveré a comprar, pero que para esto podía valer. Y el otro cambio que realicé fue que me retiré el producto con champú sin espuma (¿Champú sin espuma? ¿Qué dices, Eva?). Hay quien lo llama Champú Detox (tampoco hay que creérselo todo) y hay quien lo conoce como Low Shampoo / Champú / Poo… Es, en realidad, una crema de lavado, que presume de no tener sulfatos, pero que lo pone con asterisco, lo que significa que los contiene pero en menor medida que otros champús comerciales. Prácticamente es como lavarse el pelo con acondicionador. También tengo mi experiencia y opinión al respecto, podéis preguntarme si queréis saberlo.
  • Cuarta aplicación: igual que la tercera, porque así fue como mejor me fue.

En las 4 ocasiones no pude ver cuánto tiempo me aguantaba limpio el cabello, ya que las tres primeras veces me llovió – llevaba sin llover un mes y llovió justo esos tres sábados cuando yo salí a la calle sin paraguas – y, la última vez, un niño me vació una bolsa de chuches en la cabeza. Estas son las cosas por las que en Twitter me preguntan si es verdad todo lo que cuento… Esta vez, lo es. En ninguna ocasión apliqué calor. Se calentó todo al cubrirlo y pude pasar algún rato al sol.

¿Qué recomiendo?

  • Cubrir el envase con algún tipo de plástico. El polvo es muy fino, como la harina, y es normal que se salga por los laterales (en la foto podéis ver lo que hice yo, aunque lo bajé para que se pudiera leer bien).
  • Llevar ropa que no uses, te vas a manchar, aunque mis manchas han salido fácilmente al lavar las prendas.
  • Cubrir con papel film y toalla. Para mí el papel film no fue suficiente, ya que al calentarse la cabeza me bajaban gotas “sucias” por la cara y la espalda. La toalla lo evita.
  • Aclarar con ayuda de un acondicionador o crema de lavado. No me parece tan agresivo como el champú normal, aunque cuando retiro gran cantidad de producto con el champú sin espuma, me lavo el cabello como lo hago siempre.
  • Aunque desde la marca me dijeron que utilizara un bol de cristal, yo lo utilicé de cerámica y de plástico. La única recomendación que sigo al respecto es que no sea metálico bajo ningún concepto, al igual que las pinzas con las que sujeto los mechones, que las uso de plástico aunque no haga mezclas químicas.

¿Qué NO recomiendo?

  • Masajear. Extiéndelo bien, pero no masajees ni peines, lo más seguro es que rompas el cabello y se trata de recuperarlo.
  • Aplicarlo con las manos. Para mí fue mucho más fácil y limpio hacerlo con brocha. Y con guantes.
  • Dejar el pelo suelto una vez aplicada la mezcla. Va a gotear y no va a ser tan efectivo como cubrirlo.
  • Obsesionarse con retirar todo el producto. Yo nunca pude (lo explico mejor en el párrafo sobre los inconvenientes).

¿Resultados? 

Aunque me lo estoy cortando para recuperarlo, con tratamientos de este tipo consigo no cortarlo de manera radical y aguantar bien el largo entre corte y corte. Desde la primera aplicación noté el pelo más suelto, más brillante y manejable. Lo que no he notado es que el efecto sea duradero, pero ya os conté que me llovió y todo eso. La primera sensación al aclararlo es de sequedad. El pelo parece estar mucho más seco de lo que estaba antes. Una vez lo lavas y lo aclaras, el cabello está mucho más suelto y es mucho más fácil de peinar. Yo lo dejé secar al aire. Eso sí… vamos a leer los inconvenientes.

Inconvenientes

  • La aplicación es engorrosa. Tanto el proceso como la espera son un poco coñazo.
  • El producto no se va completamente con el aclarado. Todas las veces que te peines en mojado, verás pizcos caer. Una vez se seca, ya no quedarán restos. ¡Ojo! Que sólo notas como arenilla que cae, pero no la percibes de otra manera. Si, al tacto, te notas restos en la cabeza, debes aclararte mejor.

¿Lo recomiendo? 

Sí, y me gustaría volver a pasar pronto por todo el proceso para comprobar aquello que dicen del beneficio acumulativo. Aunque no he visto resultados espectaculares, sí que he notado más efecto que cualquier producto reparador comercial y creedme que he probado unos pocos. Probablemente, la próxima vez lo pruebe en pasta si no varía mucho el precio y no me cuesta mucho encontrarlo.

Si queréis hacerlo bien, seguid los pasos de la tercera aplicación o la recomendación de la marca. Para cualquier duda o sugerencia, nos leemos en los comentarios.

 

Aventura para tomar

¡Qué difícil es disimular cuando no te da la gana! ¡Qué vidilla nos da esa tensión emocional cuando sumas inconvenientes y da positivo! ¡Y qué bonito es olvidar los obstáculos por un momento y tirarnos a la piscina a oscuras, de la mano, desnudos y en bomba!

Aquella noche hubo risas y lágrimas y una cantidad innumerable de “madre mía” por minuto. Si me dicen que tengo que condensar varios años en un par de horas, diría que es imposible. Pero es que ese día pasaron muchos imposibles juntos: imposible que se acuerde de mí, imposible que se quiera acordar, imposible que podamos hablar, imposible, imposible, imposible, posible, sible, ble… y así fuimos deshaciendo lo inverosímil y nuestros nudos en la garganta y en el lazo de mi vestido.

Mientras me decías que, allí arriba, te sobra el mundo, mi sonrisa dejaba ver la superioridad de quien sabe que rompe la estadística. No es la primera vez que me clasifico, no es la primera vez que encuentro sin buscar. No es la primera vez que nos encontramos. ¿Forzamos la siguiente?

Fue la empatía del artista, ese afán por subir a descargarte los hombros y esa mirada tuya del que busca la conexión que no le deja no mirar a la décima fila. “De esos polvos, estos lodos”, te diría mientras masajeo con torpeza tu espalda dolorida (si yo lo que quiero es no dejar de acariciarte el pelo). Y tú sonreirías por la obviedad de mis palabras, el chiste fácil y amargo si lo rematas con la hipótesis que me coloca donde no puedo estar porque seríamos muchos. Y al rato nos levantamos mutuamente la cabeza y nos sonreímos, y nos reímos, porque es de risa que nos riamos dentro de la boca de otro.

Y yo qué sé qué es esto y yo qué sé si se repetirá, si ni sé con certeza quién eres tú, ni si hay otro tú más allá del que yo – un yo que tampoco me resulta familiar – conozco. No me hagas preguntas, avísame cuando llegues. Sí, sí puedes vivir sin mí y con esto. Y yo con esto y sin ti. La vida nos ha sido ingeniosa. Si nos tiene preparado más, tendremos nuestro hueco.

Sofía Ellar en concierto

3 de marzo de 2017.

Hacía más de dos meses que había escrito en mi agenda: “concierto Sofía Ellar”. El lugar del concierto me quedaba a casi 400 kms. Vamos, más o menos los mismos que hice para ver AC/DC. Y no es sólo que los conciertos, de quien sean, me suman minutos de vida, es que ahora puedo decir que vi el último de AC/DC con Brian Johnson y el primero de Sofía Ellar con disco en el mercado.

dO2ngnyTCqKhzq42Tenía pendiente escribir sobre Sofía cuando apenas había información sobre ella en la web. Pero ahora que ya la hay, quiero hablar de lo que significa para mí. Descubrí a esta chica en Instagram. La búsqueda en esa aplicación puede ser maravillosa si le sabes sacar partido. Y yo se lo saqué aquel día cuando pinché en un vídeo en el que se veía en miniatura una chica joven de rasgos que se intuían agradables. Lo que no sabía era que estaba a punto de pasar algo irreversible: la escuché. Y ya no pude no estar pendiente de sus actualizaciones desde entonces. Es ahí, en Instagram, donde Sofía se ha hecho grande. Para mí, que alguien triunfe en esa red social, es todo un acontecimiento, acostumbrada a ver que quienes consiguen muchos seguidores ahí es porque ya les vienen rebotados de otro sitio. La evolución de Sofía ha sido a la inversa (a menos que me falte algún dato). Parte de su éxito se debe al mimo con el que gestiona sus redes, ya que procura llevar al día las interacciones con sus seguidores. Y no debe ser fácil de llevar teniendo más de 80,000 seguidores. Por eso ya no sólo sentimos admiración hacia alguien que nos transmite con su música y sus letras, sino que estamos agradecidos por el trato que nos dispensa.

imagesDesde el principio pensé que ella no era la típica chica que sube versiones y se queda sentada esperando a un cazatalentos – de hecho, todas las canciones publicadas desde que sé de su existencia son suyas -. Podía haberme equivocado, pero no. Sofía, junto con un grupo de amigos currantes, ha ido más allá. Y somos muchos los que lo hemos vivido junto a ella paso a paso, viendo cada día sus sesiones agotadoras de grabación y ensayos desde que empezó el año. Del mismo modo, hemos sido los primeros en saber cuándo podríamos escuchar algo suyo en Spotify o cuándo podíamos hacer la compra anticipada de su primer disco, Seis Peniques, en iTunes. Lo confieso, yo fui de esas ansiosas que no pudo esperar.

maxresdefault-2Así que allí estábamos A. y yo, de camino a un lugar que él conocía y yo no para ver a una artista que yo conocía y él no. Ni siquiera se parece al tipo de música que solemos escuchar. Que a mí me iba a gustar, ya lo sabía.
El culmen fue oírle a él decir “¡qué bien canta esta chica!” y que pusiera su disco al llegar a casa de vuelta del concierto.
3 de marzo de 2017, nueve y media de un día lluvioso. La sala Joy Eslava se inunda de aplausos y Sofía entona: Ojos de mar, dime que sientes… 

Y es así como supe la onomatopeya de la eclosión de una estrella.

Día de “¿Y los hombres, qué?”

Dia de la mujerAyer fue el Día Internacional de la Mujer, conocido también como de la Mujer Trabajadora, porque tiene su origen en el movimiento obrero en el momento en el que grupos feministas dieron el zapatazo. Esto está demasiado y casi injustamente resumido. Pero, ¿sabéis? Vengo a quejarme, no a dar una clase de historia. Porque ahora es todo tan fácil como hacer una búsqueda en google y ver por qué es una gilipollez haber convertido el día de la mujer en el día de: “¿Y los hombres, qué?”

Creía que se superaría, que ya contamos con la información suficiente como para saber que existe un día del hombre (sí, desde 1999). Y, ese día, 19 de noviembre, donde se celebra, si es que realmente se hace, se celebra la masculinidad (encontraréis contradicciones en diversas fuentes, insisto, estoy sintetizando). Vamos por caminos diferentes, ¿lo veis? Entre sus objetivos, se supone que trata de promover la igualdad de género y eso es digno de celebrar, claro que sí. Apuesto a que, de ser más conocido, las mujeres no meterían las narices en “vuestro” día, como lo hacéis vosotros en el “nuestro”. ¿Y sabéis qué es lo más triste de todo? Que el Día de la Mujer no ningunea al hombre. No queremos privilegios a costa de quitároslos. Queremos igualarnos, porque hasta donde sé, ambos creemos que es justo, pero muchos hombres tienen miedo. ¿Por qué hacer dos días diferentes para luchar por la igualdad de género? ¿Sólo para que no se llame “de la mujer”? Me recuerda mucho al niño que llora en el cumpleaños de su hermano porque no es el suyo.

El 8 de marzo se ha convertido en un día de “nada que celebrar”, porque hay mujeres muriendo a manos de sus parejas mientras hay hombres cuya mayor preocupación es que se cambie el término “violencia machista”. Es un día triste cuando miramos a un lado y a otro y vemos que seguimos cobrando menos por el mismo trabajo, jugándonos un puesto de trabajo porque todas somos “potencialmente” madres, incluso cuando la maternidad no entra en nuestros planes.

Y también es el día de leer en un lado y en otro que “las feminazis no le hacen ningún favor al feminismo”. ¿Sabéis quiénes no les hacen ningún favor a un feminismo? Aquellos que utilizan el término “feminazi“. De nuevo, se trata de hacer una simple búsqueda en la red. Ya ni siquiera tienes que ir a una biblioteca y pasar hojas y hojas hasta dar con la clave en libros obsoletos. No, joder, ahora pones las palabras precisas en un sitio y te lleva a otro sin moverte de donde estés. Estoy de acuerdo en que existe una actitud radical que, por serlo, acaba convirtiéndose en caricatura. Sin embargo, aunque no apoyo ningún radicalismo (en eso sí que soy radical…), entiendo por qué actúan como actúan. ¿Sabéis qué reciben esas personas como respuesta? Amenazas. ¿Porque ellas son radicales? No. Pero os dejo la respuesta abierta.

Hoy he visto en varios lugares (Twitter, Facebook, Whatsapp…) este tipo de reacciones de las que hablo y he contestado a alguna. Yo me he sentido atacada a veces e, insultada, otras. Pero cuando se lo haces saber, con argumentos, son ellos los que se ofenden porque tú no les entiendes. Cuesta mucho rebatir un argumento y muy poco responder con ofensivas. Por eso yo quedaré como polémica, porque escribo en un blog argumentando o rebato ciertas afirmaciones de forma diplomática. Los que atacan es que no tuvieron más remedio… ¡pobres!

Buscad en google, el término “feminismo” antes de decir “ni machismo ni feminismo; igualdad”, o su versión más risible: “Ni machismo ni feminismo; seres humanos”. Que no os asuste que “feminismo” comparta la raíz con el término “femenino”. Feminista no es querer superioridad, es “igualdad”, es, para que me entendáis, en vuestro lenguaje pseudo reivindicativo, “seres humanos”.

Espero vivir lo suficiente como para que os deis cuenta de que navegamos en la misma patera, sólo que a veces, por creernos contracorriente, os empeñáis en remar contra las rocas por miedo a un naufragio. Como Jack en Titanic, cabéis en la tabla.

Be my ValenTime

¡Qué fácil es cagarla en San Valentín!

sanvalentin.jpgEl día de los enamorados es algo que nos enseñaron a tener en cuenta y del que ahora nos enseñan a ponernos en contra. En medio de esa contradicción, nos encontramos felicitaciones camufladas de yo-no-quería-pero, el mejor amor es mi mascota, mis hijos… pero hay que quererse todos los días, aunque te lo voy a decir hoy, incluyendo una dedicatoria de esas que tanto detesto porque este día es sólo un día más. Todas las dedicatorias son “una más”, menos la mía. La mía no es una más. Es una más hoy, pero yo ya te quería ayer y, probablemente, te quiera mañana.

Es muy importante que pongáis hoy, precisamente hoy, una foto de vuestra pareja diciendo que vosotros os amáis siempre. 211392234713-versos-de-amorEs imprescindible que pongáis un cartel ñoño con algún texto tipo “Aunque no creemos en estas cosas”. Hay que dedicarle a esa persona un “Nosotros no somos de esto”. Estamos hechos de otra pasta, por eso no lo vamos a celebrar hoy, pero lo vamos a dejar claro con una dedicatoria. Pero no es una dedicatoria de que te quiero, aunque diga que te quiero, porque… ¡me estoy liando! ¡Te quiero! Pero no hoy, quiero decir… Hoy también, pero es que hoy se están queriendo todos. Necesitamos un rincón, una red social donde no se estén queriendo los demás para ser exclusivos en un día en el que todo se parece tanto entre sí. No sé qué ponerte… algo que te recuerde que sigo pensando que no me iría con Brad Pitt, aunque ahora esté divorciado (¿qué estarán haciendo ellos en este día?). Porque podría hacerlo, está disponible. Pero, es que yo te amo a ti.

meregusta-te-quiero-aunque-seas-enojona-y-alteradita-0-812554.previa.jpgTe amo aunque a veces la cague, aunque no sea la pareja perfecta y a veces te enfadas porque fumo a escondidas o veo porno o… mucho peor, a veces adelanto yo solo capítulos de esas series que vemos juntos. Te amo, aunque no te merezca, porque soy lo peor. Felicidades por este tiempo a mi lado, porque estar conmigo es lo mej… contigo, estar contigo, mi amor. Enhorabuena por tenernos, mi bebé.

hqdefault¡Ay, yo no sé hacer esto! Porque hay querer todos los días y hoy hay tantas flores y tantos corazones y tanto chocolate y tanto rojo, que me pongo nerviosa y acabo enredándome en el conjuntito sexy que me pongo para Instagram, mordiendo las flores y poniendo los bombones en agua.

Y yo hoy, que lo sepáis, no voy a celebrar nada. Ni mañana, que, con la resaca del cenorrio de San Valentín, va a ser insoportable.

 


Jordi Bachero

En este camino no se encuentran arrieritos.

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